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Medio Ambiente

La odisea de la activista Greta Thunberg para cruzar el Atlántico en velero y evitar el avión

La joven sueca de 16 años Greta Thunberg partió el miércoles desde Plymouth, en Reino Unido, rumbo a Nueva York en un pequeño velero y en condiciones espartanas, sin retrete ni ducha. Con riesgo de tormentas y huracanes, no es precisamente un viaje de placer sino una forma (vistosa, eso sí) de cruzar el Atlántico sin dañar el planeta con emisiones.
14 Ago 2019 – 12:24 PM EDT

En fotos: Greta Thunberg zarpa de Reino Unido a EEUU en velero para asistir a la cumbre del clima de septiembre

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La joven activista cruzará el océano por este medio tan inusual para crear conciencia sobre cómo nuestro estilo de vida, y los viajes en avión en particular, alientan el cambio climático (y, de paso, asegurarse la atención de los medios de comunicación). Su objetivo es llegar a Nueva York a tiempo para participar en la huelga global por el clima del 20 de septiembre, y hablar tres días después en la Asamblea General de la ONU, donde fue invitada personalmente por el secretario general, Antonio Guterres.

Se espera que la travesía, de unas 3,300 millas, concluya en unas dos semanas. La activista viaja a bordo del velero Malizia II, de 18 metros (60 pies) de eslora, impulsado por el viento y con electricidad generada por sus paneles solares y turbinas subacuáticas. Estará acompañada por su padre, un documentalista, Boris Herrmann –el capitán del barco–, y Pierre Casiraghi, padrino de la embarcación. Herrmann y Casiraghi, hijo de Carolina de Mónaco, se turnarán en el timón.


Al ser un barco de competición, todos ellos compartirán un pequeño espacio con un único camarote, sin ducha ni retrete (usarán un cubo azul a modo de inodoro) ni ventanas. Tendrán que racionar los alimentos y sortear el mal tiempo y la amenaza de tormentas y huracanes a medida que se acerquen al continente americano.

“El hecho de que Greta haya querido navegar en estas condiciones y con estas privaciones demuestra realmente su compromiso con el cambio climático", dijo Herrmann, el capitán. " Nuestro velero está diseñado para la velocidad, y no precisamente para el lujo", agregó. Herrmann dijo que ofrecieron el viaje a la activista cuando anunció en Twitter que le gustaría ir a Nueva York para participar en el evento sobre el clima, pero que no sabía cómo hacerlo ya que no se sube a aviones para reducir la contaminación. "Me ofrecieron un viaje gratis porque simpatizan con mi causa", declaró la activista. "Hablar en la ONU no va a cambiar la situación, pero al menos servirá para crear conciencia".

El objetivo de crear conciencia le parece imposible cuando se trata de Donald Trump, un mandatario que se mofa del problema más grave al que se enfrenta la humanidad y oculta los informes que lo demuestran. ¿Por qué debería malgastar tiempo con él cuando él, por supuesto, no me va a escuchar", dijo Thunberg a la cadena CBS . “No puedo decir nada que él no haya escuchado ya".

En lugar de volver a la escuela al año próximo, Thunberg planea tomarse el año sabático para viajar en tren y en barco de Estados Unidos a Canadá y luego a México, Centroamérica y Chile a tiempo para participar en la conferencia del clima que comienza a principios de diciembre en Santiago de Chile.


Esta adolescente con Asperger, cara de enfadada y largas trenzas se hizo famosa de la manera más humilde cuando comenzó a saltarse las clases los viernes para protestar a las puertas del Parlamento sueco para que su país cumpla los Acuerdo de París contra el cambio climático. La joven, que ha hecho apariciones estelares en la ONU y en Davos, prendió así la mecha del movimiento global #FridaysForFuture.

Sus hazañas le han valido una nominación al premio Nobel de la Paz. "Hemos nominado a Greta porque la amenaza del cambio climático puede ser una de las causas más importantes de guerra y conflicto", señaló uno de los tres parlamentarios noruegos que apostaron por su nominación.

Su ejemplo inspiró a miles de jóvenes en todo el mundo que faltaron a clase para pedir a sus gobiernos más acción y menos excusas. En sus palabras: "A menudo, oigo a los adultos decir: 'Tenemos que dar esperanza a la próxima generación'. Pero no quiero su esperanza. Quiero que se asusten. Quiero que sientan el miedo con lo que hago. Todos los días. Y quiero que actúen. Quiero que se comporten como si nuestra casa estuviera en llamas. Porque es así".

Al margen de la causa medioambiental, Thunberg ha convertido el síndrome de Asperger en una virtud: "Los afectados tenemos un mutismo selectivo: solo hablamos cuando es estrictamente necesario, como en estos momentos ante el cambio climático".

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