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La frontera también vota: Así recorrimos las 1,989 millas que dividen EEUU y México

En la cuenta atrás para las elecciones del 1 de julio, recorrimos la frontera desde Tijuana (Baja California) hasta Matamoros (Tamaulipas) y desde San Diego (California) a Brownsville (Texas) para conocer el territorio en el que Estados Unidos y México se funden. Así te lo contamos.

6 Jun 2018 – 5:37 AM EDT

Actualizaciones en curso
30 Jun 2018 – 6:59 PM EDT

Historias que retratan la frontera y reflejan el hartazgo con la política tradicional y la inseguridad

Amexica, la frontera también vota es un trabajo en equipo de Univision Noticias. Los periodistas Isaías Alvarado, Ana María Rodríguez, Paula Díaz, Esther Poveda, Patricia Clarembaux y Luis Velarde recorrieron la frontera. Además, Damià Bonmatí, Manuel Ocaño, Dulce Mascareño, Luis Hernández y Pablo Hernández contribuyeron con historias sobre el terreno. Los gráficos del proyecto son de Luis Melgar, la edición fotográfica de David Maris, el diseño web de Daniela Jaramillo y Paola Duque y Lorena Arroyo coordinó el proyecto.

En este blog, puedes encontrar todas las historias que contamos en el recorrido. Esto es lo que aprendimos en el viaje:

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30 Jun 2018 – 6:38 PM EDT

Nuestro viaje por Améxica, en imágenes

📷Los rostros de Améxica: la vida en el límite entre México y Estados Unidos

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📷Elecciones en México: ¿Por quién y por qué votan en la frontera?

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29 Jun 2018 – 5:35 PM EDT

Cuatro mexicanos cuentan por qué abandonaron el PRI y el PAN para darle su voto a Morena

MATAMOROS, Tamaulipas.- Por falta de oportunidades para competir por un cargo, por hartazgo y por falta de confianza en los políticos tradicionales. Esas son algunas de las razones por las que un político, dos jóvenes y una contradora de Matamoros no votarán por los partidos a los que habían apoyado hasta ahora sino que sumarán al izquierdista Morena de Andrés Manuel López Obrador, el candidato puntero en las encuestas de este domingo 1 de julio:

Víctor García Fuentes: del PRI a Morena


Desde su juventud, fue partidario del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y más recientemente su presidente en Matamoros. Dice que le gustaban sus valores de democracia, justicia social y el que siempre estuvieran del lado de los que menos tienen. Pero en Morena encontró eso mismo, solo que vislumbra que el partido de izquierda trae aires renovados.

Al PRI no le perdonó que aunque él les ayudara a ganar en Matamoros –una diputación federal en 2015 y muchos votos para el candidato a gobernador en 2016– luego no se le diera un espacio de participación para candidatearse.

"Yo veo en el partido que se seguían abonando los temas del influyentismo, del compadrazgo, del nepotismo, que eso es lo que muchas veces ha mermado el capital político en el PRI", asegura y explica que esto deviene en lo que considera "uno de los temas más graves del país: la corrupción".

"Son los hombres los que me hacen retirarme. Lo que pasa aquí es que hay personajes que secuestran al partido en todos los sentidos", agrega este otorrinolaringólogo de 56 años. Y Morena le dio "lo más fuerte", dice: "la oportunidad de participar".

Para él, el sentimiento de miedo que ha surgido en un sector frente al ascenso en las encuestas del candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, sencillamente es "creado por aquellos que no quieren perder el poder".

Bryan Tader Amador y Vanessa Hernández, del PRI y el PAN a Morena

Su corta edad no impide que Bryan Tader Amador y Vanessa Hernández estén hartos del funcionamiento de la política mexicana. "Solo buscan satisfacer cosas mínimas y la gente se deja (...) siento decepción", dice Tader, de 19 años y quien apenas ha votado en una elección local por el PRI. Ahora marcará la boleta a favor de Morena porque considera que demuestra en su discurso "más compromiso con la gente".

Otra de las razones por las que este joven se cambió de partido es porque uno de sus profesores de la universidad es uno de los candidatos del partido de izquierda. "Le estoy dando un voto de confianza. No estoy en la cabeza de él, pero creo que si no lo hace bien quedaría mal con muchos que lo estamos siguiendo".

Por su parte, Hernández, de 20 años, era seguidora del Partido de Acción Nacional (PAN), pero también le dio la espalda y votará por Morena, porque cree que "le hará bien al país, mejorará la seguridad, bajará los impuestos y apoyará a los jóvenes". Su mayor decepción es que la exalcaldesa Leticia Salazar, por quién sufragó en su primera elección, no reforzó entre sus políticas los temas educativos, como las becas o el transporte para los estudiantes.

Karla González, del PAN a Morena


Hasta hace dos semanas, esta contadora de 35 años estaba indecisa sobre su voto. Ya Ricardo Anaya, el candidato a presidente por el PAN, su partido, le gustaba poco: "La manera en la que llegó a la candidatura no es la adecuada. Se autoimpuso", dice.

Pero cuando él ofreció dar a los mexicanos un ingreso mensual de 1,500 dólares solo por ser mexicanos, ella se decidió. "Esas son precisamente las medidas en las que ellos se proclaman en contra", reclama. Su voto en estas elecciones será entonces para Morena, aunque el partido no le convence del todo.

