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Enfermedad del cáncer

Una mujer tardó tres años en saber que tenía un tumor del tamaño de una pelota de voleibol

Desde 2018, Hannah Catton, de 24 años, experimentó síntomas y molestias como dolor extremo e inflamación sin que una decena de médicos encontraran la causa. Fue hasta octubre pasado cuando llegó a la sala de urgencia de un hospital australiano cuando se dieron cuenta que tenía un tumor de cuatro libras y media.
Publicado 9 Feb 2022 – 12:30 PM EST | Actualizado 9 Feb 2022 – 12:30 PM EST
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Una mujer británica que presentó múltiples síntomas y molestias por tres años, sin que una decena de médicos la diagnosticara correctamente, fue sometida a una cirugía para extraerle un tumor que pesó más de cuatro libras y media y presentó las dimensiones de una pelota de voleibol.

En 2018, Hannah Catton, de entonces 21 años, experimentó infecciones urinarias frecuentes, periodos menstruales irregulares, inflamaciones, estreñimiento, diarrea y dolor extremo que la hicieron visitar a varios médicos en la ciudad de Kent, un condado en el suroeste de Inglaterra.

La respuesta que recibió la mujer por parte de los médicos que consultó fue que probablemente estaba estresada, que tenía sobrepeso o que padecía una infección que se iría tomando antibióticos. Todos, en ese momento, descartaron algo mucho más delicado.

Las molestias continuaron tras una mudanza

Con todo y sus síntomas, en febrero de 2019, Catton se mudó del otro lado del mundo, a Australia, donde tenía la intención de trabajar como enfermera veterinaria.

Una vez instalada en la ciudad de Melbourne, los síntomas empeoraron. De nueva cuenta, la mujer volvió a buscar ayuda médica profesional. Según contó ella misma a la BBC, fue hasta mayo de 2021 cuando fue referida a dos especialistas, un ginecólogo y un urólogo.

Catton dijo que en ese momento sintió “un gran, gran alivio. Alguien finalmente escuchó estos síntomas y me tomó en serio”.

El ginecólogo le mandó realizar una ecografía con la cual le diagnosticó un fibroma uterino, una masa no cancerosa que crece en el útero, a menudo durante la edad fértil y para el cual le informaron que requeriría una cirugía.

A pesar de que todo estaba programado para llevar a cabo la cirugía a Catton, la pandemia de covid-19 hizo que fuera puesta en una lista de espera.

El cáncer se manifiesta

En octubre pasado Catton se derrumbó de dolor después de desmontar un caballo. En un primer momento se resistió a ir a urgencias porque, según dijo, el médico le había dicho que el fibroma uterino era benigno. Ese día tomó un analgésico y se durmió.

Un par de días después, el dolor volvió a rugir y no soportó más por lo que asistió al hospital.

Ya en urgencias los médicos volvieron a especular sobre lo que podría padecer. Dijeron que podría tratarse de un embarazo ectópico, que ocurre cuando un óvulo fertilizado se implanta y crece fuera de la cavidad principal del útero.

Sin embargo, los escáneres revelaron que lo que había estado creciendo dentro de ella todo este tiempo era cáncer de ovario.

A pesar de que la mujer pudo conocer finalmente el padecimiento que enfrentaba, no tenía idea de qué tan grave podría ser el problema ni qué tanto se había propagado en su cuerpo.

Catton se puso en contacto con sus padre en Inglaterra para darles a conocer el diagnóstico del que aún no sabía la gravedad. Sus padres no pudieron viajar a Australia debido a los estrictos controles que impuso el país para viajar a su territorio.

Los médicos extirparon el tumor dos días después de conocerse diagnóstico. En ese momento se realizaron pruebas y, después de tres días, se supo que el cáncer no se había propagado y que su pronóstico era bueno.

La mujer comenzó a recibir quimioterapia el pasado 6 de diciembre para "limpiar" cualquier presencia de la enfermedad. Su cuarta ronda de tratamiento inició el lunes pasado, que será la última si las pruebas muestran que no hay más remanentes.

En conversación con el diario The Washington Post, Catton aseguró que las voces de las mujeres que dicen que podrían tener cáncer de ovario, y todos los pacientes, deben ser escuchadas.

“Como paciente, debemos sentirnos lo suficientemente cómodos y seguros para defendernos”, sostuvo, y agregó: “Si hubiera visto una historia como esta hace un año, hace dos años, tal vez me hubiera convertido en una un poco más contundente en la forma en que lo abordaba con los médicos y decir: 'No, escúchame'".

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