Juicios

Dilma Rousseff, juzgada en el Senado: "Destituirme es someterme a una pena de muerte política"

Un día antes de la votación final en la que se decidirá la destitución de Dilma Rousseff, la presidenta apartada del poder desde hace más de 100 días se defendió en el Senado ante sus adversarios e insistió en que no ha cometido ningún crimen.
29 Ago 2016 – 1:13 PM EDT

RÍO DE JANEIRO, Brasil.- Apartada del poder desde hace más de 100 días, Dilma Rousseff compareció este lunes en el Congreso Nacional de Brasilia para enfrentarse cara a cara con los 81 senadores que están a punto de votar su previsible destitución definitiva. “Anular mi mandato es como someterme a una pena de muerte política”, se quejó la todavía presidenta, durante un duro discurso de 45 minutos en el que miró a los ojos a sus adversarios y los acusó de “golpistas”.

Dilma, como la llaman sus compatriotas, llegó a las nueve de la mañana al imponente edificio diseñado por Oscar Niemeyer. Entró sonriente y rodeada de aliados: exministros, colaboradores, el artista Chico Buarque y, sobre todo, Luiz Inácio Lula da Silva. Cinco años y ocho meses después de traspasarse la banda presidencial, el exgobernante también quiso respaldar en persona a su ahijada política en el último acto de este largo juicio parlamentario.

La sucesora de Lula apoyó su intervención sobre tres pilares: la legitimidad de su mandato conseguido en las urnas, la ausencia de pruebas para destituirla y el riesgo de pérdida de los avances sociales logrados en los últimos años.

“Fui elegida por más de 54 millones de votos”, recordó Rousseff al comienzo de su discurso. “En mi toma de posesión asumí el compromiso de mantener, defender y cumplir la Constitución, y al ejercer la Presidencia de la República respeté fielmente ese compromiso. Siempre creí en la democracia y el Estado de derecho y siempre vi en la Constitución de 1988 una de las grandes conquistas de nuestro pueblo. Jamás atentaría contra lo que creo ni practicaría actos contrarios a los intereses de aquellos que me eligieron”, proclamó.

Un “golpe” sin armas

Militante de la guerrilla marxista en sus tiempos de juventud, Rousseff trazó un paralelismo entre este proceso de impeachment (o impugnación) y las vejaciones a las que fue sometida por los represores de la dictadura militar en los años 70.


“Recibí en mi cuerpo las marcas de la tortura. Padecí durante años el sufrimiento de la prisión. Vi a compañeros y compañeras siendo violentados y hasta asesinados. En aquella época yo era muy joven. Tenía mucho que esperar de la vida. Tenía miedo de la muerte, de las secuelas de la tortura en mi cuerpo y en mi alma. Pero no cedí. Resistí y no cambié de lado. A pesar de recibir el peso de la injusticia sobre mis hombros, continué luchando por la democracia”, afirmó.

Y completó así su argumento: “En el pasado, con las armas, y hoy, con la retórica jurídica, pretenden nuevamente atentar contra la democracia”. Para la mandataria suspendida de sus funciones, “estamos a un paso de la consumación de una grave ruptura institucional, de la concretización de un verdadero golpe de Estado”. Todo ello con la complicidad de “las élites conservadoras y autoritarias” que “hicieron de todo para impedir la estabilidad” de su Gobierno, denunció.

Junto al amargo recuerdo de la dictadura, Rousseff también se refirió al cáncer que sufrió en 2009, poco antes de ser candidata a la Presidencia por primera vez. “Dos veces vi de cerca el rostro de la muerte: cuando fui torturada durante días y cuando una enfermedad grave y extremadamente dolorosa podría haber abreviado mi existencia. Hoy sólo temo la muerte de la democracia”, confesó.

Discurso para los libros

Más de nueve meses después de iniciarse el proceso de impeachment, primero en la Cámara de los Diputados y ahora en el Senado, la presidenta pareció haber perdido la esperanza de convencer a los legisladores para recuperar su despacho en el Palacio de Planalto. En su lugar, atacó frontalmente a sus rivales y defendió su inocencia en un último intento de limpiar la biografía y el legado que quedarán registrados en los libros de historia.


“No lucho por mi mandato por vanidad o por apego al poder. Lucho por la democracia, la verdad y la justicia. Lucho por el pueblo de mi país, por su bienestar”, aseguró ante el pleno del Senado. “Vengo para mirar directamente a los ojos de sus excelencias y decir, con la serenidad de los que nada tienen que esconder, que no cometí ningún crimen de responsabilidad. No cometí los crímenes de los cuales soy acusada injusta y arbitrariamente”, protestó.

Desde el punto de vista formal, Rousseff está a punto de perder su mandato y sus derechos políticos por el supuesto crimen de autorizar maniobras fiscales para maquillar las cuentas públicas. Pero en realidad, según admiten muchos de sus adversarios, lo que se está juzgando es “el conjunto de la obra”. Es decir, su culpabilidad en la gestación y gestión de la grave crisis económica que atraviesa el mayor país de América Latina desde hace dos años, así como su posible implicación –todavía no demostrada– en los escándalos de corrupción que salpican a buena parte de la clase política brasileña.

Traicionada por su ‘vice’

La acusada también tuvo palabras de desprecio hacia Michel Temer, su aliado en las campañas de 2010 y 2014, antiguo vicepresidente y hoy presidente interino a la espera de que concluya el juicio. Aunque sin mencionarlo por su nombre, Dilma advirtió de que el “golpe” del impeachment “resultará en la elección indirecta de un Gobierno usurpador” encabezado por su excompañero de candidatura. “Un Gobierno que no tiene mujeres comandando sus ministerios, cuando el pueblo en las urnas escogió a una mujer para comandar el país”, criticó.

Tras el discurso de la presidenta, los senadores iniciaron una fase de preguntas y respuestas que se prolongará durante horas. Y a continuación, previsiblemente entre el martes y el miércoles, se celebrará por fin la votación definitiva en la que los 81 legisladores sellarán el destino de Dilma. Cualquier decisión distinta de su destitución sería una sorpresa mayúscula para un país que intenta dejar atrás la incertidumbre política para empezar a superar una gigantesca recesión.

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