Estados Unidos, el gran ausente en cumbre de ONU para adoptar “Pacto mundial de migración”

Alegando que viola la soberanía y las leyes de Estados Unidos, el gobierno de Donald Trump le da la espalda a un pacto que hace énfasis en la migración como un derecho fundamental.
9 Dic 2018 – 9:27 AM EST

Con el fin de adoptar un Pacto mundial para una migración segura, ordenada y regular, se reúne este lunes 10 de diciembre en Marrakech, Marruecos, una Conferencia Intergubernamental liderada por por la Organización Internacional de Migraciones (OIM) de las Naciones Unidas, en la que estarán presentes la gran mayoría de los países miembros del organismo internacional.

El gran ausente será Estados Unidos –el país con mayor número de migrantes en el mundo–, que en diciembre del año pasado decidió retirarse de las negociaciones emprendidas por los 193 países que hacen parte de la ONU. La administración Trump ha sido enfática en su rechazo al Pacto, acordado en julio de este año, argumentando que viola su soberanía y desconoce las leyes del país.

“Estados Unidos no atenderá la Conferencia Intergubernamental de la ONU los días 10 y 11 de diciembre para adoptar el Pacto Mundial para la Migración en Marruecos y no votará ni se unirá al concenso sobre el Pacto propiamente dicho”, dijo a Univision una vocera del Departamento de Estado.

“Como Estados Unidos no ha participado en el proceso de las Naciones Unidas para negociar el Pacto y no respalda este instrumento, debe quedar claro para todas las naciones que no estamos obligados por ningún compromiso o resultado derivado del proceso de aprobación del Pacto”, aseguró.


Estados Unidos anunció su salida desde antes de comenzar el proceso formal de negociación. “Todos están en su derecho soberano de no participar. Nos hubiera gustado que formara parte, pero el Pacto continúa”, dijo a Univision Juan José Gómez Cámacho, representante permanente de México ante Naciones Unidas y uno de los coordinadores de las negociaciones.

En los últimos meses, el Pacto se ha convertido en un caballito de batalla de las fuerzas nacionalistas en su lucha no solo contra la inmigración, sino contra el multilateralismo, y es posible que una decena de países no asistan o no den su visto bueno a la adopción del documento. Hungría fue el único país, además de Estados Unidos, que no firmó el acuerdo. Austria, Polonia, Israel y Australia dijeron luego que no lo adoptarían, y en la misma tónica parecen estar, entre otros, la República Checa, Bulgaria, Estonia y República Dominicana.

Este domingo, el Gobierno de Chile también decidió restarse de la cumbre. Según un documento elaborado por la subsecretaría del Interior que difundió el diario El Mercurio, desde el Ejecutivo advirtieron una serie de diferencias con la iniciativa.

¿Qué es el Pacto Global?

El Pacto mundial para una migración segura, ordenada y regular es el resultado de casi tres años de conversaciones posteriores a la aprobación, en septiembre de 2015, de la Agenda 2030 para un Desarrollo Sostenible, en la que los países firmantes reconocieron, por primera vez, que la migración es un elemento esencial del desarrollo.

En cumplimiento de los propósitos de la Agenda, el 19 de septiembre de 2016 los 193 países miembros de la ONU aprobaron, en Asamblea General, la llamada Declaración de Nueva York , en la que se comprometían a elaborar, en un plazo prudencial, un Pacto Global para una migración segura, ordenada y regular.

La Declaración de Nueva York contenía una serie de principios destinados a resolver muchos de los problemas relacionados con el aumento reciente de los flujos migratorios –tanto en Europa como en Estados Unidos–, producto de guerras, tragedias naturales o falta de oportunidades económicas.


Según datos de la propia OIM, el número de personas que residían en países distintos a su país de origen superaba el año pasado los 258 millones. Y según el documento Indicadores globales de migración-2018 , “basados en los cambios en el número total de migrantes los investigadodres estiman que entre 35 y 40 millones de personas migran cada cinco años”.

El problema es que buena parte de esos flujos están lejos de ser “seguros y ordenados”. De hecho, según el mismo documento, en el año 2017 perdieron su vida o desaparecieron en su travesía un total de 6,163 migrantes, “debido fundamentalmente al entorno natural hostil, la violencia y los abusos, las peligrosas condiciones de transporte, así como las enfermedades y las hambrunas”.


Para tratar de evitar que eso siga pasando, la Declaración de Nueva York planteaba una serie de compromisos (recogidos luego por el Pacto) relacionados, entre otras cosas, con la necesidad de proteger los derechos humanos de los migrantes, prevenir la violencia de género, poner fin a la práctica de detener a menores para determinar su estatus migratorio, evitar las separación de las familias y fortalecer la gobernanza mundial de la migración.

Cambio de administración

Cuando se aprobó la Declaración de Nueva York el gobierno de Barack Obama estaba a punto de terminar y se aproximaban las elecciones generales que llevaron a la presidencia a Donald Trump. Y con el relevo en la administración cambió toda la política del país en materia de migración.

Al igual que lo hizo con el Acuerdo de París sobre Cambio Climático (y con otros foros multilaterales), el gobierno de Trump decidió retirarse de las conversaciones sobre el Pacto global para una migración segura, ordenada y regular.



En un escueto comunicado , el entonces Secretario de Estado, Rex Tillerson, afirmó en diciembre del año pasado que “Estados Unidos ha decidido poner fin a su participación en el proceso de Naciones Unidas para desarrollar un Pacto Global sobre Migración”, y dio como razón que el Pacto se basaría en la Declaración de Nueva York, un documento que “tiene unos objetivos de política que son inconsistentes con la ley y las política de Estados Unidos”.

