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EEUU abandona oficialmente el Acuerdo de París, el gran pacto contra el calentamiento global en el que están presentes todos los grandes países

La retirada de EEUU del Acuerdo de París se consuma precisamente hoy, un día después de las elecciones. El demócrata Joe Biden prometió volver a entrar en este pacto si sale elegido presidente, mientras que otros cuatro años con políticas similares a las implementadas Donald Trump socavarán los esfuerzos para controlar el calentamiento global.
4 Nov 2020 – 01:38 PM EST
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Las elecciones presidenciales no son el único evento crucial en la agenda planetaria de esta semana. El 4 de noviembre es una fecha importante para todo el mundo ya que es el día en el que Estados Unidos se coloca, de manera oficial, del lado de Eritrea, Irán, Irak, Libia, Sudán del Sur, Turquía y Yemen, los únicos países que no se han sumado al pacto de París.

La fecha del 4 de noviembre añade dramatismo pero se debe a varias cláusulas incluidas en el acuerdo climático, que suscribió Barack Obama en abril de 2016.

Uno de los artículos del Acuerdo de París —que busca mantener el incremento de la temperatura media global por debajo de los 2.0 C (3.6 F)— establece que ningún país firmante podía solicitar el retiro hasta pasados tres años de la entrada en vigor de este acuerdo (es decir, el 4 de noviembre de 2019) y que, en el caso de petición de retirada, esta no sería efectiva hasta pasado un año de su presentación (es decir, no antes del 4 de noviembre de 2020).

Biden prometió volver a entrar en el pacto si sale elegido presidente. El contendiente demócrata también hizo promesas para relanzar la agenda verde y se comprometió a establecer una meta de cero emisiones netas de carbono en el horizonte de 2050.

Aunque sus intenciones podrían quedar comprometidas por un Senado de mayoría republicana, y muchas de sus promesas proceden del fragor electoral en una temporada en la que los incendios arrasaron millones de hectáreas en California, Oregon o Washington (además de la inusual temporada de huracanes en el Atlántico), la victoria de Biden sería tambien un triunfo para el medio ambiente. Un informe elaborado por la Universidad de Maryland y el Rocky Mountain Institute el año pasado estimaba que, si Trump perdiese las elecciones y ocupase su lugar un mandatario no negacionista del cambio climático, en el año 2030, Estados Unidos podría reducir sus emisiones un 49% con respecto a 2005.


Mientras tanto, algunos tienen pocas dudas de que una segunda victoria de Trump afectaría los esfuerzos contra el calentamiento global, y tendría consecuencias devastadoras más allá de las fronteras de Estados Unidos.

Trump, que se ha referido al cambio climático como “un cuento de China para perjudicar la economía estadounidense”, se ha esforzado por desmantelar acciones contra el calentamiento global en sus cuatro años de mandato.

Además de organizar la salida del Acuerdo de París, el equipo de Trump desmontó en sus cuatro años de mandato las regulaciones impuestas a las industrias más contaminantes; dio permisos para explotar parajes naturales protegidos de Alaska; hizo saltar por los aires los requisitos medioambientales para oleoductos e ignoró la protección de especies en vías de extinción y tierras amenazadas, entre otras muchas acciones.

En total, ha derogado un centenar de regulaciones que ponen límites a las actividades más sucias y contaminantes. Las consecuencias de estas acciones se extenderán más allá de su presidencia, incluso si él no sale reelegido.

Además, ha situado en puestos clave de importantes organismos federales —como la Agencia de Protección Ambiental— a negacionistas del cambio climático y personas vinculadas a la industria de los combustibles fósiles.

El movimiento We are still in “seguimos dentro todavía”, en inglés, formado por 25 estados, 534 ciudades y más de 2,000 empresas e inversores, además de organizaciones culturales, educativas, de salud y religiosas, se ha encargado durante este tiempo de frenar en la medida de lo posible la lucha contra el cambio climático a pesar de Trump. Su presencia no es baladí: si fuera un país, esta coalición sería la segunda economía más grande del mundo.

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