"Mi voto es para decir que ya estamos hartos de lo mismo. Es un voto castigo ante todos los políticos que nos han gobernado. Es una manera de decirles 'estamos hartos de cómo han manejado el país, queremos algo diferente'", asegura. "No quiero que Anaya sea presidente ni que el PRI siga gobernando".


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29 Jun 2018 – 4:57 PM EDT

"Mientras uno pueda, debe votar", dice una mexicana de 70 años que vive en Texas


BROWNSVILLE, Texas.- Cristina Rodríguez ya planificó su rutina del domingo. Se levantará tan temprano como pueda en su casa en San Benito (Texas) para llegar a su casilla de votación, incluso antes de que abra a las 8:00 am. "Yo me voy sola manejando". Ni su esposo, que es estadounidense, ni ninguno de sus dos hijos en Estados Unidos la acompañará a votar.

"Mientras uno pueda, debe ir a votar porque eso es lo más importante para un mexicano. Hay que servir de ejemplo". Ella tiene 70 años, 20 de ellos viviendo en San Benito como residente legal. Y a pesar de haberse mudado hace tanto tiempo, asegura que ha ido a votar en todas y cada una de las elecciones que ha podido.

Rodríguez se cuenta entre tantos otros de sus paisanos que, a horas de las elecciones, no han decidido aún a quién darle su voto. Ella asegura, como muchos, que una vez que esté frente a la boleta se decidirá.

"Anteriormente sí votaba al mismo partido", dice. "Pero veo tantas cosas que para dar mi voto esta vez quiero pensarlo bien". Para definirse, dice que lee las noticias por donde puede: por Facebook, por la televisión... De las cosas que más le preocupan están la inseguridad, sobre todo porque uno de sus hijos vive en Matamoros.


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29 Jun 2018 – 12:33 PM EDT

Esta mujer quiere seguir siendo la alcaldesa de una de las ciudades más peligrosas de México


REYNOSA, Tamaulipas.- “Eres inteligente, hermosa y valiente. No lo dudes”, susurra Maki Ortiz Dominguez al oído de cada niña que encuentra a su paso entre la multitud que la recibe en el poblado de Lampacitos. Siempre les repite la frase, acota su jefe de medios.

Ella aspira a reelegirse como alcaldesa por el Partido de Acción Nacional (PAN) este 1 de julio –va de primera en los sondeos– en una de las ciudades más peligrosas de México, una en la que ni siquiera hay cifras claras de secuestros, homicidios o delitos menores, pero donde todos las suponen y muy altas. Es la fronteriza Reynosa.

Dice primero que no tiene miedo y que no marcha con guardaespaldas, que allí vive y ha gobernado esta zona por un año y medio. Luego reconoce que por varios meses la ciudad ha estado entre las cinco más violentas del país: "Siempre tenemos cuidado, sabemos exactamente lo que pasa".

Como mujer, explica, no ha sido fácil llegar a donde está. “Fui diputada general porque faltaba una cuota de género y entonces me pidieron completarla, no porque fuera nada extraordinario. Logré ir a la diputación federal, ganar la elección y demostrar que valía la pena que hubiese llegado".

Y cuando obtuvo la alcaldía de Reynosa en 2016, se convirtió en la primera mujer en la historia de la ciudad en obtener el cargo. En su discurso de juramentación esa vez le habló a un público específico: "A los hombres les agradezco profundamente la confianza y estoy segura de que seré la primera, pero no la última".

Ortiz es sobreviviente de cáncer de mama y sufrió un infarto cerebral que le afectó el lado izquierdo de su cuerpo, tanto que ahora le impide abrazar por completo a sus seguidores mientras hace campaña. Por eso, cuando le dicen que la violencia en Reynosa es imposible de resolver, asegura que ante cualquier cosa que pase en la vida “siempre puede haber una solución”.


Pero en esta ciudad hay un problema mayor que escapa de sus manos. No tiene cómo atender delitos comunes como robos de autos, agresiones sexuales o secuestros porque no cuenta con una policía municipal que patrulle las calles, prevenga y eduque, y recopile las cifras.

En la zona actúa el mando único, creado por el expresidente Felipe Calderón –también del PAN, su propio partido– para recuperar la confianza en las instituciones y centrar las labores de seguridad en policías federales, estatales y autoridades militares. Ninguno de ellos ejerce funciones de vigilancia sobre esos crímenes tan cotidianos por estos lados.

Muchos en Reynosa –periodistas y lugareños– aseguran que ese es un hueco que debe ser llenado: el de tener una policía de cercanía. Lo ha pedido incluso ella misma para las zonas industriales y turísticas.

"Se necesita que tengamos el apoyo del gobierno federal porque la verdad nos ha faltado que nos apoyen. Se ha ido, por ejemplo, una parte importante en la Marina y nosotros los necesitamos aquí", reclama.

En esta ciudad se ha instaurado un toque de queda autoimpuesto por los reynosenses. Cuando cae la noche, las avenidas quedan casi vacías. Y antes de salir de sus casas por la mañana, los ciudadanos monitorean sus redes sociales y grupos de WhatsApp para asegurarse de que no haya retenes o tiroteos activos en sus rutas. Usan también páginas de Facebook con nombres como Código Rojo o Alerta Reynosa, donde hay reportes actualizados por ciudadanos sobre la violencia.

