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Las palabras de Michelle, las palabras de Hillary

“Hay grandes retos, pero aislarse no llevará a ningún lado. A los muros hay que oponer los puentes; al miedo y la incomprensión, el entendimiento y la tolerancia”.
Opinión
Escritor, profesor en Tufts University. Su última novela, “No me dejen morir así” (Planeta), es sobre Pancho Villa.
2016-07-31T16:11:13-04:00

Los discursos de dos mujeres fueron lo mejor de la mejor Convención Demócrata de la que se tenga memoria. El de la primera dama absolutamente íntimo, conmovedor; y el de la candidata a presidente, buscó mostrarla decidida y capaz, pero sobre todo fuerte. Dos mujeres se llevaron la convención. Una de ellas en el papel de madre: “Me levanto todas las mañanas en una casa construida por esclavos y veo crecer a mis inteligentes hijas negras”. La otra en el papel de comandante en jefe, declarando que no le temblarán las manos en la toma de decisiones. La pregunta que me hago es si este país estará listo para una presidente mujer. Y el discurso es revelador, ya que tuvo que asumir ciertos roles, o al menos cierto tono que le reservamos culturalmente al hombre. De hecho cuando, en el mejor momento de su noche, Hilary dijo que en el binomio servicio público la parte pública era la que más trabajo le había costado y pasó a intentar revelar su intimidad, las anécdotas escogidas la mostraban como una mujer valiente, decidida, que nunca se rinde. ¿Cómo la escucharán los hombres?, me pregunto. ¿Como una mujer que ha tenido que sobreponerse a su condición femenina para realizar una obra trascendente en la política, ese mundo de hombres, o como alguien que debe mostrar ciertos rasgos de masculinidad para hacerse de la oficina oval?

Michelle terminó su discurso provocando lágrimas. Hillary el suyo consiguiendo confianza en que es la adecuada. Al terminar de hablar la primera dama las redes sociales se inundaron de frases como “Michelle para presidente”, al terminar Hillary su alocución las redes se mostraron si bien no igual de efusivas sí al menos con un tono de alivio frente a la posibilidad de que una mujer: esa mujer, en particular, sea presidente.

No hubo un mensaje particular para nosotros los latinos en ninguno de esos discursos, pero sí puede leerse entre líneas que la plataforma demócrata es, hoy por hoy, la única que nos favorece. La advertencia del presidente Obama: “No abucheen, voten”, se convirtió en una consigna para lograr que Hilary Clinton llegue a la Casa Blanca. Se prometieron cosas fundamentales en materia social: una verdadera reforma migratoria, un decidido programa de becas que consiga que la educación universitaria pública sea gratuita y se alivien las deudas previas de alumnos ahorcados por lo que le deben a la federación o a los bancos. Un programa de trabajo –un nuevo New Deal– basado en la construcción de infraestructura pública y la eliminación de estímulos fiscales para aquellas compañías que manufacturan en el extranjero y que solo se benefician de no pagar impuestos en el país. Hillary insistió en que no eran promesas inalcanzables sino programa de gobierno. Y debemos creerle pues invocó, por ejemplo, al senador Bernie Sanders –a quien ya veo como secretario de educación– como su aliado en el programa de universidad gratuita para todos.

Michael Moore escribió un artículo demoledor en días recientes alertando sobre el posible triunfo de Donald Trump. Una parte del texto me preocupa sobremanera. El candidato republicano puede ganar porque sus seguidores tienen la fuerza de un fanático y trabajarán para lograrlo, llevarán gente a votar –al menos cinco por cada uno de ellos, según el cálculo del documentalista–, los demócratas, incluidos los llamados Berniacs, quizá voten por Hilary pero no trabajarán voluntariamente en la campaña ni llevarán a votar a nadie. El argumento obliga a salir a la calle de aquí a noviembre porque a mi juicio no se trata ya de quién políticamente es más adecuado; es algo más grave, la necesidad de que todos los norteamericanos que piensen en su futuro por una cuestión de ética y de moral impidan que Trump llegue a ser presidente. Si incluso The Washington Post en un acto histórico declaró antes de las campañas oficiales que el candidato republicano es un peligro para Estados Unidos y para el mundo, debemos creer en la amenaza. Él provoca miedo y a mí, como a muchos millones, nos dan miedo él y sus soluciones, que son retrocesos; no podemos quedarnos con los brazos cruzados.

La Convención Demócrata logró en cierta medida sus objetivos: unir al partido después de una cruenta lucha primaria, vender como viable a su candidata y deslegitimar a Donald Trump y sus ideas que yo llamo USEXIT, pues quiere salirse del mundo y aislar a los Estados Unidos. Un muro tras otro para defenderse de males que él mismo ha inventado. La Gran Muralla China, no se nos olvide, no impidió que un bárbaro terminase gobernando. Quemar los libros y borrar el pasado no produce sino una generación que resbala por la cuesta de la ignorancia, repitiendo los errores del pasado. Hay grandes retos, pero aislarse no llevará a ningún lado. A los muros hay que oponer los puentes; al miedo y la incomprensión, el entendimiento y la tolerancia. En las vapuleadas democracias europeas izquierda y derecha se han unido para impedir que fanáticos como Le Pen lleguen al poder. Hay concertación por un fin patriótico común. Estados Unidos necesita algo similar, que toda la gente con una noción ética y moral de altura piense en el bien común y trabaje con ahínco para cerrar la puerta a la ignorancia y la discriminación, al miedo y la derrota.

Tim Kaine, su compañero candidato a la vicepresidencia es un activista social formado por jesuitas, lo más lejano a Pence y su discurso y acción francamente retrógradas. Preparémonos para que una mujer gobierne el país más poderoso del mundo, permitamos que lo haga, además, como una mujer, con la misma empatía y mano firme con la que lo haría una mujer. Como dijo Michelle Obama: “No dejes que nadie te diga que este país no es grande… Cuando ellos optan por lo bajo, nosotros lo hacemos por lo alto”.

Es esa altura de miras lo que necesita este país. Es también lo que el mundo espera.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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