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Segunda oportunidad

Negros e hispanos tienen más del triple de probabilidades de ir a prisión que los blancos en EEUU: estas son las razones

El nivel socioeconómico, prejuicios implícitos en policías, la categorización, los delitos por inmigración y drogas son algunas de las causas por las que hay mayor representación de hispanos en las cárceles. Con la ayuda de expertos te mostramos algunas razones de esta disparidad.
30 Nov 2019 – 3:39 PM EST

Si los 75 mil puestos el estadio Mercedes-Benz donde fue el Súper Bowl 2019 se llenaran blancos, negros e hispanos en partes iguales, y de allí salieran en autobuses (de 56 puestos) las personas que en algún momento de sus vidas irían a prisión, los blancos ocuparían casi dos autobuses, los hispanos casi cinco, mientras que los negros ocuparían diez autobuses y medio.

Los cálculos se realizan usando como referencia la tasa de encarcelamiento publicada por la Oficina de Estadísticas de Justicia, cuyos datos indican que la probabilidad de ir a prisión de un blanco es seis menor que la de un negro y casi tres veces menos (2.7) que la de un hispano.

¿Por qué ocurre esa disparidad? ¿Cuánto tiene que ver con discriminación? ¿Qué hace en el sistema judicial para abordarla?

Ryan D. King y Michael T. Light resumen en el estudio ¿Han disminuido las disparidades raciales y étnicas en la sentencia? los factores que contribuyen a la disparidad racial: diferencias raciales en la ofensa; las leyes aparentemente imparciales, pero con efectos raciales dispares –como el endurecimiento de las leyes contra drogas–; y trato desigual por el sistema de justicia.


El arresto, el escrutinio

Alfred Blumstein, criminólogo, profesor emérito de la Universidad Carnegie Mellon y pionero en las investigaciones sobre disparidad racial en las prisiones de Estados Unidos, explica en una entrevista que el mejor indicador sobre quién estuvo involucrado en un crimen son las estadísticas de arrestos; sin embargo, “estas estadísticas pueden verse distorsionadas por la participación diferencial de la policía, porque está más presente en barrios de minorías, particularmente los barrios afroamericanos. Entonces son más vulnerables”.

Las zonas más pobres suelen tener mayor delincuencia. Los policías revisan estas áreas con mayor frecuencia. Según datos el Censo, mientras que 8% de los blancos vive en situación de pobreza, el porcentaje para negros es de 21% y para los hispanos es de 18%. Es decir, hay mayor representación de negros e hispanos en barrios pobres.

Charles Pyle, juez retirado del Distrito de Arizona y fundador de la ONG Second Chance Tucson también lo confirma: “Si revisas de dónde provienen las personas liberadas de la Prisión Estatal de Arizona, verás que se centran en una docena de códigos postales en el estado. Creo que las familias hispanas están sobrerrepresentadas en los códigos postales donde la pobreza es alta y hay mayor prevalencia de personas que regresan de la prisión, lo que significa una alta prevalencia de escrutinio policial”.

El delito: a menor gravedad, mayor disparidad

¿Cómo saber si la mayoría de los que son arrestados son también los que más cometen delitos? Blumstein, junto con Allen Beck, comparó la data por raza para crímenes violentos provenientes de dos fuentes distintas: las víctimas y los policías.

“En los crímenes violentos la víctima conoce la raza del delincuente. Al igual que la policía también conoce la raza de la persona que arresta –comenta Blumstein–. Son dos fuentes de información muy independientes sobre quién comete crímenes violentos”. Para el estudio, revisaron los datos anuales de la encuesta nacional de victimización por delitos de la Oficina de Estadísticas de Justicia y los compararon con la información sobre los arrestos de crímenes violentos.

¿El resultado?: Blumstein dice que encontraron una “consistencia sorprendente” en la información reportada en los arrestos y por las víctimas. Es decir, según su análisis, la proporción por raza de personas que fueron arrestadas por crímenes violentos es similar a la proporción de personas que los cometen, según reportan las víctimas encuestadas.

