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Darwin Franco: Imagine que su hijo desaparece en México

Darwin Franco: Imagine que su hijo desaparece en México

El autor expone el estado de simulación de justicia que se vive en México

Darwin Franco: Imagine que su hijo desaparece en México GettyImages-Ayot...


Por Darwin Franco Migues, @darwinfranco, académico y periodista independiente

Imagine que llega a casa y le informan que su hijo fue desaparecido por la policía. Usted rápidamente levanta la denuncia correspondiente y con mucha calma se le informa que ésta será turnada a determinado ministerio público, el cual pertenece a una Fiscalía o Procuraduría que tiene una legislación de punta para castigar cualquier violación a los derechos humanos; no obstante, le avisan que se va a investigar el caso porque, por el momento, tienen un montón de expedientes que llegaron antes que el suyo.

Usted espera tal y como le indicaron porque le hacen creer que eso de la “justicia pronta y expedita” es un cliché jurídico: “Acá se atiende como van llegando los expedientes”, le dicen. Aunque al hablar con otras personas pronto se entera de que a los nuevos les dicen que la prioridad son las viejas desapariciones y a quienes llevan mucho tiempo buscando les informan que no hay nada nuevo en su investigación porque están buscano a su hijo. Así las prioridades.

Pasan semanas, meses, y resulta que no se tiene ninguna información sobre la investigación y el posible policía agresor continúa dando seguridad como si él no hubiese cometido ninguna falta. Usted no puede entender el porqué de tanta negligencia, así que se informa y presenta una nueva queja en las oficinas federales del departamento de justicia, está muy segura de que ahora sí le harán caso; sin embargo, descubre que lo único que ahí hacen es abrirle un nuevo expediente para hacer exactamente lo mismo: nada.

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Investigando e indagando —porque usted se vuelve experta en detectar las violaciones que le cometen en su búsqueda de justicia—, descubre que hay instancias “independientes” que defienden los atropellos que el Estado comete contra los ciudadanos. Usted aprendió que un policía, al ser un funcionario público, es parte del Estado y, por tanto, esta instancia la puede y debe proteger.

Ahí ocurre algo similar, le levantan una queja, le dan un nuevo expediente y le piden que amablemente presente usted las pruebas de que, en efecto, el policía desapareció a su hijo. Sí, le piden que usted presente las pruebas porque no les basta con su dicho; porque seguro usted ha inventado todo o le tiene mala fe a la policía. Le piden las pruebas porque si no las presenta no habrá manera de que ellos puedan comprobar que sí existió una violación a los derechos humanos. Usted tiene como única prueba la verdad; sin embargo, esto no parece importar mucho, así que archivan su queja y le dan las gracias.

Una de las últimas instancias que le quedan es la llamada comisión de víctimas, esa que se creó cuando una pléyade de valientes familias salió a recorrer al país para contarle al mundo que la guerra contra el narcotráfico, iniciada en México en el año 2006, solo ha generado una estela de horror y violencia, la cual nos ha convertido a los mexicanos en víctimas de delitos como: homicidios, desapariciones, desplazamientos forzados, extorsiones, secuestros y muchos tantos más que hoy se acumulan debajo de nuestros pies cuando descubrimos que en la tierra existen fosas clandestinas con miles de cuerpos que, quizá, no podremos identificar porque el Estado incinera los restos sin tomarles una muestra de ADN o los deposita en grandes galerones dentro de los Servicios Médicos Forenses y los deja ahí negando todo tipo de información a las familias que se acercan para descartar o confirmar que uno de esos cuerpos pueda ser el de su ser querido.

Usted claro que se asusta porque hace tiempo que su hijo no aparece y nadie le da ninguna información sobre dónde pudiera estar, así que junto con otras familias organizadas decide que es momento de acudir a organismos internacionales, pues solo éstos podrían obligar al Estado Mexicano a que responda de manera detallada el porqué ninguna de las instancias a las que usted acudió le brindó una correcta atención, información sobre las acciones que aparentemente emprendieron para buscar a su hijo y, desde luego, porque ninguna de ellas le respetó su derecho humano a la justicia.

Esta instancia sí la escucha, documenta su caso y enlista todas las violaciones que usted y su hijo han sufrido durante todo el proceso. Arma un expediente, manda a comparecer a los funcionarios mexicanos y éstos, como pueden, frente a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), tratan de defender lo indefendible y desde luego no pueden hacerlo. La CIDH, no conforme con ello, manda a un grupo de expertos independientes para analizar más casos de desapariciones pero también de tortura, ejecuciones extrajudiciales, agresión a periodistas y defensores de derechos humanos. Con ello, arma un Informe para precisar cuál es la situación de los derechos humanos en México.

Su conclusión es que México atraviesa una grave crisis de derechos humanos porque, pese a los avances jurídicos, hay una brecha cada vez más grande entre las demandas por violación a los derechos humanos y las sentencias que se emiten para castigar a quienes cometen desde el Estado, pero también desde el crimen organizado, este tipo de delitos. En México solo hay 12 sentencias de tortura cuando existen 2,420 denuncias y hay solo una sentencia por desaparición forzada mientras hay más de 27,000 desaparecidos. Uno de ellos es su hijo y éste fue llevado por policías. El Informe de la CIDH, pero más su testimonio y verdad, demuestran el estado de simulación de justicia que se vive en México.

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No obstante, la autoridad mexicana rápidamente declara que lo dicho por la CIDH y por usted no es cierto, porque hay divergencias en la metodología, ya que lo que usted dice y lo que señala el organismo internacional excluye “todo lo bueno que ha hecho el gobierno en materia de derechos humanos”. Pero usted y yo sabemos que se equivocan porque lo que usted vive y lo que a usted le duele nada tiene que ver con metodologías o indicadores; lo que a usted le duele es el saber que no se está buscando a su hijo y el reconocer que no hay justicia para los familiares de los desaparecidos ni para ninguna víctima de la guerra.

Lo que a usted le llena de rabia es que el policía que desapareció a su hijo está libre y, quizá, forma parte de la escolta de alguno de los tantos funcionarios que ayer frente a las cámaras refutaron y negaron el mensaje, porque negar los hechos hoy es algo imposible.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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