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Lo que la gigantesca fábrica de Tesla está haciendo por la pequeña ciudad más grande del mundo

Reno ya no es lo que era, pero la fábrica de Tesla podría venir en su rescate.
19 Sep 2016 – 8:09 AM EDT

El centro de Reno es sombrío. Se llama a sí misma la “Pequeña Ciudad más Grande del Mundo”, un nombre que es el remanente de una era legal y moral diferente, en que la economía giraba en torno al juego y a los viajeros que venían de otros estados en busca del divorcio. Esa fortuna se fue hace mucho tiempo, y en Virginia Street, la calle principal de Reno, los casinos les hacen compañía a las casas de empeño y las tiendas de licores. Y a las casas de empeño parece irles mejor que a los casinos.

Pero se supone que una revolución económica y tecnológica está por llegar. En el desierto, Tesla está construyendo la Gigafactory 1, diseñada para ser la fábrica más grande del mundo, un lugar que producirá baterías para alimentar al que sería el imperio eléctrico del futuro.

El futuro de Tesla reposa en gran parte en esta superfábrica. Para sobrevivir como empresa, Tesla necesita construir su automóvil para las masas, el Modelo 3, en enormes volúmenes. Para fabricar tal cantidad de autos, necesita más baterías de iones de litio que todas las que el mundo produjo en 2014. Para construir todas esas baterías, necesita la que se supone va a ser la planta de fabricación más grande jamás construida bajo un mismo techo, con 10 millones de pies cuadrados de superficie útil, y el equivalente a 200 canchas de fútbol.

Se supone que la fábrica empleará a 6,500 personas cuando alcance su punto más alto, y eso la convertiría en el segundo mayor empleador de la región después del distrito escolar local. Tesla recibió 1,300 millones de dólares en subsidios del estado de Nevada para establecer su fábrica allí.


A fines de julio, Tesla invitó a la prensa a venir a ver su progreso para devolverle a Reno los buenos tiempos. A eso de las 10 de la noche, un lunes, salí a las calles de la ciudad, en su mayoría vacías, con grandes aceras destinadas a multitudes ausentes, o para multitudes que nunca llegaron. Miles de vatios se derramaban a través de las luces de casinos que brillaban sobre nada en particular. El ambiente se sentía sobredimensionado en todos los sentidos.

Afuera del Silver Legacy Casino se oía a George Michael cantando ‘Careless Whisper’, de forma tan tristemente apta, que yo temía estar dentro de un bucle sin principio ni fin. Me alejé de allí y caminé hacia el Casino Cal-Neva, donde los anuncios hacían énfasis en las comidas baratas. En la calle de enfrente había una tienda de chucherías y souvenirs vacía, con tres mendigos sentados afuera.

La alfombra del Cal-Neva estaba manchada y deshilachada, y el interior del lugar olía a productos de limpieza y décadas de humo acumulado de cigarrillos mentolados. Me senté para jugar un par de rondas de blackjack de cinco dólares. A mi lado estaban Rachael Caron y Devin Smith, ambos de Reno, ambos de 22 años de edad.

Devin era un estudiante en una universidad local. Rachael atendía un bar y era gerente de JJ, una pizzería a pocas cuadras de distancia. Después de jugar un rato, les pregunté lo que habían oído sobre el proyecto de Tesla.

“Es realmente grande”, dijo Devin. “Es tan grande como una gigafábrica”. Me dijo que tenía un amigo que había ayudado en la construcción, pero que Tesla no había cumplido sus promesas sobre puestos de trabajo.

“¿Qué clase de promesas?”, pregunté.

Devin dijo que no sabía. “Es bueno para Nevada, supongo”.

Esa noche terminé perdiendo 40 dólares.

El recorrido por la Gigafactory de Tesla comenzaba al mediodía. Para matar un par de horas por la mañana, me dirigí al Museo Nacional del Automóvil, que está a poca distancia de la avenida principal de Reno. Pero ya que este era un museo de autos, conduje. Al fin y al cabo me gustan los carros.

El Museo Nacional del Automóvil, a pesar de la palabra “nacional” en el título, no es una especie de museo oficial de autos de Estados Unidos. No es parte del Instituto Smithsonian, como el Museo Nacional del Aire y el Espacio, ni nada. En su mayoría, se basa en la colección de William F. Harrah, el fundador del imperio de los casinos Harrah, que murió en 1978. El coche más nuevo que pude encontrar fue una réplica de un Jaguar XJR-9 de 1988. El original más reciente que vi fue un DeLorean DMC-12 chapado en oro, creado para una promoción de American Express, y saludando a los visitantes en la parte delantera del museo.

