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Cómo responder al reto de las caravanas de migrantes

“Sin un esfuerzo coordinado, la estampida migratoria continuará y probablemente se intensificará, creando mayores tensiones entre los países que generan migración y los que la reciben.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2018-10-22T11:49:27-04:00

De las diversas alarmas que dispara la caravana de migrantes, con su impresionante estampida de hombres, mujeres y niños centroamericanos, una de las más preocupantes es el maniqueísmo de la discusión política que ha provocado en Estados Unidos y México. Se ha caracterizado por dos tendencias demagógicas. Una es la que proclama la supuesta necesidad de frenarlos a todos a como dé lugar, incluso con violencia policíaca o militar, para impedir que lleguen a su destino. La otra es la que proclama la supuesta viabilidad de que todos vengan y se acomoden en México o en nuestro país.

Ambas posturas hacen un flaco servicio a la realidad. Y la realidad es que se impone un esfuerzo humanitario internacional, audaz, generoso y práctico, para atender las complejas causas del desespero que está llevando a miles y miles de centroamericanos a huir de sus países en condiciones precarias, arriesgando sus vidas y sin garantías de que les vayan a acoger en México o Estados Unidos. Y la realidad también es que, sin ese esfuerzo coordinado, la estampida migratoria continuará y probablemente se intensificará, creando mayores tensiones entre los países que generan migración y los que la reciben.

Ni en Estados Unidos ni en México existen las condiciones óptimas para alojar, dar empleo, educar y atender debidamente la salud de los millones de centroamericanos que se sienten desesperados por la pobreza, la violencia, la corrupción, el autoritarismo y las injustas reglas del juego que padecen en sus tierras de origen.

La actual caravana migratoria se inició en Honduras, un país que padece altos niveles de desempleo y subempleo y donde casi siete de cada 10 habitantes viven por debajo del nivel de pobreza. A ella se han sumado ciudadanos de Guatemala, la cual, además de miseria, sufre un problema crónico de corrupción política y administrativa; y también ciudadanos de Nicaragua, donde Daniel Ortega liquidó a sangre y fuego los últimos vestigios de democracia para asfixiar el creciente descontento popular con su gestión. En los tres países y en El Salvador, otro previsible generador de migrantes, las maras o pandillas completan este cuadro siniestro, chantajeando a comerciantes, reclutando miembros a la fuerza y asesinando a rivales y a quienes les ofrecen cualquier tipo de resistencia.

Esas son las causas profundas de las estampidas que deberían atender las autoridades de los países envueltos en el círculo vicioso de la inmigración ilegal y desordenada, tanto los que suelen enviar como los que suelen recibir grandes cantidades de inmigrantes. Guiado quizás por buenas intenciones, el presidente electo de México, Andrés Manuel López obrador, prometió acoger a los miembros de la caravana y ofrecerles visas de trabajo. Se trata, al parecer, de un programa inédito para ayudarles a establecerse en suelo mexicano.

Pero resulta francamente dudoso que México pueda dar ese paso con efectividad y sin estimular nuevas y mayores desbandadas. Mucho más sensata es la decisión de AMLO de plantearle al Presidente Trump la conveniencia de crear un fondo de inversión y otras iniciativas que combatan de raíz la pobreza y la desesperanza que impulsan a tantos centroamericanos a huir despavoridos de sus países. Otras naciones ricas, como Canadá, vecino y socio comercial de Estados Unidos y México podrían sumarse a este empeño tan noble como indispensable, el cual debería incluir un aumento razonable en las cuotas de inmigración legal. Como ya empieza a sumarse al esfuerzo el Alto Comisionado de la ONU para Refugiados, quien al parecer negocia el establecimiento de campamentos temporales para los miembros de la caravana en la frontera sur de México y un plan para relocalizarles.

Para lo que no debería haber cabida en el manejo de esta o de cualquier otra crisis migratoria es para las amenazas de una respuesta militar, como las que hace con característico matonismo el Presidente Trump; ni para el recorte contraproducente de asistencia económica a los países centroamericanos, como el que acaba de anunciar este lunes; ni tampoco para la violencia como la que emplearon policías federales mexicanos en la frontera entre Guatemala y Chiapas. El uso de soldados contra civiles como los que integran la caravana sería un vil atropello a los derechos humanos. Por eso lo prohíbe el Posse Comitatus Act, ley de 1878 que impide a las fuerzas armadas estadounidenses arrestar, interrogar y usar la fuerza contra personas que no sean también militares.

Improcedente y peligrosa es asimismo la explotación política de este fenómeno migratorio que hacen Trump y otros republicanos, quienes falsamente culpan a sus rivales demócratas de haber creado o estimulado la caravana. El mandatario agregó hoy otro elemento espurio a la manipulación, al tuitear, sin pruebas, que en la caravana vienen “delincuentes y desconocidos del Medio Oriente”.

La caravana de migrantes es sin duda un reto difícil para los países afectados. Pero también ofrece la oportunidad de buscar soluciones a mediano y largo plazo que combinen la compasión con la efectividad en combatir de raíz las causas de la desbandada. Como advirtiera el escritor español Fernando Savater, a propósito de las imparables migraciones hacia Europa, “no es nuestra luz lo que atrae (a los inmigrantes), sino sus sombras las que les empujan”. Nuestro principal desafío es alumbrar con nuestras luces de países ricos y exitosos la oscuridad de los pobres y necesitados.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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