¿A quién le conviene que se olvide la violencia en Tamaulipas?

“El estado —y principalmente, la frontera— viven prácticamente una guerra; es decir, un conflicto ya no de ‘baja’, sino de ‘alta intensidad’”.
Opinión
Profesora asociada, directora del Departmento de Gobierno, University of Texas at Brownsville
2016-08-12T15:30:44-04:00

La frontera noreste de México y el estado de Tamaulipas en particular continúan siendo controlados, en algunas regiones clave, por la delincuencia organizada. En los últimos años, este estado fronterizo mexicano ha registrado el mayor número de secuestros y desapariciones en el país. Tamaulipas ocupa también los primeros lugares a nivel nacional en lo que se refiere a robo de combustibles y la violencia no cesa en algunas de sus ciudades más importantes como Reynosa, Ciudad Victoria y Nuevo Laredo. En las últimas semanas se han registrado en estas ciudades enfrentamientos violentos entre bandas delincuenciales y fuerzas federales que han dejado varios muertos, incluyendo menores de edad y víctimas inocentes.

Tamaulipas es un estado fronterizo estratégico por su ubicación geográfica y sus recursos naturales como el petróleo y el gas natural. Asimismo, la frontera tamaulipeca ha sido un espacio fundamental para el cruce ilegal de una gran cantidad de productos. Durante varias décadas, y especialmente a partir de finales de la era de la “Prohibición” de la venta de alcohol en Estados Unidos, esta región fronteriza ha sido clave para el contrabando o tráfico ilícito de varios productos, incluyendo drogas, armas y seres humanos. A lo largo de todo el siglo pasado, el enfoque en el tráfico ilegal por esta parte de la frontera México-Estados Unidos se da en el contexto de una limitada cobertura y poca atención a lo que sucede en esta zona. Es por ello que en esa época la frontera Tamaulipeca puede haber sido considerada como una “frontera olvidada.” Y el olvido no parece haber sido circunstancial o por error, sino parece haber obedecido a las dinámicas propias de las actividades ilegales que predominaban y facilitaban el cruce de gran cantidad de sustancias, productos y mano de obra.

En el periodo del olvido, el dominio de gran parte de las actividades ilícitas y particularmente de la frontera lo tenía una agrupación criminal, el Cártel del Golfo, quien llegó a controlar un amplio espectro de los procesos sociales, económicos y políticos en el estado de Tamaulipas. A finales del siglo pasado y principios del presente se modifican las dinámicas del crimen organizado binacional y transnacional y surge una nueva agrupación que comenzó a operar de la mano del Cartel del Golfo: Los Zetas. Este nuevo grupo de empresarios criminales paramilitares —que tienen sus orígenes en el ejército mexicano— llega a transformar las dinámicas de la delincuencia organizada en todo el país y comienzan operando en Tamaulipas. Eventualmente deciden confrontarse con sus anteriores empleadores y aliados, lo cual generó una especie de guerra de dimensiones inimaginables, cuyos efectos continúan siendo visibles hasta la fecha.

Así, la frontera Tamaulipeca deja de ser olvidada y se convierte en uno de los espacios más violentos del país. El acceso a armamento de alto calibre y el uso de tácticas militares por parte de la delincuencia organizada en Tamaulipas introducidas por los Zetas tienen su máxima expresión en esta frontera. La violencia se normaliza y se reproducen las escenas de muertos, descabezados, mutilados, narco-mantas, narco-bloqueos, narco-fosas, explosiones, etc. Las extorsiones, secuestros y desapariciones se encuentran fuera de control. Asesinan a decenas de migrantes, desaparecen camiones de pasajeros, y comunidades enteras se ven forzadas a dejar sus tierras. El terror reina en Tamaulipas al grado que se considera que el Estado ha perdido en esta entidad fronteriza el monopolio de la violencia. Tamaulipas vive una guerra que parece en ese entonces difícil de olvidar.

Como reacción ante esta situación, se refuerzan los operativos federales que incluyen al ejército y la armada de México, lo cual eleva los niveles de destrucción y violencia. El estado —y principalmente, la frontera— viven prácticamente una guerra; es decir, un conflicto ya no de “baja”, sino de “alta intensidad”. La respuesta del gobierno federal a lo que sucede en Tamaulipas ha tenidos sus efectos, primero en la reproducción de la violencia y luego en un cambio en las dinámicas e intensidad del conflicto. En un inicio, la estrategia fue la de descabezar a las dos principales agrupaciones que peleaban entonces por el control del territorio tamaulipeco. Y el resultado del abatimiento de los principales líderes de estos grupos fue un incremento inicial en los niveles de violencia y una fragmentación de dichas agrupaciones. Lo anterior deriva en una reducción de los crímenes de alto impacto y un aumento importante de los crímenes comunes (incluyendo extorsión, secuestro, robo de combustibles, etc.).

Las imágenes de los horrores de la guerra en Tamaulipas se extendieron a través de los medios de comunicación masivos, y sobre todo en las redes sociales. Sin embargo, la violencia en este estado fronterizo se normaliza a tal grado que podemos decir que de nuevo la frontera tamaulipeca ha quedado olvidada. Después del Plan Tamaulipas en 2014 cambian las dinámicas de la violencia en el estado y las fuerzas federales se vuelven protagonistas en el conflicto. Hoy en día es difícil definir el origen de los enfrentamientos e identificar plenamente a los participantes y perpetradores principales de la violencia.

Al parecer, hoy en día en Tamaulipas ya no existe una guerra entre el Cartel del Golfo y los Zetas, ni entre el Estado y dos grupos delincuenciales bien organizados y articulados. Podemos hablar ahora de la delincuencia organizada “desorganizada” en el noreste de México. Como lo predijo Joaquín Villalobos en un artículo titulado “De los Zetas al Cártel de la Habana” ( Foreign Affairs Latinoamérica, abril-junio, 2011), el problema de seguridad nacional se transforma en un problema de seguridad pública —por lo menos en Tamaulipas. Sin embargo, el problema fundamental sigue sin resolverse al no existir los elementos efectivos para hacerle frente, debido al fracaso de la reforma policial en México y la falta de una reforma general al sistema de justicia.

No obstante lo anterior, la frontera Tamaulipeca continúa siendo clave y su importancia estratégica crece considerablemente después de la aprobación de la reforma energética y en el marco de la transición democrática en la entidad. Las condiciones políticas y económicas del estado han cambiado fundamentalmente en los últimos tiempos. Un partido diferente al PRI gobernará Tamaulipas por primera vez en su historia. Sin embargo, la violencia y la corrupción continúan determinando la vida en el estado hoy en día. Al mismo tiempo, la riqueza energética de la entidad y los cambios antes mencionados plantean un futuro distinto, quizás rumbo a mayores niveles estabilidad. Y en este nuevo escenario, surgen dos preguntas básicas: ¿Quién administrará ahora la violencia en Tamaulipas y con qué fines? ¿A quién le conviene que la violencia se olvide en Tamaulipas? Parece ser que la respuesta está en los hidrocarburos y en el desarrollo futuro del sector energético en México. Valdría la pena entonces evaluar esto con mayor profundidad.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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