Disconformes, pero no sorprendidos

“La jugada del presidente Obama para expandir su autoridad y presionar a la opinión pública ha fallado, y ahora seguimos sin ver una reforma real, con sentido en inmigración”.
Opinión
Presidente del Instituto LIBRE
2016-07-01T05:47:34-04:00


La semana pasada la Corte Suprema anuló las órdenes ejecutivas del presidente Obama sobre inmigración; una resolución que deja a muchos disconformes, pero no sorprendidos. Después de ocho años prometiendo abordar la reforma migratoria en su primer año en la Casa Blanca, el presidente Obama desperdició toda su administración sin lograr un progreso con la reforma migratoria –un hecho prioritario para muchos latinos–. Hemos llegado a este punto por los juegos partidistas y el pobre liderazgo en ambos lados, y si los latinos no exigimos algo mejor, pueden pasar años antes de que algo cambie.

Está en la naturaleza de los políticos: posar como los mejores amigos de los votantes, y el presidente Obama no es la excepción. Con los republicanos en el Congreso renuentes a actuar en una reforma que incluya un camino a la ciudadanía –favoreciendo una versión basada en visas de trabajo, que los demócratas están igual de renuentes a apoyar–, el Presidente se presentó a sí mismo como el reformador que los latinos han estado esperando. Pero está claro que su voto en contra de la reforma migratoria en 2007, cuando era senador, fue vital para matar la reforma aquel año, y que defensores de la comunidad indocumentada han dicho que la razón por la que la Casa Blanca actuó respecto a DACA en 2012 fue para negarle a Marco Rubio –que estaba buscando apoyo para una acción desde el senado– la victoria legislativa.

Dicho de manera sencilla, mientras habla de manera grandilocuente, el presidente Obama tiene un pasado escabroso cuando se trata de ayudar a pasar una ley de reforma migratoria.

Cuando la Cámara de Representantes se negó a actuar en la legislación de inmigración que aprobó el senado, hubiera requerido de un líder habilidoso, creativo y persuasivo para incentivarlos a la acción. La manera fácil –y fuera de guía– de hacerlo era firmando una orden ejecutiva. Desafortunadamente, esa fue la ruta escogida por el presidente Obama, inclusive después de haber declarado no menos de 22 veces que no tenía la autoridad constitucional para hacerlo.

Nosotros predijimos este resultado hace mucho tiempo. La Corte Suprema ha bloqueado la implementación de la Acción Diferida para Padres de Americanos (DAPA por sus siglas en inglés). Si lo pensamos, todo lo que hicieron fue confirmar las afirmaciones que el presidente había hecho en el pasado.

Para entender la decisión de la Corte, una consideración fundamental es entender que el presidente estadounidense no legisla por encima de las leyes; por el contrario, está obligado constitucionalmente a ejecutar la ley. A diferencia de otras naciones en donde el Poder Ejecutivo todo lo puede, Estados Unidos es una república con un sistema de controles y balances.

Esto significa que el Presidente debe trabajar con los miembros de la Cámara de Representantes y del Senado, quienes –después de todo– tienen la responsabilidad constitucional exclusiva de legislar. Pero, si se observa el modo de gobernar del presidente Obama, en un amplio campo de prioridades de políticas públicas, está claro que está decidido a "jugar solo".

Consideremos sus acciones al escribir unilateralmente las reglas de Obamacare, su mano dura sobre las agencias para imponer una agenda medioambiental, y sus esfuerzos ilegales para trasladar a terroristas prisioneros en Guantánamo, a pesar de que la legislación lo prohibía. Y recordemos aquella vez en que el circuito de DC dijo que sus designaciones para el Comité de Relaciones Nacionales para el Trabajo eran inconstitucionales, precisamente porque esta administración había deliberadamente evadido la aprobación del Congreso. Lamentablemente, estos son solo algunos pocos ejemplos en una larga lista de acciones ejecutivas que sobrepasaron las responsabilidades legislativas del Congreso. Inclusive si deseáramos que el presidente tuviera el poder de arreglar las cosas por sí solo, nuestro sistema nos protege de los excesos presidenciales al requerirle al Congreso que actué.

La jugada del presidente Obama para expandir su autoridad y presionar a la opinión pública ha fallado, y ahora –siete años después, tras autoproclamarse el campeón de los inmigrantes–, seguimos sin ver una reforma real, con sentido en inmigración. Hoy, millones de inmigrantes están expuestos a una deportación, en tiempos en los que la Casa Blanca ha decidido aumentar sus esfuerzos para deportar a las familias inmigrantes. No debe ser de este modo. De hecho, todas las familias hispanas deberíamos hacer oír nuestras voces para insistirle al nuevo presidente –y al próximo Congreso– que actúen mejor.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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