Ortiz cree que desde su puesto puede aportar al problema de la inseguridad creada por los cárteles con becas de estudio y con el apoyo de los padres, algo que claramente no es suficiente para una calles atestadas de tiroteos diarios.

La inseguridad es un tema que ella no tocó directamente en su acto de cierre campaña. Ella reconoce que puede ir "A toda Makina", como es su lema, pero solo en buscar solución a problemas como el asfaltado de calles, la iluminación, el mejoramiento de escuelas. Detener las balas del crimen organizado y los muertos cotidianos que ellas se cobran, no son una oferta que pueda cumplir.

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29 Jun 2018 – 12:26 PM EDT

Día 24: Reynosa - Brownsville - Matamoros

Distancia recorrida

Faltan

1,909 millas

80 millas

(3,070 km)

(130 km)

EEUU

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McAllen

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Distancia recorrida

1,961 millas

(3,155 km)

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28 Jun 2018 – 6:32 PM EDT

Por qué la ciudad fronteriza de McAllen se convirtió en la mayor puerta de entrada de indocumentados a EEUU


McAllen, Texas.- Varias decenas de personas gritaban y rodeaban este jueves la corte federal de McAllen, pidiendo libertad para adultos y niños indocumentados. A estos juzgados, centenares de inmigrantes llegan cada semana desde que arrancó la ‘tolerancia cero’ contra los indocumentados, una política que ha situado un nuevo punto clave en el mapa de la ciudad texana de McAllen.

Desde que menos inmigrantes cruzan cladestinamente por el desierto y muchos más lo intentan por el Río Grande, McAllen, con casi 150,000 habitantes, se ha convertido en la mayor puerta de entrada de indocumentados al país. Y, en las últimas semanas, en el epicentro de una crisis migratoria que ha traído hasta aquí a funcionarios, legisladores, activistas y periodistas de toda la nación.

Estos son cinco escenarios que explican por qué McAllen es el epicentro:

1. El río:

A unas millas al sur de McAllen, está el parque Anzalduas, con bancos y barbacoas, que miran al río y a México. Aquí el Río Grande dibuja curvas agudas, lleva un caudal fuerte e inunda fácilmente las zonas aledañas. Es una tierra con mucha vegetación, con verde vistoso de día que puede convertirse en una oscura trampa de noche. Realmente el parque es un oasis de tranquilidad en esta zona. En el resto se ven patrullas, barcos de vigilancia, radares, helicópteros e incluso autobuses para transportar en decenas a los inmigrantes detenidos. La Patrulla Fronteriza asegura que, en estas millas de río, se producen el mayor número de cruces clandestinos al país. La mayoría de inmigrantes dicen cruzar en balsa, un viaje rápido pero muy peligroso, por el que coyotes y narcos en México piden como mínimo 1,000 pesos (unos 50 dólares).


2. Úrsula:

La mayoría en McAllen llama a este edificio Úrsula, por la avenida en la que se encuentra, pero su nombre oficial es Centro de Procesamiento Central de la Patrulla Fronteriza. Tras ser detenidos y pasar por pequeñas estaciones, los inmigrantes indocumentados son traídos hasta aquí. Es donde los agentes migratorios los derivan a centros de detención del Servicio de Inmigración (ICE) o para llevarlos a la corte criminal. Hace unos días las grandes televisiones del país, incluida Univision, emitieron sus noticieros de máxima audiencia desde un pequeño estacionamiento que hay delante del centro. Casi nunca entra la prensa, más a menudo cónsules y abogados. Esta vez impactó a parte de la nación y del mundo ver que niños y familias pasan allí las horas en perímetros de valla metálica, comparados por muchos con jaulas, echados en el suelo y tapados con mantas isotérmicas, algo que ya pasaba bajo el mandato del presidente Barack Obama. Es por esas ‘jaulas’ que tantos inmigrantes lo llaman ‘la perrera’.


3. La corte federal:

Es un nuevo punto en el mapa migratorio de McAllen. La política de ‘tolerancia cero’ del gobierno de Trump incluye procesar criminalmente a los inmigrantes por entrada ilegal, lo que ha significado que decenas y decenas de extranjeros sean juzgados a diario en la corte del distrito sur de Texas, en McAllen. En torno a las 7 de la mañana, uno o dos autobuses blancos llegan a la puerta trasera y los inmigrantes bajan con las manos y los pies atados, los zapatos sin cordones y la cabeza gacha. Se reúnen a puerta cerrada con los defensores públicos, y sobre las 9 tienen audiencia con el juez. Hay tantos inmigrantes que procesar que hacen juicios masivos: sentados en los bancos del público y equipados con audífonos para la traducción, los acusados todos a la vez oyen sus derechos, se declaran culpables y son sentenciados. En los últimos días hubo audiencias con más de 70 u 80 inmigrantes procesados en menos de dos horas.

