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Elecciones Venezuela

Colette Capriles: Los dilemas de la oposición venezolana

Colette Capriles: Los dilemas de la oposición venezolana

¿Qué camino tomará la nueva mayoría del Parlamento en Venezuela? ¿Acelerar el cambio político o legislar contra la crisis económica?

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Por Colette Capriles @cocap / Profesora de teoría política, analista

Pasada la medianoche, ya 7 de diciembre, la presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE) venezolano anunciaba, de manera un tanto precipitada, los resultados de las elecciones legislativas. Había tenido en vilo al país entero, asegurando que sólo se pronunciaría una vez que se hubieran reunido resultados “irreversibles”. Pero por el contrario, anunció resultados provisionales, adjudicando a la oposición una mayoría de 99 diputados, al partido de gobierno 46 diputados, y dejando 17 curules sin asignar.

Una avalancha de casi el 74% de los electores registrados envió un poderoso mensaje al gobierno de Nicolás Maduro. Y también a la oposición: el país quiere cambio, pero ¿cuál cambio? Esa es la definición que marcará los acontecimientos en las próximas semanas y meses.

Los datos que la oposición (y el gobierno) poseían en la misma noche de los comicios, indicaban que la derrota del gobierno debía medirse en términos de la mayoría calificada de 2/3 (112 diputados sobre 167) que los votantes habían asegurado para la Mesa de la Unidad Democrática (MUD): al menos 112 diputados, con un 55% de los votos y unos 15 puntos de diferencia con respecto a la votación obtenida por el Gran Polo Patriótico (GPP). Se entiende que el anuncio parcial permitió que los titulares en los medios internacionales y nacionales de esa noche fueran más benignos para el gobierno, diluyendo la magnitud del terremoto político del pasado domingo.

Seguidoras de la MUD celebran el triunfo el 6 de diciembre.
Seguidoras de la MUD celebran el triunfo el 6 de diciembre.

Dos días después, aún se están discutiendo resultados para unos pocos distritos, pero la MUD afirma tener 113 diputados designados por las Juntas Regionales Electorales. Con una supermayoría de 2/3, la oposición puede no sólo legislar y controlar al Poder Ejecutivo, sino que tiene potestades para el nombramiento de miembros de otros poderes (Poder Ciudadano, Poder Electoral, remoción de magistrados del Tribunal Supremo) y para modificar leyes habilitantes –que otorgan atribuciones legislativas al Ejecutivo. Esto último es particularmente importante porque en los últimos diez años, la Asamblea Nacional (AN) ha proporcionado sucesivas habilitantes, primero a Chávez y luego a Maduro, que les permitieron gobernar por decreto en una amplia gama de materias, especialmente económica.

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En otras palabras, la AN puede cumplir el papel de balance político que le asigna la Constitución e intervenir sobre las decisiones de un gobierno completamente desacostumbrado a rendir cuentas de sus acciones. Esto, de por sí, supone una mutación de las reglas del juego político, en las relaciones entre los poderes públicos y en la relación del gobierno con la sociedad. Puede ser el fin de un ciclo de hegemonía política del chavismo y un reencuentro con el pluralismo y la alternabilidad.

Pero no es en eso probablemente en lo que pensaba el chavista desencantado que, lejos de abstenerse como lo hizo en el referéndum para la reforma constitucional en 2007 o en las elecciones legislativas de 2010, decidió esta vez votar por la coalición opositora, sin sentirse atraído por candidaturas independientes. Y decidió castigar a un gobierno que siente lejano, aislado, distraído y corrupto, sin empatía ninguna hacia las terribles penurias que atraviesa la vida cotidiana del venezolano al que le pide lealtad “revolucionaria”.

El cambio que este venezolano quiere pasa por dejar atrás las colas infernales, la humillación del “no hay” y de la compra racionada según el número del documento de identidad, la melancolía de metros y metros de anaqueles vacíos, la evanescencia de un salario que se evapora en horas. ¿ Piensa en un cambio de gobierno? ¿Piensa en un cambio en la política económica? ¿Cuánto tiempo más puede esperar?

Para Capriles, la prioridad es atender la crisis económica y liberar a l...
Para Capriles, la prioridad es atender la crisis económica y liberar a los presos políticos.

Esas son las preguntas que saltan al rostro de una oposición que está por fin recogiendo el resultado de un esfuerzo de años. De un esfuerzo no siempre orientado con eficacia y muchas veces frustrado. Nadie ignora que esta resonante victoria le debe mucho a una crisis que tal vez sea la peor de la Venezuela contemporánea y que el gobierno no parece tener capacidad para enfrentar por su rigidez doctrinaria y arrogancia militarista. Quizás el primer desafío de la oposición es convertir la victoria en votos y en curules en una victoria política que convierta ese voto-castigo en un voto de confianza.

Pero en el seno de la coalición opositora hay diferencias estratégicas acerca de cómo plantear el foco de la acción política. En 2014, esa diferencia se puso de manifiesto con “La salida”: Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma sostenían que el gobierno debía ser enfrentado mediante la desobediencia civil; los líderes de los principales partidos políticos argumentaban que la agitación civil sólo aumentaría la represión y fortalecería a la figura de Maduro, mientras privilegiaban la vía electoral y de mediano plazo que tendría un punto de inflexión en las elecciones legislativas de 2015.

Maduro jugó entonces la carta del ciclo represivo más brutal de los años recientes y atravesó su Rubicón. Resultado: centenares de presos, entre ellos Ledezma y López, la exclusión de Machado de su cargo de diputada a la AN, y fortalecimiento del clan Maduro-Flores frente a otros grupos de poder chavistas.

Los resultados del 6 de diciembre significan entonces también una victoria para la estrategia electoral y de cambio progresivo que ha sido propugnada por los grandes partidos de la oposición y especialmente por Henrique Capriles, gobernador del estado Miranda, y con otros matices, por Henri Falcón, gobernador del estado Lara. Los esfuerzos unitarios permitieron construir una agenda electoral común para toda la oposición, con candidaturas únicas en las que estaban representadas todos los grupos que la componen, con lo cual la fractura de 2014 parece haberse sanado.

Sin embargo, la nueva mayoría parlamentaria se encuentra frente a un dilema que recuerda el de 2014: ¿acelerar el cambio político o concentrarse en una agenda legislativa que apunte a abordar de inmediato la terrible crisis económica y social? ¿Procurar una cohabitación que ponga límites a un gobierno que aún se considera “revolucionario” o radicalizar la oposición? ¿Abordar la crisis o prepararse para unas elecciones presidenciales adelantadas?

En agosto de 2015, la MUD, como parte de sus acuerdos unitarios para las elecciones, anunció la suscripción de un acuerdo político que define su acción legislativa como centrada en la búsqueda de “soluciones a la crisis” pero considerando también, si es necesario ante la resistencia del gobierno, “la activación de los mecanismos constitucionales para el cambio político que hagan posibles tales soluciones en el primer semestre del 2016”. 

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Así, será la dinámica política de los primeros meses de coexistencia de una Asamblea liderada por la oposición y de un gobierno nada dispuesto a esta cohabitación, la que defina el curso de acción que el nuevo Parlamento llevará a cabo.

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