La situación es diferente cuando se trata de delitos por drogas o contra la propiedad. “En los delitos por droga hay mucha discreción policial –continúa Blumstein–. Depende de dónde patrulla la policía. Pueden estar buscando armas en los bolsillos y encuentran drogas, con mayor frecuencia marihuana. Entonces, existe esa preocupación por la vulnerabilidad diferencial al arresto en todas las razas sobre todo en delitos de drogas, particularmente en delitos de orden público”.

La defensa, la condena y la salida

La clase social influye. “El crimen es más común entre los sectores socioeconómicos más bajos, y los negros e hispanos tienden a tener un nivel más bajo que los blancos”, indica Blumstein. Los datos del Censo señalan que en 2018, el ingreso promedio de los hogares blancos ($70,642 anuales) superaba en $19,192 al de los hogares de hispanos y en $29,281 al de los hogares de afroamericanos.

Cuando Blumstein hizo el análisis sobre la disparidad entre arrestos y presos, encontró que la mayor diferencia entre raza y etnicidad se encontraba en el tiempo de la condena.

El factor socioeconómico además influye en la capacidad de contratar a un abogado. De no poder costearlo, el acusado depende de defensores públicos que tienden a estar sobrecargados de trabajo. Eso impacta varias fases de proceso: el juicio, la sentencia, las apelaciones y el proceso de libertad condicional.

“Si eres un prisionero más rico, podrías conseguir un abogado que te ayude y presente tu caso ante las autoridades profesionales. Si no puedes pagar el abogado, entonces, podrías ser más vulnerable al juicio de las autoridades y a su sesgo explícito o implícito”.

Un análisis de los procesos de sentencia en 40 estados realizado por Cassia Spohn, criminóloga citada por Ashley Nellis de The Sentencing Project, encontró que factores no legales de raza y etnia sí influyen en las decisiones de las sentencias: “Los delincuentes negros e hispanos, particularmente aquellos que son jóvenes, hombres y desempleados, son más propensos que sus homólogos blancos a ser condenados a prisión que los delincuentes blancos con una situación similar”.

Los prejuicios. Todas las autoridades de ley –policía, fiscales, jueces o autoridades de libertad condicional–, pueden actuar influenciados por sus prejuicios. “No pretenden ser discriminatorios, pero la cultura donde viven les transmite sus prejuicios. Eso es difícil de resolver por completo”, dice Blumstein.

En el estudio de King y Light se reúnen conclusiones de varios informes que indican que los hispanos reciben sentencias más severas que los blancos, que la disparidad es más pronunciada en los hombres jóvenes y que tienen más casos relacionados con drogas.


‘Crimmigration’

En Estados Unidos ha habido más enjuiciamientos penales por delitos de inmigración que por todos los demás delitos federales combinados en 2016, según Transactional Records Access Clearinghouse 2016 citado en el estudio de King y Light. Es parte de lo que se conoce como ‘crimmigration’, una creciente criminalización de la inmigración. “La ciudadanía pronto puede igualar o superar la raza y el origen étnico como causa de castigos dispares” indican King y Light.

La gran mayoría de los hispanos castigados en los tribunales federales no son ciudadanos. Solo 26% de los hispanos que han sido castigados en un tribunal federal entre 1992 y 2016 han sido ciudadanos estadounidenses.


¿Están bien contados los hispanos?

A mí me categorizaron como blanco y no como hispano”, dice Ángel Sánchez, hijo de un cubano y una venezolana, quien pasó 12 años en una prisión de Florida. Cuando llegas al sistema, te categorizan. Yo pensaba que era blanco, porque o eres negro o eres blanco. Después de algunos años comencé a ver algunos latinos que decían en su tarjeta de identificación que eran hispanos”. Cuando pedía que corrigieran su identificación, recibía amenazas: “¿Tienes algún problema en ser blanco?” (los guardias eran blancos). “¿Quieres ir al calabozo?”.

Al salir, Sánchez estudió leyes en la Universidad Central de Florida y dedicó su tesis al estudio del impacto del derecho al voto, donde incluyó una revisión sobre cómo se hace la categorización en el estado. “En los correccionales de Florida, una persona no puede ser hispano y blanco al mismo tiempo, de acuerdo a la categorización que utilizan. Los hispanos se categorizan 70% como blancos, lo cual refleja que la población de latinos en las prisiones debe ser mayor de la que realmente está siendo contada”.