4. La estación de autobuses:

Los mismos autobuses blancos que se ven cerca del río, delante de Úrsula y en la puerta trasera de la corte, también se paran al menos una vez al día aquí. Vienen de los centros de inmigración de ICE y liberan a decenas de familias inmigrantes cada día para que sigan sus procesos migratorios desde múltiples puntos del país, donde tengan un familiar o un amigo que los acoja. Llegan cansados, sucios, con una bolsa transparente con sus pocas pertenencias en Estados Unidos y un pliego de papeles en inglés para seguir con sus trámites. Hace unos días, esperaba un autobús a Houston Carmen, una guatemalteca de 32 años, con su bebé de seis meses. Cruzaron México en un tráiler, durante 40 horas y con unas 80 personas en el remolque. Como tantos en la estación de autobuses, decía no saber nada de la política migratoria de Estados Unidos, pero le sorprendió que la separaran de su hermana.

5. El refugio de la hermana Norma:


Ella, la hermana Norma Pimentel, es una star en McAllen: la visitan políticos y periodistas, asiste en primera fila a protestas y pone cara a la crisis migratoria en la frontera. Su albergue de Caridades Católicas, a unas cuadras de la estación de autobuses, es un respiro en la odisea del inmigrante. Durante esas horas o ese día que esperan su autobús, los inmigrantes tienen aquí ropa limpia, duchas, comida, teléfono, orientación legal y voluntarios que les explican qué significan esos papeles en inglés que ICE les dio antes de liberarlos. También recargan sus grilletes electrónicos con los que les permiten salir del centro de detención. Sobre las 7 de la noche un voluntario levanta la voz: es hora de volver a la estación de autobuses para abandonar McAllen. Nueva Orleans, Nueva York, Virginia, Los Ángeles, Oklahoma… algunos no saben nada de esos sitios ni de ser indocumentado en Estados Unidos. Es su siguiente paso.


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28 Jun 2018 – 10:39 AM EDT

"No podemos salir ni a México ni a Estados Unidos": así es vivir en la jaula del Río Grande


McAllen, Texas.- Un día, su hijo comentó que vivían en una jaula. Tenía tan solo 11 años. En casa nunca lo habían hablado, pero Norma pensó que su pequeño tenía demasiada razón.

La “jaula” de Norma y José es el valle del Río Grande, en el extremo sur de Texas: “No podemos salir ni a México ni a Estados Unidos”. Para este matrimonio, la repetida idea de que la frontera es un país aparte toma dimensiones reales.

Al sur tienen la frontera con México, que superaron por una garita hace 17 años y que no volvieron a cruzar nunca más por miedo a no poder volver a Estados Unidos. Al norte, los llamados checkpoints, puntos de control de la Patrulla Fronteriza donde verifican la documentación antes de abandonar el área.

Y esa segunda frontera dentro de Estados Unidos es una línea real y visible pero que muchos estadounidenses del resto del país desconocen. Decenas de miles de inmigrantes han construido sus vidas en unas cuantas millas cuadradas fronterizas, evitando viajar a ciudades como San Antonio, Austin o Houston por razones médicas, educativas o familiares.

Quienes necesitan ir al norte sí o sí arriesgan sus vidas al rodear, campo a través, checkpoints como el de Falfurrias (a 70 millas al norte de la frontera) y el de Sarita (a 80 millas). Pese a la distancia del Río Grande, son zonas con una alta mortalidad de inmigrantes que, solos o dirigidos por coyotes, pierden la vida perdidos, deshidratados y quemados.

Una noche de invierno, Norma se arriesgó. Los médicos le dijeron que una de sus hijas, con tan solo cuatro meses, estaba entre la vida y la muerte. Tocaba viajar en ambulancia a Corpus Christi, al norte de los checkpoints. José le advirtió que la podían deportar; ella contestó que tenía que salvarle la vida a la pequeña.

En el hospital fronterizo una enfermera, consciente del riesgo que la mamá enfrentaba, le dio un rosario. El viaje empezó en ambulancia, una patrulla estatal los paró, pero nunca le pidió los papeles. La niña empeoraba, tuvieron que recurrir a un helicóptero, y llegaron a Corpus Christi.

Fue la única vez de su vida que esta mexicana de 42 años voló, pero estaba tan angustiada que no logra recordarlo. Al cabo de tres días de no reaccionar, la niña abrió los ojos. Era un 25 de diciembre, el primero que la familia pasaba separada y con Norma fuera de la jaula.

Nunca más salió del valle, pero es una luchadora activista inmigrante dentro de él. Hace unos días, hizo una huelga de hambre de 24 horas por los padres indocumentados separados de sus hijos.


“Tomamos cultura mexicana y tomamos cultura americana”, explica ella más de una década después. Esa es la rica parte de vivir en el ‘borde’. En la casa, el matrimonio habla español y los hijos muchas veces inglés, otras español, y spanglish casi todo el tiempo.

Tiene seis hijos: los cinco menores son ciudadanos estadounidenses y la mayor es beneficiaria de DACA. Gracias a ese permiso temporal, Iara, de 22 años, trabajó fuera del Valle, recorrió 30 estados y se enamoró de un muchacho de Chicago. Nunca ha vuelto a su pueblo natal en México, a solo 29 millas de la frontera, pero siempre se acordaba de una merienda que comía con 4 o 5 años: la nieve de yogurt.

La recordaba y recordaba, hasta que un día fue a un restaurante de la zona que abrió otro mexicano de Valle Hermoso, del mismo pueblo, en Tamaulipas. Iara encontró la nieve de yogurt, sabía igual. Cosas que pasan dentro de la jaula.