Pero lo que el museo carece en modernidad, lo compensa con originalidad. Hay un Franklin 1908 que parece un carro con un sombrero de copa, el verdaderamente impresionante Phantom Corsair, y el realmente extraño Dymaxion.

También hay un Rolls-Royce 1921 con carrocería hecha casi en su totalidad de placas de cobre y ébano. Su matrícula dice "AWESOME".


Realmente, no hay mejor manera de declarar su propia grandeza.

A la salida, después de haber visto un Jeep Grand Wagoneer con un Ferrari V8 montado en la parte delantera y el coche de carreras Porsche 935, de Caitlin Jenner, me detuve en la recepción. Fui atendido por Matthew Andrew, el encargado de ventas del museo. De voz suave y con ojos amables, me dijo que había crecido en Reno, pero que se había ido a la bahía de San Francisco por un tiempo, y el año pasado había regresado.

“Reno era la ciudad de juego. Esa era la industria”, dijo. Por eso, la ciudad o bien andaba volando por las nubes, o estrellada contra el suelo. El juego es lo primero que la gente deja cuando hay una recesión, y es la última cosa que se vuelve a abrazar cuando llegan los buenos tiempos, dijo.

La última gran recesión golpeó a Reno especialmente duro, pero ahora hay más en juego que solo problemas macroeconómicos. “Yo diría que es más bien una causa vertical que una causa de competencia horizontal, o la causa económica”, dijo Andrew. “Porque de repente la gente puede jugar buenos juegos en sus teléfonos celulares. Juegos que son mejores que la basura que se puede jugar en los casinos”.

Gran parte de la industria de los casinos en Reno no se basa en una nueva demanda en los juegos de azar. “Es solo la longevidad de lo que había aquí antes”.

Pero Andrew cree que la Gigafactory de Tesla es menos un catalizador para el cambio económico que un subproducto del mismo. Además de la Gigafactory, me habló del trabajo de una empresa llamada Switch, que está construyendo un centro de datos de 1,000 millones de dólares y tres millones de pies cuadrados (previsto para ser el más grande del mundo), justo al lado de la Gigafactory. Apple también está planeando levantar un centro de datos de 14 edificios en el desierto.

Y esas empresas no solo están erigiendo fábricas y centros de datos sin alma. Rob Roy, fundador y CEO de Switch, también trae el Centro Innevation, una incubadora empresarial y de pequeños negocios. El Centro, un espacio comunitario de 65,000 metros cuadrados, no solo ofrece aburridas salas de reuniones, sino también impresoras 3D y CNC para el prototipado rápido.

Todo esto ha ido introduciendo no solo cambios económicos, sino cambios culturales, dijo Andrew. Los precios han aumentado en los últimos años, algo que otros en Reno ya me habían dicho, y que está apoyado por un aumento de casi 14% en los precios de las viviendas con respecto al año pasado, según Zillow.

Pero Andrew no sabe si todo eso será para mejor.

"Me mudé hace un año porque el ritmo de la zona de la bahía es increíble. Hay tráfico en todas partes, siempre hay prisa, siempre hay la sensación de que alguien está tratando de aprovecharse de uno. Y me temo que eso es lo Reno va a empezar a ver algún día. Pero ese es un temor pequeño. Reno es una rara y pequeña isla”.

La Gigafactory no queda exactamente en Reno. Ni siquiera queda en Sparks, el suburbio principal de Reno, donde Tesla dice que es. Los mapas y la gente local colocan la fábrica más cerca de la ciudad de Fernley, a una media hora en auto del centro de Reno, cerca de la Interestatal 80, una carretera de dos carriles y límite de velocidad de 70 millas por hora, rodeada de arbustos amarillos.

En un momento dado, el conductor del autobús que nos llevaba hasta allí desde nuestro hotel nos preguntó cómo llegar. Por el camino vimos una pequeña manada de cuatro flacos caballos salvajes.

Las propiedades de Tesla en el desierto ascienden actualmente a 3,200 acres, aproximadamente cinco veces el tamaño del Estado de Mónaco. A pesar de que solo el 14% está terminado, la instalación de la Gigafactory ya es inmensa. Su huella actual es de 800,000 pies cuadrados, con 1.9 millones de pies cuadrados de superficie útil a través de sus múltiples niveles.

Cando esté terminado, Tesla dice que va a ser el edificio más grande del mundo. Pero no dice cuándo será eso. Según la compañía, más de 800 obreros, al menos el 70% de ellos residentes permanentes de Nevada, trabajan arduamente en dos turnos para tratar de tener todo listo para la producción de baterías, que en tan solo unas semanas va a acelerarse a su máxima velocidad.

