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Tiroteos

Los hispanos como blanco de un crimen de odio: el papel de la retórica antiimigrante de Trump en la masacre de El Paso

El FBI analiza con detalle un manifiesto racista de más de 2,400 palabras publicado en Internet minutos antes del tiroteo que tuvo lugar en El Paso, Texas, y que se le atribuye al atacante, un joven blanco de 21 años. El documento reproduce conceptos que parecen salidos de la retórica del presidente Trump, a quien muchos están adjudicando responsabilidad en este crimen por el efecto motivador que, algunos consideran, tiene su ácido discurso antiinmigrante.
5 Ago 2019 – 8:26 PM EDT

“Este ataque es una respuesta a la invasión hispana de Texas”, decía un manifiesto racista publicado en Internet minutos antes de que 20 personas fueran asesinadas en un centro comercial de El Paso este sábado por un joven blanco de 21 años al que policía detuvo en el lugar y que, presume el FBI, pudo ser el autor del documento.

Los investigadores analizan con detalle las más de 2,400 palabras del texto que se le atribuye al atacante, y que reproduce conceptos que parecen salidos de la retórica del presidente Donald Trump, a quien muchos están adjudicando responsabilidad en este crimen por el efecto motivador que, algunos consideran, tiene su ácido discurso antiinmigrante.

En el ‘manifiesto’ de El Paso se habla de “invasión”, exactamente en los mismos términos que usa constantemente el presidente para hablar de las llamadas caravanas de inmigrantes centroamericanos que tratan de llegar a la frontera sur para pedir asilo. Además de los que cruzan ilegalmente a territorio estadounidense.


En octubre de 2018, Trump tuiteó un mensaje que parecía estar advirtiendo a los “invasores” que serían recibidos a balazos por las tropas recientemente había desplegado en el borde con México.

“Muchos miembros de bandas criminales y alguna gente muy mala está mezclada en la caravana que viene hacia la frontera sur. (…) Esto es una invasión de nuestro país y nuestros militares los esperan”, escribió.

Días después, en una alocución desde la Casa Blanca, reforzó el mensaje asegurando que si “ellos (los inmigrantes) quieren lanzar rocas a nuestros militares, nuestros militares responderán. Les dije que lo consideren un rifle. Cuando ellos lancen rocas como hicieron a los militares y la policía mexicana, yo digo que lo consideren un rifle”.

"Licencia a la violencia"

Uno de los primeros en denunciar la similitud en el lenguaje presidencial y del ‘manifiesto’ relacionado con la masacre de El Paso fue el senador y precandidato presidencial Cory Booker, quien publicó un mensaje en su cuenta de Twitter.

“Cuando Donald Trump usa palabras como ‘infestación’, ‘invasión’ y ‘países de m…’ Cuando se rehúsa a condenar neonazis y supremacistas blancos…Trump está dando licencia a este tipo de violencia. Él es responsable”.


En esa misma línea se expresó el también candidato presidente Beto O'´Rourke, quien como congresista hasta 2010 representaba un distrito que incluye a El Paso.

“El racismo de Trump no solo ofende nuestras sensibilidades. Eso cambia fundamentalmente el carácter de este país. Y conduce a la violencia”, escribió O´'Rourke, quien dejó su campaña electoral en suspenso y regresó a la ciudad fronteriza.

La Casa Blanca rechazan esos señalamientos. La posición oficial es que los tiroteos masivos son un fenómeno estadounidense desde hace varias décadas, no los inventó el actual presidente y que el de El Paso (y el de Dayton) son obra de “enfermos”.

"Este es un problema de enfermedad mental", dijo Donald Trump a los resporteros este domingo por la tarde, segundos después de aterrizar en Washington. En su declaración sobre lo sucedido no utilizó ninguno de los conceptos empleados por los investigadores para referirse a los ataques –"terrorismo doméstico", "crimen de odio"– y ni siquiera se refirió a la utilización de armas de guerra en su ejecución.


“Esta era una persona enferma (el atacante de El Paso). La persona de Dayton era una persona enferma. Ningún político es responsable de eso. La persona responsable aquí es la que tiro del gatillo”, dijo el jefe de gabinete interino de la Casa Blanca Mick Mulvaney en un programa de televisión este domingo cuando se le preguntó por el posible efecto incitador del discurso antiinmigrante de su jefe.