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28 Jun 2018 – 10:23 AM EDT

Día 23: McAllen

Distancia recorrida

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1,909 millas

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27 Jun 2018 – 1:30 PM EDT

“No me interesa”: la apatía de los mexicanos que viven en un poblado a escasos metros de la frontera


LAREDO, Texas.- Están a poco más de cuatro millas de la frontera con Nuevo Laredo, pero aquí no se habla de elecciones. Son los mexicanos que viven en la localidad El Cuatro, quienes se muestran apáticos frente a los comicios que se celebrarán este domingo en su país.

“No me interesa”, le dijo a Univision Noticias Carlos Ramírez, un sexagenario nacido en Estados Unidos, pero con raíces mexicanas. “Si los mexicanos ya se han venido para acá, ¿cuál es la idea de votar?”.

Dalia Yanos ha pasado 20 años sin elegir a ningún gobernante y tampoco tiene tarjeta de elector. “Es más de lo mismo. Siempre hay campaña y no hay alguien a quien irle. Prometen cosas y a la media hora no las cumplen”, asegura. Esta mujer de 45 años tiene seis hijos, todos adultos. Y como ya los crió cuenta que, a pesar de que no vota, desea volver a su casa en Nuevo Laredo. Dice que la vida es muy costosa en Estados Unidos y que al menos allá tiene su casa.

“Me preguntan que para qué me voy a devolver con esa violencia que hay. Yo les digo que quien no le debe nada a nadie de qué va a temer”.


Una mexicana que vive sin documentos desde hace 20 años en Laredo y prefirió no dar su nombre asegura que no tiene necesidad de ir a México y mucho menos de votar. “No me interesa. Si aquí está mi familia qué voy a hacer yo para allá. Para qué voy a estar pendiente de las noticias y de la elección si no puedo hacer nada”, dice.

A pesar de su perfecto acento mexicano, el dueño de una taquería aseguró que es y se siente estadounidense. Tampoco le interesa la decisión que México tomará el domingo y que para muchos es determinante. “Yo soy es estadounidense. Allá son todos una bola de corruptos. No quiero meterme en eso”.

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27 Jun 2018 – 10:34 AM EDT

Partidarios humillados, tiroteos y candidaturas retiradas: la violencia domina la campaña en Nuevo Laredo

NUEVO LAREDO, Tamaulipas.- Al buscar “Nuevo Laredo mapaches” en Twitter o Google una lista de notas y fotos muestran a personas completamente desnudas, con sus cuerpos pintados de azul y el cabello rapado. En sus pechos se lee en blanco: “Dame tu IFE (tarjeta electoral)”; en sus espaldas: “Vota PAN (Partido de Acción Nacional) por $500”. Los obligan a caminar así por calles, supermercados, plazas e incluso por centros comerciales, como el concurrido Mall Plaza Reforma.

Son los llamados 'mapaches', personas que supuestamente intentaron comprar votos de cara a las elecciones de este domingo y fueron reprendidos de esa manera.


¿Quién los castiga? ¿Quién los pinta? Nadie lo sabe con certeza. Se cree que pueden ser grupos de criminales e incluso de ciudadanos para castigarlos por interferir en la voluntad de los electores. Pero hay dudas sobre las intenciones de esta humillación.

“Uno no sabe si sea un arreglo con esas personas o si son mensajes manipulados; no se sabe si lo hacen para causar lástima o para tratar de convencer a la gente con la idea de que ellos (los partidarios del PAN) son los buenos (…) Lo que sí se escucha en las voces de estos videos es que están siendo hostigados. No van solos sino que están siendo dirigidos”, asegura Donaciano Pacheco Cervantes, miembro de la organización no gubernamental Participación Ciudadana, que opera en Nuevo Laredo y promueve políticas públicas. “Crea inquietud y hace pensar que no va bien la elección”.

Desde la redacción del diario local El Mañana, el editor Daniel Rosas critica que la autoridad electoral no se haya pronunciado ni para rechazar ni para confirmar y condenar que esto esté ocurriendo en la ciudad.


Y no son solo los llamados ‘mapaches’. En el estado de Tamaulipas también ha habido destrucción de propaganda de todos los partidos y un ataque a disparos a la Casa de Gobierno, desde donde despacha el gobernador Francisco Cabeza de Vaca, del PAN . En esa entidad, 78 políticos han retirado su candidatura tras recibir amenazas: “Esto habla del miedo, de que los poderes fácticos son más fuertes que los electos”, asegura Rosas.

“Indudablemente que esta ha sido la campaña más violenta que hemos vivido”, agrega. Explica que la impunidad que ya reinaba en Tamaulipas hace que las agresiones a ciudadanos también sean mayores en estos tiempos electorales.

Esta ciudad de 500,000 habitantes se encuentra en uno de los estados más inseguros de la frontera con Estados Unidos, con más de 300 homicidios en los primeros cuatro meses de 2018. Tiene además una historia de crímenes relacionados con el narcotráfico de la que no puede desligarse. Hubo una época incluso en la que los ciudadanos se escondieron en sus casas huyendo de los tiroteos y las matanzas. Pero el tiempo normalizó la violencia y dejaron de aislarse. Otros sencillamente huyeron.

