null: nullpx

Alejandro Alfonzo: El cuartel reina en Venezuela

El autor analiza el papel de la cúpula militar venezolana en una salida pacifica y constitucional para la crisis
15 Mar 2016 – 2:45 PM EDT


Por Alejandro Alfonzo, ex Consejero Regional de Comunicación e Información de la UNESCO para América Latina (*)


Nicolás Maduro llegó a la presidencia de Venezuela por tres razones: ser designado por Hugo Chávez su heredero político; las actuaciones del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y del Consejo Nacional Electoral (CNE) como “albaceas” de esa voluntad, y el pronunciamiento favorable de la cúpula militar sin cuyo concurso los dos anteriores hubieran resultado imposibles.

La preeminencia de este último agente es el resultado del propósito de Chávez para instaurar un régimen militar que liquidara la república civil y democrática, implantara una cultura militarizante que copara todos los espacios sociales y reintrodujera al estamento castrense en la gestión del Estado.

Este ejercicio militar del mando se manifestó desde sus inicios con sus viejos vicios: violencia, represión, autoritarismo, corrupción, despotismo, ineficiencia administrativa, arbitrariedad. Y fue ejecutado según la particular visión de la población donde ellos ordenan y el civil obedece.

Chávez adoptó elementos fascistas de los cuales se había deslastrado el ejército durante el período democrático (1958-1998), a la par que hizo suyos contenidos de la versión tropical del marxismo estalinista de la revolución cubana. Manipuló la Constitución, promulgó acomodaticias leyes de la Fuerza Armada Nacional (FAN), estableció estructuras, añadió nuevos grados en el escalafón del generalato y el almirantazgo –incluyéndose él mismo como máximo jerarca–, e instaló regiones militares. Además, creó un cuerpo de milicias.

Parte del entramado fue otorgarle a la FAN, primero, beligerancia política; segundo, acceso discrecional a fondos públicos; tercero, protagonismo por activa y por pasiva de una incesante propaganda con figuras de la jerga cuartelaria y lenguaje propio de la institución; cuarto, un barniz ideológico socialista con ideas inconexas que fueron plasmadas en órdenes, partes y protocolos militares; y quinto, su figura como objeto de culto paternal y sujeto de obediencia “con razón o sin ella”.

Sin esta amalgama sería difícil comprender el gobierno autócrata de los 12 años de Chávez y el control que desde la muerte de éste asumió la dirigencia castrense. En esa trama Maduro es prescindible. Su único doliente sería el otro sujeto del proceso venezolano: Cuba.

Consciente de su fragilidad política y en cumplimiento de lo pactado en La Habana durante la agonía de Chavez, Maduro incluyó entre sus primeras decisiones como presidente en 2013: establecer el termino “unión cívico-militar” en el “comando de la revolución”, gesto inequívoco de la nueva configuración del poder; aumentar el número de ministros militares en el gabinete con carteras claves: Finanzas, Alimentación, Industrias, Interior y Justicia, Presidencia; además, les asignó (o los ratificó) en la dirección de puertos, aeropuertos, industrias básicas, policía política, control del régimen cambiario de divisas y otras posiciones relevantes.

El 19 de abril de 2013, seis días después de asumir, Maduro anunció la instalación de una poderosa área económica militar con el fin de “satisfacer la demanda de la FAN” (bienestar, seguridad, educación y protección de las familias integrantes de los uniformados).

Surge la “Zona Económica Militar Socialista”, que reúne hasta la fecha 10 compañías con personalidad jurídica y patrimonio propio.

La mayor cota se alcanza con la reciente fundación de la Compañía Anónima Militar de Industrias Mineras, Petrolíferas y de Gas (CAIMPEG), que junto con las anteriores está adscrita al Ministerio para la Defensa.

Entonces la principal actividad económica del país y la administración de las explotaciones de oro, diamantes y coltan (entre otros), pasan al CAIMPEG.

En este marco hay que ubicar tantos las estadísticas del Instituto de Investigaciones de Paz de Estocolmo (SIPRI), citadas por la ONG Control Ciudadano, referentes al gasto militar de Venezuela que en 2014 fue de 5,576 millones de dólares, como la vinculación de elementos y mandos militares con el lucrativo narcotráfico y lavado de activos denunciado por diferentes entes nacionales e internacionales y adonde apunta el decreto Obama de marzo del 2015.

Finalmente, la cúpula militar, a falta del liderazgo personal perdido a la muerte de Chávez, apuesta fuerte a su recuperación mediante la figura del Ministro para la Defensa y Jefe del Comando Estratégico Operacional, General en Jefe, Vladimir Padrino López. Personaje peculiar, con destellos de habilidad, intolerante, mediático, con escasa cultura especialmente política, devoto de la parafernalia chavista y aún cuando el tiempo de servicio en las FAN ya está vencido, su permanecia como activo indican su poder y proyección.

No cabe duda de que los próximos movimientos de los uniformados en la actual crisis venezolana involucrarán a Padrino, así como la decisión de apretar o aflojar la represión contra la disidencia.

La oposición organizada dentro de la Mesa de la Unidad Nacional (MUD), ahora mayoría en la Asamblea Nacional, tiene consciencia del papel determinante de los militares dentro del régimen. Ello da más valor a sus gestos al retarlos y denunciarlos como responsables de la crisis nacional, al tiempo que los reconocen como únicos interlocutores para negociar una posible salida de ella.

Punto crítico de tal solución debe pasar, acorde con la MUD, por la restitución de la república civil, democrática y plural. Pero precisamente esa condición, sumada a las complicidades milicas en sus pasos non sanctos durante el período chavista, más la desmedida ambición de Padrino López, configuran la “piedra de tranca” para lograr una fórmula pacífica y constitucional.

(*) Periodista venezolano. Fue presidente de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC).

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

Publicidad