"No están contentos, pero siguen gastando": los consumidores resisten al aumento de precios e impulsan crecimiento económico

Los trabajadores disfrutan de un grado inusual de seguridad laboral a pesar de los despidos dispersos, lo que probablemente fomenta el gasto en un contexto de inflación alta en EEUU.

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Los altos precios de la gasolina están intensificando la inflación y absorbiendo una mayor parte del dinero de los estadounidenses; sin embargo, los consumidores siguen gastando a fondo, impulsando la economía, al menos por ahora.

Una serie de datos económicos publicados el jueves mostró que la inflación se aceleró el mes pasado, a medida que el petróleo y la gasolina más caros comenzaron a encarecer los precios en otros sectores de la economía, incluidos el transporte de carga y el almacenamiento, antes de que los aumentos lleguen a la mayoría de los estadounidenses.

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Los precios mayoristas de los alimentos aumentaron, lo que podría encarecer los comestibles en los próximos meses.

Al mismo tiempo, los consumidores también incrementaron su gasto, según los datos publicados el jueves. Aunque gran parte del incremento reflejó precios más altos, la resiliencia de los consumidores está impulsando un sólido crecimiento económico en EEUU.

Los trabajadores disfrutan de un grado inusual de seguridad laboral a pesar de los despidos dispersos, lo que probablemente fomenta el gasto a pesar de que las encuestas muestran que muchos estadounidenses tienen una perspectiva económica sombría.

Todo esto se traduce en una economía en la que la gente gasta dinero, pero no se siente bien al respecto.

"Los consumidores pueden haber apretado los dientes y pasado por alto los precios más altos de la gasolina", señaló Jim Baird, director de inversiones de Plante Moran Financial Advisors. "No están contentos, pero siguen gastando".

Mayores costos presionan a los productores, la última parada antes de llegar a los consumidores

Un informe publicado el jueves sobre los precios mayoristas ayuda a explicar el pesimismo: el índice de precios al productor del gobierno, que mide los costos antes de que lleguen al consumidor, saltó un 6.3% en septiembre respecto al año anterior, el mayor incremento en casi cuatro años. A tasa mensual, los precios se dispararon un 1.3% de agosto a septiembre, impulsados por un aumento del 20% en los precios de la gasolina.

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El incremento en los precios del diésel ha encarecido el transporte debido a que los camiones de larga distancia y los trenes de carga dependen de este combustible. Los mayores costos de transporte pudieron haber contribuido a elevar los precios de los alimentos, que subieron un 1.2% de agosto a septiembre, la mayor ganancia mensual desde febrero. El informe de precios mayoristas se conoció tras las cifras de inflación al consumidor publicadas el miércoles, que mostraron que la inflación subió al 3.7% en septiembre, muy por encima de la meta del 2% de la Reserva Federal.

"El impacto en los precios del transporte afecta a todos los bienes de la economía, ya que los insumos para la manufactura se trasladan a las fábricas y los productos en todas las etapas de producción se mueven del productor al mayorista y al minorista en camión, tren o vía férrea", escribió Carl Weinberg, economista jefe de High Frequency Economics. "Así es como los aumentos en los precios de la energía 'se filtran' a los precios de los bienes básicos".

Los agricultores también dependen del diésel para hacer funcionar la mayor parte de su equipo, lo que podría elevar aún más los precios de los alimentos. El jueves, el precio del diésel promedió 6.32 dólares por galón en todo el país, según la AAA, frente a los apenas 3.66 dólares de hace un año.

A pesar de estas presiones de costos, las ventas minoristas aumentaron un sólido 0.8% respecto a agosto, superando las previsiones de los economistas. El incremento estuvo impulsado por un salto del 6.4% en el gasto en gasolineras, pero los consumidores también gastaron en otros rubros, incluido un saludable repunte del 1.1% en restaurantes y bares.

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Excluyendo la gasolina, las ventas minoristas subieron apenas un 0.2% el mes pasado, y gran parte de ese incremento también reflejó precios más altos.

Los economistas señalan que, mientras el desempleo se mantenga bajo y los estadounidenses sigan trabajando, es probable que el gasto conserve su resiliencia. La contratación ha sido lenta, pero los despidos también son inusualmente bajos.

El mercado laboral estadounidense se mantiene relativamente fuerte

Otro informe publicado el jueves mostró que la cantidad de personas que solicitaron beneficios por desempleo se mantuvo por debajo de las 200,000 la semana pasada, una cifra históricamente baja. Las solicitudes de ayuda por desempleo son un indicador indirecto de los despidos.

"Si la tasa de desempleo se mantiene baja, lo que significa que los consumidores tienen trabajo, seguirán gastando, aunque de forma más cautelosa y recurriendo cada vez más a los ahorros y al crédito", indicó en un correo electrónico Kathy Bostjancic, economista jefe de Nationwide.

Sin embargo, muchos economistas temen que, a medida que la inflación se mantenga alta, erosionará constantemente el poder adquisitivo de los estadounidenses y comenzará a pesar sobre la economía. Los salarios semanales, ajustados por inflación, cayeron efectivamente en septiembre en comparación con el año anterior por primera vez desde mayo.

Asimismo, la contratación de septiembre se desaceleró a unos decepcionantes 29,000 empleos frente a los 133,000 revisados de agosto, según informó el Departamento de Trabajo a principios de este mes. La tasa de desempleo aumentó ligeramente al 4.2% respecto al mes anterior, lo cual sigue siendo bajo. Sin embargo, los economistas esperaban que la creación de empleo en septiembre se ubicara en torno a los 90,000 puestos.

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La inflación pronto podría encarecer las tarjetas de crédito, las hipotecas y más

Una inflación persistentemente elevada también significa que la Reserva Federal probablemente aumentará su tasa de interés de referencia en los próximos meses en un esfuerzo por frenar el gasto y reducir la inflación. Cuando la Fed sube su tasa, esto puede encarecer los costos de endeudamiento para hipotecas, préstamos para automóviles y tarjetas de crédito con el paso del tiempo.

Según las actas publicadas de su reunión más reciente, la mayoría de los funcionarios de la Fed anticipan que probablemente sea necesario otro incremento en las tasas de interés este año para combatir la inflación.

La Reserva Federal aumentó su tasa de interés de referencia en un cuarto de punto hasta situarla en torno al 3.9% en septiembre, su primera subida en tres años.

El incremento desafió los repetidos llamados del presidente Donald Trump para que la Fed redujera las tasas y provocó que el mandatario criticara al comité de establecimiento de tasas del banco central, aunque reiteró su respaldo al presidente de la institución, Kevin Warsh, a quien designó a principios de este año.