A solo días de la elección y pese lo conflictiva que ha sido la campaña, Fernando Ríos, también miembro de Participación Ciudadana, anticipa que las votaciones serán “masivas” y cree que la gente reconoce la importancia de votar. Este es un punto de acuerdo entre los tres entrevistados.

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27 Jun 2018 – 10:04 AM EDT

Día 22: Laredo - Nuevo Laredo

Distancia recorrida

Faltan

1,765 millas

224 millas

(2,840 km)

(360 km)

EEUU

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26 Jun 2018 – 5:45 PM EDT

"Alguien tiene que hacerlo", dice el político que sustituirá al candidato a diputado asesinado en Piedras Negras


Jesús Mario Flores, un veterano político de Coahuila, tiene ante sí la difícil misión de sustituir en la boleta a su colega Fernando Purón, el candidato a diputado federal que fue asesinado este mes en Piedras Negras cuando salía de un debate. En total, 130 políticos han perdido la vida por la violencia en la campaña más sangrienta de la historia de México.

Mira la historia completa aquí:

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26 Jun 2018 – 10:53 AM EDT

Cansados de la inseguridad y hartos de la política tradicional: así viven la campaña en Ciudad Acuña


CIUDAD ACUÑA, Coahuila.- La inseguridad es un problema que preocupa a los habitantes de Ciudad Acuña, un municipio en el noreste de México, en la frontera con Texas. Recorriendo sus calles, algunos de sus habitantes aseguran que la violencia es generada por la propia policía o por el cartel dominante, el de los Zetas, al que no nombran por miedo. Otros no se atreven a salir de sus casas cuando cae la tarde.

Le pasa a Juan Pablo Medeano, de 19 años. Trabaja en un taller mecánico a orillas de la carretera. Recrimina que no puede andar por la calle con confianza: “Me pueden golpear”, dice con timidez, aunque asegura que hasta ahora nada le ha pasado porque es precavido.

Juan Adrián Ramírez, de 37 años y supervisor de estaciones de gasolina, señala que la inseguridad es el problema que más le preocupa. “Le tengo más miedo a la policía que al malandro (...) Aquí no se puede andar a gusto en las calles, porque te para la policía y que a hacerte una revisión de rutina”, asegura desconfiado. A muchos de sus conocidos, les han puesto multas en esos retenes sin siquiera darles un recibo, con lo que no pueden reclamar ante ninguna autoridad.

El hartazgo de la política tradicional está muy presente en las opiniones de los habitantes consultados en esta calurosa zona de México.


Verónica Hipólito, de 42 años, tiene cinco hijos. Uno de ellos es discapacitado y en la campaña pasada pidió ayuda a los candidatos del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Aunque la recibieron, no le mejoraron su situación: “No me arreglaron nada”.

Ramírez cree que los políticos que han gobernado el país solo cumplen “lo que les conviene a ellos y no al pueblo”. Por eso, dice, no tiene miedo de darle su voto a una opción que genere un cambio en su comunidad de Ciudad Acuña.

Juan Carlos Escobar tiene 40 años y fue deportado recientemente. No tiene credencial para votar, pero asegura que si pudiera tampoco lo haría, ni siquiera por la candidata cuyo nombre lleva impreso en la camisa que viste y que le regalaron en un acto de campaña. “Ninguno pone un plato de comida en la casa de uno aunque uno vote por ellos”.

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26 Jun 2018 – 10:05 AM EDT

Día 21: Ciudad Acuña - Piedras Negras

Distancia recorrida

Faltan

1,621 millas

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(2,578 km)

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Faltan

1,621 millas

386 millas

(2,578 km)

(622 km)

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N. MÉX.

ARIZ.

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Ciudad Acuña

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Distancia recorrida

Faltan

1,653 millas

336 millas

(2,659 km)

(541 km)

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Eagle Pass

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(2,659 km)

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25 Jun 2018 – 5:32 PM EDT

"Vienen, prometen y no nos ayudan", el reclamo a los políticos en un poblado de México que se siente abandonado


BOQUILLAS DEL CARMEN/Coahuila.- Sí que se sienten los más de 100 grados Farenheit en Boquillas del Carmen, un poblado en el extremo noroeste del estado de Coahuila, a orillas del Río Bravo. El calor emana hasta de la tierra y los zapatos se calientan. Sus calles son veredas no asfaltadas con pequeñas casas precarias a los lados, algunas sin agua ni electricidad.

En Boquillas del Carmen viven apenas 110 personas. No hay hospitales; solo una unidad de salud que abre cada dos semanas y sufre de escasez de medicinas. Tampoco hay grandes centros comerciales; solo dos restaurantes, dos posadas y una cantina. No hay luz corriente: los postes y el cableado están instalados, pero nunca se conectaron. Todo el pueblo funciona con luz solar. Y no todos tienen agua instalada en sus casas: quienes viven en el centro del pueblo, sí, pero quienes están en las márgenes del río tienen que caminar con sus pipotes y llenarlos.

Sus pobladores viven de dos cosas: el turismo y su artesanía. Es común ver en sus caminos de tierra burros y camionetas SUV cargando a los turistas desde el río hasta el pueblo.

