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¿Podrá Trump normalizar la mentira?

"El Partido Repubicano está hoy secuestrado por el supremacismo blanco y el elitismo corporativo, por la avaricia, y tiene a la cabeza un hombre que hace de la mentira un culto. Cuesta creerlo, pero está sucediendo".
Opinión
Leopoldo Martínez es miembro del Comité Nacional Demócrata (DNC) y Presidente del Comité Nacional del Latino Victory Project.
2019-10-23T15:40:28-04:00

Cuando estudiaba leyes en Venezuela pasábamos horas en largas discusiones, inspiradas muchas veces en la lectura de “Democracia en América”, de Alexis de Tocqueville. Se concluía con admiración que una característica inequívoca de los Estados Unidos era la importancia del valor de la verdad.

“En Estados Unidos no se puede mentir”, decía siempre alguno. El perjurio, la obstrucción de justicia, el ocultamiento, la manipulación o el engaño tienen consecuencias muy graves en ese país, y casos como la caída de Nixon en la presidencia de este país lo confirman.

Por la misma época vimos por primera vez lo que ya era un clásico del cine: “El Mundo está loco, loco, loco” (USA, Stanley Kramer, 1963). En cierta escena, ha habido un accidente de tránsito y un agonizante conductor se ve rodeado de gente que se ha detenido en la vía para ayudarlo. Ya en sus últimos minutos de vida, confiesa que el siniestro le ha sobrevenido cuando se dirigía a buscar $350,000 en efectivo, que había dejado enterrados en un lugar señalado con una inmensa W en el parque Santa Rosita de California.

Los testigos del accidente acuerdan conseguir entre todos y compartir a partes iguales ese dinero. Luego, como es previsible, pelean por el botín, pero entonces comienzan a hacer cómputos de cuánto corresponde a cada quien. En este punto, alguien pregunta: “¿Y los impuestos? Tenemos que declararlos”. Todos se miran y alguien dice: “No, ¿qué impuestos, quién va a saber que conseguimos ese dinero? En el grupo hay un camionero, exponente típico de la clase media trabajadora, que amenaza: “¡Si alguien no declara sus impuestos, lo denuncio!”.

He ahí dos percepciones bien arraigadas en toda la población estadounidense y, particularmente, en quienes somos inmigrantes en este gran país: en Estados Unidos no se puede mentir y hay que ser puntual cumplidor de los tributos.

En la era de Trump, hemos visto con perplejidad cómo su antipedagógico y corruptor liderazgo desafía esas premisas normalizando la mentira.

Una muestra reciente -habría cientos para ilustrar nuestra afirmación- la constituyen las imágenes divulgadas en redes sociales, donde puede verse su abogado, el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, en el hotel Trump DC con los dos ciudadanos de Ucrania sindicados por las autoridades estadounidenses por violación de las leyes de financiación de campaña, ¡al tiempo que declaraba a los medios no conocerlos!

Nada distinto a lo que afirmara el propio Trump: “No los conozco, quizás sean clientes de Rudy…”, mientras circulaban fotos de él junto a los dos sujetos, así como de sus hijos de viaje junto a los indiciados.

Desde luego, estos distan mucho de ser los primeros embustes. El Washington Post ha contabilizado y documentado 12,019 mentiras graves, proferidas por Trump desde que ejerce la Presidencia. De hecho, hasta la fecha ha eludido el requisito, usual para todo aspirante a la presidencia desde 1960, de hacer públicas sus declaraciones de impuestos para que la ciudadanía pueda juzgar su apego a la verdad y la ley, y para conocer el mapa económico que podría dar lugar a conflictos de interés.

Pero Trump no solo lo evade, -e instiga similar comportamiento en sus colaboradores-, sino que lo hace cínicamente convencido de que, como dijo una vez, a sus seguidores no les importa: “Puedo matar a alguien de un disparo en plena Quinta Avenida y aún así mis seguidores me apoyarán”.

Ahora bien, ¿el partido republicano participará de este intento por normalizar la mentira? La organización fundada por Abraham Lincoln, quien no solo arriesgó su vida arrebatada por un fanático racista, sino que se dio a conocer por su integral conducta ciudadana como “Honest Abe”, está hoy secuestrada por el supremacismo blanco y el elitismo corporativo, por la avaricia, y tiene a la cabeza un hombre que hace de la mentira un culto. Cuesta creerlo, pero está sucediendo.

Pero, ¿por qué? Quizás para seguir nombrando jueces partidistas y ultra conservadores, que darían marcha atrás en materia de derechos civiles; para desregular más al sector financiero o sectores donde el cambio climático exige sustentabilidad medioambiental.

Quizás para permitir que el mercado de las armas siga viento en popa; y también para seguir imponiendo, con el poder del dinero, la práctica de suprimir electores o manipular distritos electorales para asegurar una rentabilidad electoral que les permita el control aún con menos votos de los órganos legislativos por todo el país y en la misma cámara de representantes del Congreso.

De esta manera podrían acallar la voz de las clases medias, trabajadoras, así como de las pujantes minorías latina, afroamericana y demás comunidades de inmigrantes; con ese control creen que podrían cerrarle el paso a las luchas de la mujer y de la comunidad LGBTQ, colectivos que han conquistado reconocimiento, mayor igualdad y derechos en la última década, en batallas judiciales y legislativas.

Si ese es el pacto tácito, el costo para la democracia estadounidense es altísimo. Si la normalización de la mentira viene avanzando como una infección en el liderazgo republicano, porque ha cambiado el ADN del partido para que Trump sea reflejo de esa patología social, entonces también es hora de apelar a la reserva de ciudadanía que debe quedar en el Senado de los Estados Unidos.

Se requieren 20 votos, entre los 53 senadores republicanos, que vendrían a sumarse a los 47 demócratas, para proceder en caso de llegar a la Cámara Alta el planteamiento de un “impeachment” o juicio político para remover a Trump del cargo. El rescate de la verdad supone que 20 republicanos hagan gala de otra importante virtud: el coraje.

La semana pasada Trump había decidido imponer al Grupo de los 7 su decisión de que la cumbre de presidentes del año próximo, que toca en Estados Unidos, se realice en un hotel resort de su propiedad, en Doral, Florida.

Presionado por sus propios aliados desistió a regañadientes, no por convicción, sino porque alguien debió recordarle que si faltaban hechos graves para un “impeachment”, estaría abonado al terreno con esa decisión.

Que lo haya pensado hacer y todavía al retractarse pretenda verlo como normal, es en sí mismo revelador. ¿Pero cuántas decisiones se toman o ejecutan en este gobierno, que por no tener la publicidad de esta, se desconocen y entremezclan los conflictos de interés entre Trump presidente y sus negocios o intereses?

¿Se derrotará la normalización de la mentira y todas esas conductas tan extrañas a la sociología e historia de los EEUU, por la vía del juicio político o ' impeachment'?

Si no es por esa vía, tendrá que ser en las elecciones y el costo a futuro para el partido republicano será inmenso. Lo que no parece probable es que una larga tradición de apego a la honestidad, que han caracterizado a la gran Nación americana, vaya a ser abatida por un magnate sin escrúpulos y un partido que parece desnortado y perdido en su determinación de detener unos avances que la sociedad tiene cantados.

Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


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