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Joe Arpaio, Sheriff del condado Maricopa, en Arizona, se dirige a los participantes en un mitin político en apoyo a Donald Trump, en la ciudad de Las Vegas, Nevada (archivo)
Berta Rita Najera
Opinión

Madre de cuatro hijos y organizadora de la campaña ‘Bazta Arpaio’ en Phoenix, Arizona.

¡El valiente vive hasta que el cobarde quiere!

¡El valiente vive hasta que el cobarde quiere!

“Le pedí a mi hija que ya no se involucrara, pero ella me dijo que lo hacía por nosotros y su comunidad; que era mejor luchar que vivir toda la vida de rodillas”.

Joe Arpaio, Sheriff  del condado Maricopa, en Arizona, se dirige a los...
Joe Arpaio, Sheriff del condado Maricopa, en Arizona, se dirige a los participantes en un mitin político en apoyo a Donald Trump, en la ciudad de Las Vegas, Nevada (archivo)


He vivido 24 años en Phoenix, Arizona; 18 de esos años viví con miedo. ¡Pero, no más!

Tenía miedo a la policía y miedo de Arpaio; creía que ellos eran más poderosos que mi familia. Pero ahora ellos me tienen miedo, por la razón que yo ya no les tengo miedo y este año lo demostraremos cuando saquemos al alguacil Arpaio.

Llegué a los Estados Unidos cuando tenía 20 años, con mi hija Viridiana de tan solo un año.

En México, vivía en un lugar lleno de violencia y pobreza. Y todos los días me preguntaba si este era el lugar donde quería que mis hijos crecieran. Ella llegó al mundo en una casa con paredes hechas de carrizo, techo de lamina de cartón y la tierra era nuestro piso. La pobreza era inmensa, y a causa de falta de dinero para atención médica, mi primer bebé murió.

Durante el primer año de vida de mi hija Viridiana, las cosas solo empeoraron; fui víctima de violencia doméstica. Y fue donde decidí arriesgar todo lo que me quedaba y emigrar a los Estados Unidos. Al llegar, recuerdo sentir que existía pero no vivía a causa del miedo que sentía.

Pero en junio del 2010, la vida de mi familia empezó a tomar una dirección diferente. La ley SB1070, una de las más racistas y discriminatorias del país en contra de los inmigrantes, estaba a semanas de tomar efecto en Arizona.

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Durante ese transcurso escuchaba en todas partes de una gran marcha que iba a haber en Phoenix, en contra la SB1070. El día llegó, y junto a mi familia nos pusimos nuestras playeras blancas, y fuimos a marchar. Ahí, recuerdo ver a tantas personas, acompañadas de sus hijos y familias; sentí mucha emoción y entendí que, con la unión, todo es posible.

Cuando recuerdo este momento, se me viene a la mente el dicho que escuchaba en mi país, “El valiente solo vive hasta que cobarde quiere.” Entendí que la valentía de todos estos políticos estaba construida con odio y la opresión contra pueblo; y que en ese momento todos los que estábamos presentes en la marcha éramos los que teníamos la verdadera fuerza porque estábamos unidos.

Y desde entonces yo y mi hija Viridiana nos dedicamos a hablar con nuestros vecinos acerca de nuestros derechos.

Pero, aún así, en algunos momentos tenía miedo. Especialmente cuando Viridiana decidió participar en una de las primeras desobediencias civiles en Arizona. Le pedí a mi hija que ya no se involucrara, pero ella me dijo que lo hacía por nosotros y su comunidad; que era mejor luchar que vivir toda la vida de rodillas.

Fueron las palabras de mi hija las que me dieron la fuerza para que finalmente pudiera convertir todo ese miedo en acción.

Ahora formo parte de la campaña Bazta Arpaio, donde unidos sacaremos al alguacil más famoso por su odio. Estamos alzando nuestras voces en contra de todos los que comparten su política antiinmigrante, como Trump. Y estamos dejando un legado en Arizona y en el resto del país: que no permitiremos que nada ni nadie viole nuestros derechos humanos. Y no estamos solos, pues recientemente en una encuesta salió que la mayoría de los votantes del país no están a favor de la política de Arpaio.

Yo no puedo votar, pero estoy comprometida a salir a las calles, levantar mi voz, protestar, y tocar puertas para hablar con aquellos que pueden votar. Cada uno de nosotros tenemos poder y debemos hacer todo lo que esté en nuestras manos para ser parte del cambio. Si verdaderamente queremos comunidades seguras en Arizona o en cualquier lugar, no necesitamos de más policías o más cárceles. Sino que necesitamos detener a Trump y acabar con el virus de Arpaio.

Mi familia es fuerte, trabajadora, y con muchos sueños. Así como la mía hay millones más cuyos sueños han sido oprimidos por mucho tiempo, por personas como Arpaio. Pero, este año, cuando ganemos, todo eso cambiará. No me arrepiento de haber cruzado la frontera, porque lo hice con la meta de que mi familia pudiera tener mejores oportunidades. Y el ponerle fin al terror de Arpaio, es una de las cosas que como toda madre seguiré luchando para que mis hijos tengan una mejor vida. Nuestras familias no estarán seguras hasta que saquemos a Arpaio y reparemos todo el daño que ha hecho. Estoy muy emocionada porque este es el año en que, con la fuerza y el poder de nuestras familias, pondremos fin al reinado del terror de Arpaio.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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