No se puede asegurar que el presidente esté directa y personalmente llamando a tomar acciones contra grupos minoritarios, pero sus palabras pueden funcionar como 'códigos' que incentiven a otros a 'ayudar' a su líder en la labor de “Hacer grandioso a EEUU de nuevo” que algunos pueden interpretar como “Hacer blanco a EEUU de nuevo”.

El presidente Trump condenó inmediatamente el ataque de El Paso como "una cobardía" y expresó su solidaridad con las víctimas y sus familias en un mensaje en su cuenta Twitter, el mismo medio que suele usar para denostar contra sus contrincantes, reales o imaginarios, usando un verbo agresivo que, en opinión de algunos, incita a la violencia.


Retórica problemática

Recientemente el mandatario fue duramente criticado por pedirles a cuatro congresistas demócratas pertenecientes a minorías que “regresen a donde vinieron”, sin reparar en que todas son ciudadanas estadounidenses, tres de ellas nacidas en EEUU.

Desde el Congreso le advirtieron que sus mensajes racistas eran potencialmente un llamado a la violencia contra las representantes, pero Trump lo desestimó asegurando que “mucha gente está de acuerdo conmigo”.

Allí está el problema con la retórica de Trump: que no asume o no entiende la responsabilidad del clima que generar sus palabras.

En noviembre de 2018, un reportaje de ABC News encontró 17 casos de violencia contra integrantes de minorías en los que la retórica de Trump ha sido citada como un factor de motivación por parte de los que los perpetraron, que eran siempre hombres blancos, en su mayoría jóvenes.

La investigación se basa en documentos presentados en las cortes donde los acusados reconocen su simpatía por la retórica del hoy presidente (algunos casos son de los tiempos de la campaña electoral entre 2015 y 2016) y cómo eso los había inspirado para expresar su insatisfacción con la presencia de inmigrantes (que asumían como ilegales) o miembros de grupos minoritarios.

Oportunidades perdidas

En un evento de campaña en Panama City Beach, en Florida, Trump hablaba de esa “invasión” inminente y se preguntaba retóricamente “¿Cómo detienes a esa gente?” cuando alguien del público grito: “Les disparas”.

Lo que en cualquier otro caso habría sido un momento tenso que habría generado el inmediato reproche de cualquier líder político, fue recibido con una sonrisa sarcástica del presidente y el comentario: “Sólo en el Panhandle (de Florida) puedes salirte con esa declaración”.


El presidente aplaudió el comentario, pero tampoco puede decirse que lo desautorizó. Trump perdió la oportunidad de usar el podio para advertir las consecuencias de llevar las palabras y las diferencias políticas al terreno de la violencia. Quedó claro que el presidente no iba a regañar a nadie por una “ocurrencia” de ese tipo.

La Casa Blanca de Trump ha sido débil a la hora de condenar expresiones de violencia racial y de tratar de superar las divisiones de la sociedad, una función que cumplieron los predecesores de Trump, independientemente sus filiaciones políticas.

En cambio, se recuerda aún con asombro cómo el presidente quiso exculpar a los neonazis que en agosto de 2017 expresaron cánticos racistas y antijudíos en Charlottesville, Virginia, y chocaron contra grupos de defensa de derechos humanos, asegurando que en ambos bandos había “muy buena gente”, haciendo una equivalencia moralmente imposible.

Durante la campaña electoral Trump no se distanció de David Duke, cuando el ex líder del Ku Klux Klan voceaba su entusiasta apoyo por el candidato presidencial republicano.

Trump mintió pretendiendo que no sabía quién era él, que desde hace años es un muy conocido supremacista blanco. Tras cinco días de presión de los medios, el magnate dijo que “desautorizaba” cualquier conexión de su campaña con Duke.

Más allá de que no existiera ninguna conexión oficial, el exlíder del KKK dejó claro que existía una comunidad espiritual entre su causa y el aspirante a la presidencia, diciendo que estaba satisfecho de que los “problemas del hombre blanco” se estuvieran debatiendo abiertamente.

Mientras tanto, Enmerson Buir, el encargado del FBI en El Paso, aseguró el domingo en una rueda de prensa que el Departamento de Justicia manejará el caso del atacante como crimen de odio y terrorismo doméstico, entre otros cargos federales y estatales que se le vayan a imponer.

Al menos esta vez, el presunto autor de la masacre fue capturado con vida y se espera que pueda aportar información precisa sobre sus motivaciones para asesinar.

En fotos: Consternación en El Paso tras uno de los tiroteos más mortales de la historia reciente del país

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