Sin esas dos cosas ya han comprobado que el pueblo se convierte en un territorio desierto y sin economía. Cuando en 2002 les cerraron el paso fronterizo a través del río luego del ataque terrorista a las Torres Gemelas, muchos se marcharon a los municipios más cercanos, como Muzquis, porque no había forma de sobrevivir.

Le preguntamos a los pobladores de este municipio mexicano que se seinte olvidado por su gobierno qué esperan de las próximas elecciones del 1 de julio. Mira el la galería de fotos sus respuestas.

En fotos: "Vienen, nos prometen y no nos ayudan", reclaman los habitantes de un poblado que se siente abandonado en México

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25 Jun 2018 – 10:49 AM EDT

Un mexicano y un estadounidense quieren mostrar con un negocio de turismo que sus países pueden ser socios


BOQUILLAS CROSSING, Texas/ BOQUILLA DEL CARMEN, Coahuila.- Mike Davidson es estadounidense y Ernesto Hernández es mexicano. Ambos decidieron asociarse hace cinco años en un proyecto que impulsan a diario en el propio Río Grande: tienen pequeñas canoas que cruzan a los turistas desde la inhabitada orilla de Boquillas hasta la del poblado de Boquillas del Carmen. Lo hacen a fuerza de remar un trecho de unos cinco metros de ancho y de poca profundidad.

“Nosotros queremos probar que las relaciones binacionales son buenas”, dice Davidson, un aficionado de los viajes y el turismo, en un español con acento estadounidense aunque con conjugaciones casi perfectas. “No vamos a cambiar el mundo, pero podemos hacer un modelo positivo de cooperación”, agrega al referirse al momento tenso que viven los dos países.


El proyecto arrancó justo cuando se abrió esta frontera, luego de un cierre de más de 10 años tras los atentados terroristas en las Torres Gemelas. En ese tiempo, han llevado a más de 50,000 turistas de un lado al otro del río.

Ambos se conocen hace 34 años. Después de tanto tiempo, la relación se fortaleció al punto de que son compadres: Davidson es el padrino de la hija de Hernández. Comparten además sus propios idiomas: el estadounidense le enseñó inglés al mexicano y éste le corrige el español a su amigo. Acumulan viajes y travesías por ríos y tierras en ambos países, vacaciones y el crecimiento del negocio.

Davidson ha viajado a México desde 1975, cuando cruzó por primera vez a Ojinaga, en el norteño estado de Chihuahua. De ahí en adelante no pudo dejar de visitar el país. Fue a Durango; navegó el río Grande de Santiago, que recorre los estados de Jalisco y Nayarit; recorrió Mazatlán, en Sinaloa. Y ahora planea sus próximas vacaciones a Yucatán.

Ernesto Hernández tenía 17 años cuando conoció a Mike Davidson. El estadounidense llegaba a una competencia en el río Veracruz, en México, y por casualidad se encontraron. “Él era un guía profesional. Llevaban botiquín de primeros auxilios, herramientas. Para mí fue como una cosa muy loca en mi mente. Yo hacía viajes, pero nunca pensé en eso”, cuenta. El mexicano quería ser parte de ese equipo y cuando le preguntó a Davidson si podía trabajar con ellos su respuesta fue: “Debes entrenar”. Y así lo hizo.

“Ya me superó”, reconoce orgulloso Davidson.

Ahora, la vida de ambos gira en torno a ese negocio y a que no dañe el ambiente. Además, comparten un debate: el del muro que el presidente Donald Trump asegura querer construir en la frontera.

“Es técnicamente imposible”

El parque nacional Big Bend muestra un paisaje de imponentes montañas. “Ahí está el muro, tiene 500 metros de altura (...) Son un par de cañones: del lado izquierdo, Santa Elena, México; del derecho, el Big Bend, Estados Unidos”, replica Davidson al señalarlas a la distancia. Para él, la idea de levantar una barda “es técnicamente imposible”.


Por eso cuando escucha a los políticos desde Washington hablar de una pared en esta zona, cree que lo hacen sin conocer la geografía de esta zona. Son más de 800,000 acres de desierto e interminables montañas rocosas atravesadas por más de mil millas de Río Grande que se convierte en la frontera natural.

“Va a costar mucho, mucho dinero”, asegura. Entonces, enumera los imposibles. Uno: necesitarían un número de trabajadores mayor a los 89 habitantes de Terlingua, el más cercano a ese límite. Dos: si vinieran más personas no hay dónde hospedarlas, pues apenas hay unos pocos hoteles. Tres, al hacerlo se limitará la migración de animales que ocurre naturalmente, lo que generaría un “daño ecológico enorme”. Y la última, los paisajes: “¿Qué van a ver los turistas con un muro de 10 metros de alto?”, se pregunta.

Eso sí, si al final el presidente Trump cumpliera su promesa, Davidson sabe dónde quiere estar. “Si ponen un muro he considerado de qué lado voy a caer, y será el sur”.


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25 Jun 2018 – 10:12 AM EDT

Día 20: Parque Nacional Big Bend

Distancia recorrida

Faltan

1,372 millas

617 millas

(2,207 km)

(993 km)

EEUU

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N. MÉX.

