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Paradise Papers

El discreto aquelarre de Munich que dio inicio a Paradise Papers

La pasada primavera alrededor de 50 periodistas de todo el mundo se reunieron secretamente en la sede del periódico alemán Sueddeutsche Zeitung
6 Nov 2017 – 06:16 PM EST
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Sede del periódico Sueddeutsche Zeitung en Munich, Alemania. Crédito: ICIJ

Prohibido tuitear. Las cámaras no deben mostrar las pantallas de los colegas que exponen sus temas. Algunas conferencias no podrán ser grabadas. Confidencialidad, seguridad, discreción. Lo escuchamos una y otra vez alrededor de cincuenta periodistas que nos reunimos en Munich la primavera pasada para conocer los primeros datos de una nueva filtración del mundo offshore: los Paradise Papers.

Las advertencias castrenses funcionaron. Más de 400 periodistas lograron mantener en secreto no solo esta sino la investigación de los Panama Papers durante un año por cada proyecto.

El aquelarre investigativo se realizó en las impecables y tranquilas instalaciones del periódico Sueddeutsche Zeitung de Munich entre el 27 al 29 de marzo. Desde el salón de conferencia, cuyos enormes ventanales se ven como postales de paisajes urbanos y rurales de la ciudad más poblada del estado de Bavaria, nos dieron la bienvenida los reporteros del diario Bastian Obermayer y Frederik Obermaier. Primero el conocido chiste aclaratorio: nuestro apellido suena similar pero no somos hermanos.


Bastian y Frederic son quizás los periodistas más generosos -y prácticos- del planeta. Han compartido dos gigantescas bases de datos con sus colegas sin pedirles nada diferente a la discreción. Su argumento para renunciar a la primicia individual es que no pueden hacerlos solos.

Ambos periodistas se turnaron para anunciar el nuevo tesoro que querían compartir: 12 millones de documentos de un bufete legal llamado Appleby. Conservo las notas sueltas del día: la base de datos tiene 1.8 millones de correos electrónicos y un millón de documentos en PDF. Glencore, el cliente más grande, Legionarios de Cristo, Rusia, petróleo, Wilbur Ross.

Uno por uno los asistentes se presentaron. Había gente de todos los continentes, prensa, televisión, radio. Entre los nuevos de la cuadra se destacaban dos reporteros de The New York Times. El diario no quiso participar en la anterior filtración pero al final terminó publicando un informe.

La jornada de dos días es maratónica. Transcurre con puntualidad alemana. Nada de salir a comer a restaurantes. A la hora del almuerzo, la mesa al fondo del soleado salón de conferencia se llena de bolsas sanduches de carnes y vegetarianos, gaseosas, jugos y botellas de vino sin alcohol.


El grupo grande se divide en pequeños equipos según los temas que más alientan a sus miembros: América Latina, políticos, fondos de universidades, magnates, yates y aviones, deportes. Marina Walker, subdirectora del ICIJ, dirige el concierto. Se sabe los nombres de todos los músicos.

Los reporteros plantean abiertamente sus limitaciones y sus temores. Una periodista confiesa que los dueños de su medio están involucrados con Appleby. Un reportero suramericano le da consejos de cómo manejar el problema. El lo vivió con Panamá Papers. Después viene la discusión más dura: la fecha de publicación. Hay toda clase de argumentos para justificarla según el país y el medio: vacaciones, elecciones, estaciones. Al final se llega a un acuerdo.

Todo transcurre como fue planeado. Solo que en la tarde del segundo día uno de los reporteros del New York Times se levanta y un poco incómodo nos informa que no encuentra su computador portátil. El titular de la escena salta de inmediato en la imaginación de los colegas latinoamericanos: “Desaparecido laptop de reportero del Times que investiga a Trump’’. Se inicia una búsqueda frenética, investigativa, por todos los salones. A los pocos minutos alguien la encuentra.

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