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El pensamiento “mágico” nunca podrá derrotar al coronavirus

"Donald Trump es el primer presidente estadounidense en reciente memoria que pretende situarse por encima de lo que empíricamente establecen los científicos".
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2020-05-04T11:55:08-04:00

Estados Unidos libra la guerra contra el coronavirus con un general que ni entiende ni cree en la ciencia, la única arma que puede derrotar a un enemigo tan destructor. Donald Trump es el primer presidente estadounidense en reciente memoria que pretende situarse por encima de lo que empíricamente establecen los científicos. Y no solo sobre la pandemia que nos azota sin compasión. Tampoco cree en la necesidad de vacunas para ciertas enfermedades, ni en la influencia de la conducta humana en el calentamiento global ni mucho menos en la necesidad de supeditar decisiones de gobierno a lo que recomienden los especialistas. Es exactamente el líder que necesitaba el país - o más bien sus enemigos - para que un fenómeno como el coronavirus resultase más catastrófico de lo necesario.

Trump no inventó la revuelta ultraconservadora contra la ciencia en Estados Unidos. Eso ha existido siempre en este país y en el mundo entero. Es una trágica tradición que ha costado un sinnúmero de vidas inocentes. Trump sencillamente se erigió en su líder máximo con naturalidad, gracias a su desdén por la lectura, el conocimiento y los hechos. Él es el síndrome de atención deficitaria convertido en poder político.

Desde que llegó a la Casa Blanca, Trump recortó presupuestos federales para investigaciones científicas, dejó vacantes puestos de investigadores, se alió a movimientos autodestructivos contra la vacunación y declaró una ofensiva total contra las medidas que protegían los recursos naturales de nuestro planeta de los efectos de invernadero, mejor conocidos como calentamiento global.

Cuando era candidato, denunciaba el calentamiento de la Tierra como “una farsa china”. Una vez electo presidente, retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París para frenarlo. Nunca, evidentemente, había tenido la paciencia de leerse un buen artículo sobre el tema. Mucho menos un libro. Y entre sus allegados se jacta de que en estas cuestiones fundamentales confía en su “intuición”. Es lo que suelen decir las personas iletradas que con arrogancia pontifican sobre todo lo que no entienden ni quieren entender.

Ahora que padecemos la pandemia, el desprecio de Trump hacia los métodos científico-médicos de combatirla se ha vuelto particularmente notable y peligroso. Les roba protagonismo a los científicos del gobierno encargados de explicarnos cómo marcha la ardua lucha, hasta el punto de haber sugerido en su presencia el consumo humano de desinfectantes para matar el virus.

A menudo les contradice sobre la gravedad del problema y su probable duración. Le exigió a Robert Redfield, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, que dijera públicamente que el The Washington Post lo había “citado mal” cuando él predijo un rebrote de coronavirus en el otoño. Para mérito suyo, Redfield ratificó su inquietante predicción.

Trump destituye a científicos que cuestionan sus decisiones o exponen su ignorancia, aunque sea en debates internos del gobierno que luego revela la prensa. Y en un alarde de su notorio narcicismo, afirma: “Todos los médicos me preguntan, ¿cómo sabes tanto de esto? Tal vez tengo una habilidad natural”. En realidad, tiene una habilidad natural, pero para desvirtuar los hechos y confundir a los ciudadanos a los que debería orientar con el fin de que protejan su salud y sus vidas y las de sus familiares.

“Donald Trump es el presidente más anticientífico y anti medio ambiente que hemos tenido jamás”, asegura Douglas Brinkley, historiador presidencial de Rice University. Su irrespeto por la ciencia toca una fibra sensible entre estadounidenses que también desprecian el conocimiento, sobre todo el que tienen los demás. Algunas de esas personas incluso están llevando armas de fuego a las protestas en una amenaza de muerte nada sutil contra líderes que, a diferencia de Trump, confían en la ciencia en la guerra antiviral. Solo energúmenos perniciosos intentarían saldar con violencia la legítima cuestión de cuándo y cómo deberíamos reanudar nuestras actividades públicas.

La lucha contra el coronavirus empezó mal y terminará peor en Estados Unidos si Trump impone sus prejuicios anticientíficos, su “pensamiento mágico”. Durante meses se negó a escuchar las advertencias de asesores médicos y de inteligencia sobre la inminencia de la pandemia. Esto impidió combatirla temprano y con efectividad. Su negacionismo amenaza ahora con prolongar el caos. Para ganarle la batalla a la pandemia, los estadounidenses tendrán que escuchar menos a Trump y más a los investigadores y médicos que se hallan en la primera fila de combate.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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