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Parque Nacional

Big Bend

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24 Jun 2018 – 7:33 PM EDT

El profesor en Ojinaga que insiste en educar a deportados, pero ellos solo quieren trabajar

OJINAGA, Chihuahua.- Cuando un deportado llega a Ojinaga es recibido por alguien del programa de educación para adultos de Chihuahua. Marcelo Aranda Rioja lo coordina: “Una persona se encarga de registrarlos, anotarlos y entregarles una libretita con un lapicero”, cuenta este profesor con 50 años de experiencia.

En la libreta que les entregan va impreso el mensaje “te recibimos con los brazos abiertos”, y también el número de WhatsApp (55) 60864922. Pero de ellos casi nadie escribe o se interesa en el programa. “Van de paso, pero se les da su registro para que si es su voluntad ingresen a estudiar a donde vayan”, cuenta al explicar que se trata de una iniciativa nacional.

Hace algún tiempo, en su equipo en el puerto fronterizo, eran dos personas las que atendían a los deportados. Pero el flujo de mexicanos expulsados de Estados Unidos ha bajado tanto en esta zona, dice, que ahora hay solo un encargado en el puerto fronterizo y asegura que probablemente pronto no haya nadie. “No ha habido mucha demanda de educación entre los deportados”.

Alan Rodríguez es esa persona que se sienta en la frontera a esperarlos. “Pasan pocos”, confirma. En abril fueron 20. Ninguno se inscribió en el programa. En mayo, 3. Tampoco se apuntaron. En junio fueron 2 y ocurrió lo mismo. “Es raro el deportado que quiere seguir estudiando”, explica. “Entre los 20 y 30 años te dicen que lo que quieren es trabajar y que no tienen tiempo”.

Al equipo de Aranda le toca seguir reclutando a personas que quieran terminar sus estudios de primaria y secundaria en Ojinaga. Ya siente la presión de la campaña. En una reunión con autoridades le pusieron unas metas de las que depende que el gobierno le reanude el financiamiento: un mínimo de 80 alumnos por cada trimestre que dura el programa. “Va a costar mucho esfuerzo”, dice.

Y mientras trabajan por cumplir esas metas, ve la campaña política presidencial y asegura que si los políticos ayudaran más a lograr cosas concretas, habría mejores resultados: “El país está resquebrajado de muchas maneras. Como son momentos electorales se sacan los trapos al sol. No me gusta esa forma de atacar”.

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24 Jun 2018 – 9:49 AM EDT

De cruzar a México al hospital a ayudarse frente a los apagones: este jefe de policía de un municipio texano explica por qué no quiere muro


PRESIDIO, Texas.- Marco Baeza tiene 20 años viviendo en la fronteriza ciudad de Presidio, en el suroeste de Texas. Es el jefe de policía desde 2002 y trabaja con un equipo de tres agentes. Y no es que sean pocos para resguardar a sus 4,000 habitantes. Dice que desde que asumió el cargo, allí no ha habido un asesinato. En sus estadísticas solo hay una agresión agravada contra uno de sus agentes y dos casos de resistencia a la autoridad.

Baeza es originario de Tijuana. Fue el único de sus nueve hermanos que nació en suelo mexicano. Por años la familia cruzó la frontera ilegalmente y él recuerda cómo fueron detenidos varias veces. Ahora es ciudadano estadounidense y en esa doble condición asegura que le molesta cómo muchas personas criminalizan a los inmigrantes. “Creo que nadie va a permitir que venga alguien a hacer daño”.

En esta frontera reconoce que llegan muchos indocumentados, pero él reitera que no va por la calle pidiendo papeles ni espera que sus policías lo hagan. “Ahora”, aclara, “si la persona viene y comete un crimen, una agresión sexual, un robo, y en el proceso nos damos cuenta de que no tiene documentos, claro que lo vamos a hacer y lo entregaremos a las autoridades si inmigración nos da un detainer (orden de retención)”.

Por todo eso, este mexicano-estadounidense se opone al muro fronterizo que quiere el presidente Donald Trump para esa zona, que los dejaría sin acceso al Río Bravo. Su policía trabaja en conjunto con la Patrulla Fronteriza para mantener la seguridad. Cree que tienen sus límites controlados. “¿Me dicen que la frontera de nosotros no está segura o que está peligrosa? No, no, no. Estamos bien”, reclama.

Una dependencia

Después de tantos años viviendo en esta ciudad, Baeza lleva consigo casi un libro de memorias. Cuenta a detalle la relación de interdependencia de Presidio y Ojinaga. Durante años, la vieja línea de electricidad dejaba de funcionar y la ciudad quedaba en sombras. Era su vecina quien le surtía energía hasta tres y cuatro veces por semana. Las cosas han cambiado: Presidio renovó su cableado y adquirió hace ocho años una batería solar que les resolvió los continuos apagones.


“Estamos mucho mejor, pero hay una sola línea de transmisión en Presidio. Así que cualquier rayo que caiga, cualquier incendio nos dejaría en lo mismo. Seguiríamos dependiendo de México”, dice.

Y la dependencia no es solo eléctrica. Cree que se extiende hasta en lo más cotidiano.

Baeza –como hacen muchos en Presidio– cruza al menos una vez a la semana la frontera. Del otro lado va a comer mexicano, a comprar porque es más barato, a visitar conocidos, al médico. Él se siente tan estadounidense como mexicano.

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