null: nullpx
Coronavirus

La crisis de fe de un sacerdote italiano por el coronavirus

Angelo Riva es un sacerdote italiano de 53 años. En dos semanas vio morir a su padre y su amigo cura de 71 años que lo asistía en las eucaristías. Su madre está a punto de morir. El coronavirus le ha provocado una crisis en torno a su fe. Sin embargo, espera que un "nuevo humanismo" nazca gracias a los valientes que están enfrentando la crisis.
11 Abr 2020 – 01:19 PM EDT

Cuando Angelo Riva estaba desayunando con sus padres y un cura amigo en aquella casa de Carenno, un pueblo de montaña al noreste de Milán, nunca imaginó que dos semanas después lloraría la muerte de ellos días antes de prepararse para ver partir también a su madre.

Ni Riva -sacerdote católico de 53 años- o alguno de sus 1,500 habitantes sabe cuándo llegó el coronavirus a Carenno, la más grande de las tres parroquias del sacerdote. Lo único cierto era que todos sus conocidos se estaban contagiando.

“Todo esto me ha generado una crisis. Siento una verdadera revolución interior”, admite Riva. ¿Llegó cuando su padre, de 81 años, empezó a tener problemas para respirar en un hospital de Bérgamo durante la Navidad, dos meses antes de que se confirmase la presencia del virus en la provincia? ¿Lo tenía el propio Riva, quien había sentido náuseas y fiebre semanas antes?. Por más que piensa no encuentra respuestas.

La situación estalló cuando Adriano Locatelli, su amigo cura y asistente de 71 años, fue el primero en dar positivo a la prueba y fue hospitalizado el domingo 8 de marzo. “Todo esto me ha generado una crisis entorno a mi vida, a mí mismo y a mi fe”, relata Riva quien vio a su padre ingresar al hospital un martes para morir el viernes. Dos días después su madre, de 79 años, empeoró. “Hoy ya no hay esperanzas para ella (…) no sé qué decir. Estoy destruido”, se lamenta.

Riva cree que fue un portador asintomático, pero no pudo hacerse la prueba porque no tuvo ningún malestar relacionado con la enfermedad. Estuvo aislado durante dos semanas, mantuvo una buena distancia social y usa una mascarilla. Además, atiende su ministerio a través de redes sociales. El único contacto personal que tiene es con el médico del pueblo, con el que camina todos los días alrededor de la iglesia.


Por medio de Facebook, sus feligreses le dejan mensajes de apoyo después de las misas que ofrece. También pasan y le dejan leche caliente recién ordeñada. Él devuelve el favor reconfortando a quienes, como él, han perdido a sus seres queridos. En un lapso de tres días fallecieron cuatro, incluidas una mujer de 64 años y su madre. “La familia estaba en cuarentena. Le pedimos a la casa funeraria que pasase frente a la vivienda para que la familia pudiese despedirse”, dijo el sacerdote.

Mientras la curva de contagio parece irse aplanando en Italia y con el dolor todavía a flor de piel, Riva valora el “nuevo humanismo” que está surgiendo gracias a enfermeras, médicos y voluntarios que están enfrentando a la crisis. “Esta humanidad que se ensucia las manos por el bien de los demás, que no piensa en sí misma, representa el futuro de la humanidad. En esta historia diabólica, hay algo más grande: El amor y la caridad”.

Reparten despensas, cubrebocas o medicinas: la Roma más solidaria

Loading
Cargando galería


RELACIONADOS:CoronavirusItaliaMuertesReligión
Publicidad