De hecho, la producción ya ha sido acelerada. Originalmente se había programado fabricar 500,000 baterías para 2020; pero ahora, con 400,000 pedidos para el modelo Tesla 3 ya colocados, la fecha de producción se adelantó para 2018. Para ese año, la fábrica habrá supuestamente excedido el total de la producción mundial de baterías de 2014.


Antes de dar un vistazo al interior de la Gigafactory, nos invitaron a dar una vuelta alrededor del exterior, con un empleado de Tesla que pidió no ser identificado. Camiones con tanques de agua rociaban el suelo caliente y seco, solo para aplacar el polvo.

Es raro recorrer un edificio conduciendo a su alrededor, pero esto nos ayudó. Es necesario estar muy lejos de la Gigafactory para apreciar lo grande que realmente es, y la cosa le arruina a uno el sentido de la escala. Después de un tiempo ya no parece tan grande hasta que uno se da cuenta de que las pequeñas manchas que se mueven junto a ella son las personas.

Incluso el pedazo de edificio que ya está de pie y preparándose para producir baterías no está ‘completo’ como edificio. La pared del este es el único muro exterior que todavía estará allí cuando el proyecto de construcción haya terminado. Los demás, a pesar de que se extienden más de una milla en la distancia (la Gigafactory ya tiene más de una milla de largo) son solo marcadores de posición temporales.

En lugar de simplemente ampliar el edificio actual hacia afuera a medida que crece su necesidad de espacio, Tesla está construyendo secciones separadas de manera independiente, por fuera de los muros actuales, para ser absorbidas por la Gigafactory medida que ésta se extiende a su encuentro.


Y el tamaño de la Gigafactory no es el resultado de un cierto exhibicionismo innecesario, o una señal de que Elon Musk está metido en algún extraño ego-viaje. Tesla dice que la escala es necesaria para hacer funcionar la economía de toda la cuestión. Mediante la construcción de una sola y enorme fábrica, la compañía estima que puede reducir el costo de las baterías por lo menos en un 30%.
Es poco claro para quién exactamente trabajarán los empleados de la fábrica. La Gigafactory funcionará de una manera inusual, al menos para Tesla, y será diferente de la fábrica original que posee y opera en Fremont, California.

Los empleados de Tesla me dijeron en repetidas ocasiones que sería una relación “propietario/arrendatario” en la que Tesla es dueña de la fábrica, mientras que Panasonic, el gigante japonés de la electrónica, fabrica las baterías en ella.

Una vez que Panasonic haya hecho las baterías, Tesla las manda a California para ponerlas en los autos. Parece ser una relación racional, teniendo en cuenta lo que está en juego. Si la Gigafactory no puede producir las baterías, entonces Tesla no puede producir el Modelo 3. Si Tesla no puede producir el Modelo 3, incluso la empresa admite que tiene posibilidades de fallar. Dada la historia de problemas de producción de Tesla, poner la producción de baterías en las manos más experimentadas de Panasonic tiene sentido.

En la fábrica, los empleados de Panasonic usan cascos azules y los empleados de Tesla, usan rojos. Antes que la prensa entrara en el edificio, nos dieron cascos rojos, junto con chalecos de alta visibilidad. También nos dieron instrucciones de que las oportunidades para las fotografías serían extremadamente limitadas, al igual que la información sobre los detalles de lo que estaríamos viendo.


A pesar de sus alardes y sueños y proyecciones, Tesla mantiene sus naipes cerca del chaleco. Por todos lados, aunque el interior se extiende sin fin, el aire estaba impregnado de olor a pintura y pegamento epoxi. En algunos lugares se nos permitió mirar, y en algunos otros no. Había letreros que decían ‘SECRETO’.

Enormes máquinas de producción de ánodos y cátodos, todavía envueltas en plástico, acechaban tras pequeñas ventanas. Tenían que estar metidas en salones controlados con menos de un 1% de humedad relativa, según nos dijo un portavoz de Tesla. Las máquinas tenían 38 pies de altura.

“¿Qué tan largas son?”, pregunté. En mi cabeza, supuse que eran por lo menos de 150 pies de largo, y probablemente más que eso.
Me dijeron que no estaban en libertad de decirme cuál era la longitud real de las máquinas.

