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Elecciones 2018

Trump mete a Venezuela en una campaña electoral llena de falsedades

El miedo al socialismo y la crisis venezolana se han convertido en una nueva arma del gobierno de Trump en su campaña para las elecciones con las que se renovarán la Cámara de Representantes, el Senado y decenas de gobernaciones.
23 Oct 2018 – 6:53 PM EDT

La caravana de migrantes centroamericanos es financiada por Nicolás Maduro o que los demócratas quieren convertir a Texas o Florida en Venezuela. Dos cosas que se han escuchado en boca del presidente Donald Trump y su segundo, Mike Pence.

Venezuela se ha convertido en el más reciente monstruo que el gobierno de Donald Trump ha sacado a relucir en su estrategia de campaña para las elecciones de mitad de período del 6 de noviembre, algo muy raro considerando que ese país nunca ha tenido figuración destacada en las preocupaciones estadounidenses y que se trata de unos comicios que suelen caracterizarse por estar dominados por temas locales.

Este martes, el vicepresidente Mike Pence aseguró junto a Trump, quien estaba sentado en su escritorio en la Oficina Oval, que la caravana de migrantes centroamericanos que se mueve entre Honduras y México está siendo financiada por el gobierno de presidente Nicolás Maduro.

“El presidente de Honduras me dijo que esto estaba organizado por grupos izquierdistas en Honduras que son financiados por Venezuela y enviados al norte para desafiar nuestra soberanía”, dijo Pence más temprano en una conferencia organizada por The Washington Post.

Más allá de su referencia a la conversación telefónica que tuvo con el presidente hondureño Juan Orlando Hernández, Pence no ha presentado pruebas para respaldar ese señalamiento, que suena audaz si se tiene en cuenta las inmensas dificultades financieras que atraviesa Venezuela, sumida en una severa recesión e hiperinflación, incapaz de pagar servicios básicos para su población y sus compromisos internacionales.

Las palabras de Pence refuerzan los señalamientos, tampoco respaldados con evidencia, que viene haciendo Trump sobre que en el grupo de migrantes hay "malos elementos" y "personas del Medio Oriente", algo que los medios han interpretado como una referencia a la existencia de terroristas entre quienes marchan hacia la frontera con EEUU.


Florida, Texas, ¿Venezuela?

El argumento de Pence se une a las advertencias que la semana pasada hizo Trump en Texas y Florida, cuando dijo durante eventos de campaña que el candidato demócrata a senador Beto O'Rourke o el candidato a gobernador Andrew Gillum son políticos radicales que quieren convertir a sus estados en una “nueva Venezuela”.

A principios de octubre, durante una entrevista con un diario local del norte de Florida, Trump dijo que con Gillum al frente “Florida se convertirá en otra Venezuela y eso no es bueno”.

El 20 de octubre, profundizando su campaña a favor del candidato republicano, el actual congresista Ron DeSantis, el presidente escribió en su cuenta de Twitter:

“Rick Scott es fácilmente conocido como uno de los mejores gobernadores de EEUU. Florida está estableciendo récords en casi toda categoría de éxito. Maravillosos logros-la envidia del mundo. Ron DeSantis construirá sobre ese éxito. Su incompetente oponente destruirá Florida -¡La próxima Venezuela!”.


Este fin de semana, Trump recurrió a la misma comparación, pero para adjudicársela esta vez al candidato demócrata a Senador por Texas, Beto O'Rourke, quien le ha presentado un desafío más fuerte del que esperaba el aspirante a la reelección Ted Cruz.

“Beto O'Rourke es un total peso pluma comparado con Ted Cruz, y ni se aproxima a representar los valores y deseos del pueblo del gran estado de Texas. ¡Nunca se le permitirá convertir a Texas en Venezuela!”, escribió el presidente.


Miedo al socialismo

El recurso parece buscar trazar un paralelo entre la marca del “socialismo demócrata” que están adoptando sin remilgos muchos candidatos liberales de corte más radical y la desastrosa gestión del gobierno venezolano, que se describe a sí mismo como “socialista”.

Socialismo siempre ha sido una palabra tóxica en el lenguaje político estadounidense, incluso entre algunos sectores liberales. Pero desde que en la campaña de 2016 el senador Bernie Sanders decidió usarla para describir su propuesta electoral decenas de candidatos asociados con el ala más radical del Partido Demócrata la ha adoptado.


Es un término que los estadounidenses vinculan a sistemas de gobierno represivos, como la desaparecida Unión Soviética y la Europa Oriental, Corea del Norte, Cuba y más recientemente Venezuela.

El común denominador de todos esos países es la falta de libertades para sus ciudadanos y el fracaso de sus economías, que en el caso soviético condujo al colapso de décadas de experimento socialista.

En el caso de Venezuela, la profunda crisis económica y política se ve en las noticias y en las masas de personas empobrecidas que salen del país, las estanterías vacías de los supermercados o la caída de la producción petrolera de un país que cuenta con las mayores reservas del mundo.

Se entiende que sea un ejemplo que pueda asustar a muchos, aunque habría que preguntarse qué tanto saben de lo que pasa en el país sudamenricano los votantes estadounidenses que acudirán a votar en las elecciones de mitad de período.

En el sur de Florida sabrán más del tema. En la zona está afincada una nutrida comunidad venezolana exiliada que, unida a la cubana, se vió forzada a dejar su país con el advenimiento de los sistemas socialistas y con seguridad le tendrán temor, no solo a la palabra sino a la posibilidad de que algo así suceda en EEUU.

Claro que, más allá de ampliar la cobertura médica, la educación y aumentar el cobro de impuestos, es imposible que un estado llegue un gobernador (y mucho menos un senador) a cambiar el sistema político económico a algo que se llame 'socialista'.

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