Un artículo de Foreign Policy, titulado “Boycott de Trump a las conversaciones sobre migración en Naciones Unidas”, reveló que la decisión del gobierno estuvo muy influenciada por Stephen Miller, quien contó con el apoyo de John Kelly, el jefe de gabinete de la Casa Blanca, quien dejará su cargo a finales de 2018.

Según el artículo, la única voz disidente en la reunión en la que se decidió el retiro de las conversaciones fue la de su embajadora ante Naciones Unidos, Nikki Halley, para quien “Estados Unidos tendría una mejor oportunidad de influir en el resultado de las negociaciones si participaba en el proceso”.



A la propia Halley –quien renunció a su cargo en octubre de este año– le tocó leer una declaración en la misión de Estados Unidos ante la ONU, según la cual, “Nosotros decidiremos la mejor manera de controlar nuestras fronteras y a quién le permitiremos entrar a nuestro país. El enfoque global de la Declaración de Nueva York simplemente no es compatible con la soberanía de Estados Unidos”.

Un pacto no vinculante

Estados Unidos asumió esa posición en solitario. Pero semanas después, cuando ya estaba terminado el documento, se le sumó Hungría. Citado por el diario La Vanguardia, de España, el canciller de Vicktor Orbán, Péter Szijjártó, dijo que “este paquete anima los procesos migratorios de manera insensata y solo tiene en cuenta los intereses de África, América Latina y pequeños estados insulares cuando determina que la emigración es un derecho fundamental”.

En un lenguaje que se ha vuelto común entre algunos líderes mundiales, Szijjártó aseguró que “el Pacto quiere hacer obligatorio para todos los países proveer de toda clase de servicios a los migrantes a lo largo de la ruta, y que esos servicios sean los mismos que ofrecen a sus propios ciudadanos”.

El mismo diario cita, sin embargo, al presidente de la Asamblea General de la ONU, Miroslav Lajcak, defendiendo el Pacto y diciendo que “ni impulsa la migración ni pretende frenarla. No es legalmente vinculante. No dicta nada. No impone. Y respeta totalmente la soberanía de los estados”.

De hecho, ese ha sido uno de los argumentos que han utilizado los críticos del Pacto. Como lo recuerda el artículo de La Vanguardia, “los textos, largos y farragosos, en el impecable lenguaje onusiano habitual, son tan prometedores y ambiciosos como imprecisos en cuanto a su aplicación práctica. Además, no son vinculantes, no obligan a los estados”.

Entonces, ¿cuál es el valor del Pacto?


El que el Pacto no sea vinculante no quiere decir que no sea importante. Para Gómez Cámacho, el representante permanente de México ante Naciones Unidas, “el Pacto es una plataforma de cooperación para que los países de origen, tránsito y destino cooperen y promuevan políticas migratorias coherentes y consistentes”. Es la primera vez, según él, que se logra que el fenómeno sea discutido en Naciones Unidas: “No hay forma de abordar eficazmente el tema de la migración si las medidas nacionales, respetando siempre la soberanía de los estados, no son consistentes con las de los vecinos. El diálogo es central”.

Los 23 objetivos del Pacto –dijo Gómez Camacho– son compromisos políticos muy sólidos, que abordan cada una de las distintas fases del ciclo migratorio. El Pacto ofrece una gama de medidas de política pública y de normatividad que son lo suficientemente flexibles como para adaptarse a las reglas de cada país”.

Finalmente, según el embajador, “el Pacto crea una arquitectura institucional que permitirá: 1- Que las 25 o 26 agencias de la ONU que tienen mandatos en materia de migración se coordinen y sean coherentes, y puedan colaborar con los países miembros. 2- Un espacio político en donde todos los estados miembros van a estar debatiendo o intercambiando experiencias”.

¿Y qué se aprobará en Marrakech?

La Cumbre Intergubernamental que comenzará este lunes en Marrakech, tiene por objeto adoptar el Pacto de manera formal, antes de someterlo a la Asamblea General para su ratificación. “Allí no se va a firmar nada”, dijo a Univision Gómez Camacho. “ El Pacto ya se concluyó y quedó acordado. Lo que viene es su adopción formal, que espero se haga por consenso por unos 180 países”.

Aún no se sabe con precisión cuántos estarán ausentes. La posición de Estados Unidos fue clara desde el principio. La de los otros países que han puesto en duda su asistencia –a excepción de Hungría– es más reciente. “ Todos estos países estaban en la mesa cuando se adoptó el Pacto mundial”, dijo Louise Arbour, representante especial para la migración internacional, quien presidirá la conferencia de Marrakech.

“Creo que deja muy mal a los que participaron en lo que fueron negociaciones reales. Consiguieron concesiones de otros. Defendieron sus intereses durante seis meses en los que uno asume que estaban recibiendo instrucciones de sus capitales, así que es muy decepcionante ver este tipo de revés poco después de que se acordara el texto”, dijo.

Desde la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos es claro que la migración se ha convertido en un tema político que puede suministrar buenos réditos. Y los partidos políticos antiinmigrantes que ya están en el poder, o están luchando por él, han encontrado en el Pacto un instrumento ideal para su proselitismo, poniendo en juego la suerte de millones de migrantes y socavando aún más bases del multilateralismo, encarnado en la ONU. Marrakech es solo un movimiento más en este complicado ajedrez diplomático.

En fotos: La dramática travesía de los migrantes de países vetados por Trump

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