Al respecto, confirma Blumstein que “hay un problema allí, porque la información de las prisiones, en muchos de los informes de las prisiones estatales, tienen a los hispanos como una raza separada; pero cuando miras la información de arresto publicada por el FBI en los informes de delitos, Hispano no está creada como raza separada”.

El CSG Justice Center publicó un reporte del estado del crimen y la reincidencia en los 50 estados, refiere que no presentan información alguna sobre hispanos porque la inconsistencia en la recolección de los datos etnográficos entre estados. “Los datos nacionales y estatales relacionados con la raza adolecen de enfoques metodológicos consistentes para la recopilación e interpretación de estos datos, lo que obstaculiza a los investigadores que tratan de comprender las causas de la desproporcionalidad entre las agencias y en qué medida las políticas o prácticas las exacerban”.

Esto lo confirma un estudio del Urban Institute, que revisó la información recogida y reportada en los estados sobre hispanos respecto a arrestos, prisión, libertad condicional y libertad bajo palabra. El resultado es sorprendente: solo Alaska publica consistentemente esa información en sus reportes. Trece estados no publican ningún tipo de data sobre hispanos.

Algunas iniciativas

Blumstein dice que hay programas de entrenamiento para contrarrestar el sesgo implícito y sensibilizar a la gente. “Por ejemplo, un experimento que la gente ha emprendido es el de tomar un currículum vitae y enviar a los empleadores, a veces un nombre que suena blanco, a veces con un nombre que suena negro”. Y luego evalúan la toma de decisión.

El estudio Implicit Bias in the Courtroom de la escuela de Leyes de la Universidad de California (UCLA) muestra que la capacitación para reducir el sesgo implícito pueden tener efecto positivo. La autoevaluación de jueces de California y North Dakota antes y después de una capacitación, junto con una encuesta de seguimiento a los tres meses, señalaba que los jueces habían hecho esfuerzos para reducir el potencial impacto de sus sesgos implícitos.

Otras iniciativas locales están haciendo esfuerzos por reducir los arrestos. Un programa implementado por el condado Pima de Arizona, que busca disminuir la población en las cárceles del condado, decidió ofrecer servicios de tribunales en algunas zonas donde había trabajadores que no asistían a las citas de la corte. Terrance Cheung, Director de Iniciativas de Reformas del condado, y Wendy Petersen, Administradora Asistente del Condado, explican que decidieron facilitar el acceso a la corte cuando identificaron que estas personas eran de bajos ingresos y no podían despegarse de sus trabajos para ir a la corte.

Desde entonces, facilitan el acceso a la corte con tribunales que operan en la zona una vez al mes “para que sea más fácil para el público acudir a los tribunales y resolver sus problemas pendientes”, y así disminuir las órdenes de arresto.

Ashley Nellis menciona, como caso de éxito, las reformas realizadas en Nueva Jersey para disminuir la disparidad, que han logrado reducir su población carcelaria en 28% desde 2000. El mayor impacto ha estado en la modificación de las leyes sobre sentencias asociadas a la zona escolar libre de drogas, restableciendo la discreción judicial. Ese cambio parece haber tenido un impacto en las minorías: se redujeron en 30% la cantidad de presos afroamericanos, en 35% los hispanos y 16% los blancos.

Este trabajo forma parte del proyecto 'Segunda oportunidad', gracias a la Chan Zuckerberg Iniciative.
Coordinación: Tamoa Calzadilla y Olivia Liendo.
Asistencia en la investigación y producción: Ana María Carrano, Alexandra Barrera, Albany Urbaez Tahuil y Carolina Rosas.
Fotografía y composiciones fotográficas: David Maris.
Producción general: Emilce Elgarresta y Stephen P. Keppel.
Redes sociales: María Carolina Hurtado, María Dayana Patiño y Liliana Castaño.

¿Qué hacer durante las primeras 72 horas después de salir de prisión? (en fotos)

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