Había grandes habitaciones llenas de bastidores destinados a los paquetes de baterías completadas. Cuando la fábrica esté en funcionamiento, los robots estarían correteando para clasificar y transportarlas. En un pasillo largo y ancho había maquinaria que nos dijeron sería la primera línea de ensamblaje de las baterías. Otro pasillo junto al cual habíamos caminado estaba previsto para la segunda línea de ensamblaje de las baterías. Tan pronto como termine el trabajo en una línea de ensamblaje, comenzaría el trabajo en la otra.
Nos mostraron una sola célula de batería, que parecía un poco como un cartucho de escopeta de metal brillante. Pregunté si podía tomar una foto de ella.

“No”, fue la respuesta.

La Gigafactory está en la segunda fase de construcción, nos dijeron. No había ningún calendario a disposición del público, y Tesla ni siquiera quiso decir cuántas fases existían. Una hora después llegábamos al final de nuestro recorrido, y de haber caminado casi dos millas. Un recorrido completo por toda la instalación existente tomaría de cinco a seis horas, nos dijeron.

Eso lo creo.

Ninguna de las personas con quienes hablé parecía preocuparse por las lagunas en la información. El enorme éxito de Elon Musk superaba cualquiera de sus defectos. Todo iría bien al final, dijeron. Este era un gran momento para una gran ciudad. Sería difícil imaginar que no fuera a funcionar.

Pero curiosamente, no es evidente que Reno necesite confiar en Musk y en Tesla. La Gigafactory podrá estar transformando la escala de fabricación de baterías, pero no es líder en la transformación de Nevada. Al menos, no es la única.

Luego de la elevada tasa de desempleo del 12.9% en 2010, el Departamento de Empleo, Capacitación y Rehabilitación de Nevada dice que el nivel de desempleo de la zona de Reno ahora es de solo un 5.6%.

Ya 217,100 personas han conseguido nuevos puestos de trabajo. Solo 12,956 más necesitan empleo. Se supone que para 2019 la población crezca un 7.1%, mientras que en comparación el resto del país ha visto un crecimiento de menos del 1% de la población en más de una década.

Se supone que en los próximos años Reno añadirá 50,000 empleos antes que la Gigafactory siquiera haya alcanzado el pico de producción, y Mike Kazmierski, jefe de la Autoridad para el Desarrollo Económico de Western Nevada, dice que ese es un cálculo “conservador”.

Cuando golpeó la recesión, la industria del juego local ya se había ido agotando lentamente, primero a causa de los cada vez mayores casinos de Las Vegas, y luego por la tendencia nacional de legalizar los juegos de azar en otros estados. Hace 25 años, el 25% de las empresas de la ciudad estaba involucrado en juegos de azar. Ahora bajó al 8%.

En una conversación por teléfono, Kazmierski dijo que en lugar de esperar la muerte lenta y tortuosa que afectó a tantos lugares que dependían de una sola industria, Reno miró hacia otro lado. Sus grandes espacios vacíos, pensaron los planificadores de la ciudad, significaban que tenía una gran capacidad para suministrar agua y electricidad. Y si los estadounidenses ya no necesitaban a Reno como lugar para una escapada de juegos de azar o para divorciarse, seguía siendo un sitio alcanzable, uno de los pocos lugares que queda a un día en auto de 11 estados del oeste del país.

En resumen, fue por accidente que Reno fue hecho apto para tareas de logística, fabricación y distribución. “No fue por elección, sino por supervivencia”, dijo Kazmierski.

Así, la industria de la logística, que una vez fuera inexistente aquí, ahora representa entre el 5% y el 10% de la economía local. Se espera que la Gigafactory solo añada otro cinco 5% a la cifra.

Y si Tesla no puede llevar a cabo sus planes, alguien más podrá tomar ventaja de la ubicación. Amazon y Wal-Mart están recurriendo a Reno como sitios para grandes almacenes. Los centros de datos están siendo trasladados desde el área de Silicon Valley, a solo unas pocas horas de distancia. “Mucha gente dice que Tesla es una preocupación, pero no es una preocupación”, dijo Kazmierski. “Tesla es lo que es”.

La ciudad ya está en el 5.9% de desempleo, y espera alcanzar el pleno empleo en solo 18 meses, al mismo tiempo que la Gigafactory está comenzando a apretar el acelerador a máxima potencia. Tesla ha triplicado la tasa de crecimiento normal de la ciudad, dijo Kazmierski, pero incluso si se derrumbara mañana, la ciudad todavía estaría viento en popa, con más del doble de su tasa de crecimiento histórico.

“No creo que ni siquiera una recesión nacional pueda pararnos ahora, solo desacelerarnos”, dijo Kazmierski. “Esto es lo contrario de Detroit”.


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