null: nullpx

La cautela de Washington puede consolidar autocracia salvadoreña

"La experiencia señala que reacciones “cautelosas” contra gobiernos autócratas, solo los alienta. Veamos los casos de Honduras y de Nicaragua como ejemplo de lo que puede pasar. Honduras todavía paga el precio de la elección inconstitucional del presidente Juan Orlando Hernández, que está envuelto en un juicio de narcotráfico en Estados Unidos. En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega controla todas las instituciones del estado lo que le da un poder total". (Read in English)
10 May 2021 – 01:41 PM EDT
Comparte
El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, en una conferencia de prensa. Crédito: EFE/ Rodrigo Sura

Durante buena parte de la historia de Estados Unidos con Centroamérica, esta nación norteamericana se alineó con los intereses de los gobiernos militares en turno y las oligarquías agroexportadoras.

Gobiernos como el de John F. Kennedy y Jimmy Carter establecieron retóricas diferentes en las que hablaban de derechos humanos y justicia social para disminuir el atractivo de las propuestas socialistas.

El presidente Joe Biden y la vicepresidenta Kamala Harris están en nuevo predicamento entre tener socios para controlar el flujo de migrantes del Triángulo Norte a su frontera sur de EEUU y defender los derechos humanos frente a las nuevas autocracias centroamericanas. Esto es un cambio fundamental en comparación con la agenda transaccional del ex presidente Donald Trump para quien el autoritarismo de sus socios no era un problema.

Nada explica mejor esta disyuntiva que el golpe legislativo que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, asestó al reemplazar inconstitucionalmente, a través de una supermayoría legislativa, a magistrados de la Corte Suprema de Justica y al fiscal general, el primero de mayo de 2021. La Asamblea Legislativa de Bukele, aprobó una ley que prohíbe que la justicia salvadoreña fiscalice fondos públicos gastados durante la pandemia.

Antes, Bukele había empezado a desmantelar el Instituto de Acceso a la Información Pública – una organización similar a la FOIA de Estados Unidos- que garantiza acceso a documentos oficiales. Su nuevo fiscal promete revisar un acuerdo con la Organización de Estados Americanos que establece una comisión internacional contra el crimen que investigaba a la misma administración Bukele

Si EEUU quiere ayudar a preservar el estado de derecho, la libertad de prensa y la sobrevivencia de sociedad civil, debe preguntarse primera cuál es la finalidad de cualquier acción de presión ¿Es que se reinstalen los magistrados y el antiguo fiscal?¿O solo quiere detener el empeoramiento de la situación en El Salvador que se encamina a un sistema autoritario de partido único? El mensaje ha sido contundente en tono, pero vago en propósitos. La estrategia estadounidense de “esperar y ver” refleja el hecho de que la “conquista” del órgano judicial es percibida como un medio hacia un destino desconocido, pero no un fin en sí mismo.

Se sabe que Washington prepara una serie de acciones contra Bukele que van desde las financieras hasta las administrativas pasando por apoyar organismos de la sociedad civil que resisten al régimen autocrático de Bukele. EEUU tiene que enviar mensajes claros através de sus acciones. El presidente de El Salvador es egocéntrico, intolerante al disenso, rodeado de funcionarios genuflexos y sin disposición al diálogo a menos que no haya otra opción.

Cuando no tiene opción, usa a la policía, la fuerza armada, autoridades fiscales o un ejército de troles - coordinados por personajes trabajando dentro del gobierno mismo - para acosar a sus críticos y a sus allegados. Hasta congresistas estadounidenses han sufrido ataques de troles de Bukele que han llevado a varios de ellos a sugerir que Bukele se puede convertir en una amenaza a la seguridad nacional de EEUU.

Bukele se siente impune. EEUU sabe que Bukele no solo busca controlar todo los órganos de poder de El Salvador, sino eliminar la disidencia y medios que lo contradicen. Tal como lo ha hecho con constantes auditorías fiscales que ha desarrollado contra el periódico independiente El Faro y empresarios críticos de Bukele. Como con Nicolás Maduro, Vladimir Putin, Recep Erdogan y otros hombres fuertes, la estrategia del mandatario salvadoreño es presionar y coptar a las élites tradicionales, lo que favorece que se unan al centro de poder de Bukele figuras corruptas de pasados gobiernos, mientras crea una nueva élite leal al nuevo gobierno.

Washington tiene la responsabilidad -debido a su historia con El Salvador- de presionar a Bukele y conservar la democracia de este país centroamericano, una democracia ganada después de una guerra civil de 12 años. El poder de EEUU en organismos multilaterales, influencia cultural en El Salvador- en donde casi todos tienen familiares en EEUU-, una burocracia eficiente y poderosa y una consenso bipartidista sobre el peligro de la acumulación de parte del mandatario salvadoreño lo coloca en una posición privilegiada.

Sin embargo,hasta el momento, Washington no ha dejado claro su “endgame”. Si Bukele prevalece en este camino, EEUU puede estar en una posición de perder-perder: perder un aliado en El Salvador -quien se rumora que negocia con China y Rusia acuerdos bilaterales- y ayudar a la consolidación de una autocracia que solo expulsará a más migrantes.

La experiencia nos señala que reacciones cautelosas contra gobiernos autócratas, solo los alienta. Veamos los casos de Honduras y de Nicaragua como ejemplo de lo que puede pasar. Honduras todavía paga el precio de una elección inconstitucional del presidente Juan Orlando Hernández, que está envuelto en un juicio de narcotráfico en EEUU. En Nicaragua, el presidente Daniel Ortega controla todas las instituciones del estado lo que le da un poder total.

Si Washington es cauteloso y tímido en su accionar, El Salvador se consolidará como una nueva autocracia. No hay que olvidar que los siguientes pasos de Bukele podrían ser una constituyente que le dé reelecciones eternas, una ley que impida a las sociedad civil recibir cooperación extranjera o que decida nombrar como su heredero a uno de sus familiares.

Esto resultaría en una mayor respuesta de los movimientos sociales y muy problabemente en represión y acoso por parte de Bukele a la sociedad civil, periodistas, empresarios y sus familias. El mandatario salvadoreño es autoritario, no cambiará ni hoy ni en un año, y lo único que puede hacerlo retener es la presión de Washington y de la sociedad civil salvadoreña. EEUU debe tomar nota de esto.

( Dr. Ricardo Valencia es profesor asistente de California State University, Fullerton. Dr. Michael Paarlberg es profesor asistente de Virginia Commonwealth University. Twitter: @MPaarlberg)


Nota : La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.


Comparte

Más contenido de tu interés