Educación Secundaria

Voces del Futuro: Veinte estudiantes comparten sus historias y lo que cambiarían del sistema educativo actual

Durante casi un año la campaña #Quieroaprender ha servido de foro para que los estudiantes hispanos y sus familias exijan educación de excelencia en las escuelas, que prepare a los jóvenes para el futuro.
11 Ago 2016 – 1:26 PM EDT

Historias de prejuicios, bajas expectativas y autoestima, pero también de tenacidad, trabajo duro y éxito: Durante casi un año la campaña #Quieroaprender de la cadena Univision y el XQ Institute ha servido de foro para que los estudiantes hispanos y sus familias exijan educación de excelencia en las escuelas, que prepare a los jóvenes para el futuro.

¿Qué te motiva a aprender? ¿Por qué te preocupa tanto tu educación? ¿Cómo ayudaría la educación a tu progreso y el de tu comunidad? ¿Qué estás haciendo para crear un cambio positivo en tu escuela? ¿Qué cambios le harías a tu escuela para ayudarte a salir adelante? fueron algunas de las preguntas que #Quieroaprender lanzó a estudiantes durante estos meses.


Las interrogantes fueron motivadas por una encuesta de la campaña que halló que la gran mayoría de los estudiantes hispanos reconoce que una educación de excelencia es la clave para un futuro de prosperidad, creen que la van a encontrar en su escuela, pero la escuela les está fallando.

Según los datos, una tercera parte de los graduados hispanos tiene que tomar cursos remediales al entrar a la universidad, porque sus escuelas no los están preparando como es debido. Los estudiantes de nuestro país, tristemente, están clasificados en el puesto 17 en lectura, y 27 en matemáticas, cuando se les compara con otros países del mundo.

Lo que #QuieroAprender busca es reinventar el modelo educativo estadounidense, que poco ha cambiado en un siglo, y actualizarlo a la par con los cambios que están ocurriendo en nuestra sociedad, con propuestas que vengan de los propios estudiantes, no del gobierno o las autoridades escolares.

Nuestros estudiantes reconocen que la escuela debe cambiar.

"Yo pienso que lo que es el High School me preparó hasta cierto punto para la universidad, no digo que fue un 100%", cuenta Yolanda Andrade, de 18 años y graduada de la International High School de Nueva Orleans, Louisiana, uno de los estados que consistentemente está clasificado entre los peores para la educación.

"Lo que sí puedo decir es que me pudieron preparar lo suficiente para saber cómo manejar lo que es el trabajo y la cantidad de horas que iba a estar estudiando", agrega esta estudiante de la Universidad de Loyola, quien fue becada por #Quieroaprender junto a otros 19 estudiantes hispanos para contar sus experiencias en el sistema educativo estadounidense como parte del nuevo proyecto Voces del Futuro.

En Voces del Futuro, los estudiantes cuentan en artículos o videos los retos que han enfrentado para poder salir adelante en sus estudios a pesar de las barreras, institucionales o psicológicas, que han tenido que rebasar.

Andrade, por ejemplo, tuvo la suerte de estudiar en una secundaria nueva en su ciudad y se involucró en actividades de liderazgo, como dirigir el boletín escolar y ayudar a los mentores del programa Big Brothers, Big Sisters en su escuela, en un momento en que se estaban comenzando a registrar numerosas peleas en la institución.


"Se estaba convirtiendo en un gran problema y la administración no sabía cómo manejarlo aparte de suspender a los estudiantes", dice la joven.

Las suspensiones escolares, por su parte, acarrean negativas consecuencias, como afectar el desempeño académico de los estudiantes, exponerlos a la calle y a los sistemas de justicia juvenil y criminal, alimentando lo que se conoce como el "flujo de la escuela a la cárcel".

"Les pregunté a mis compañeros de tercer año sobre lo que sentían en primer año. Muchos me respondieron de manera similar: 'No sabía qué se esperaba de mi y como actuar'", dice Andrade.

Esas respuestas la motivaron a ayudar a los alumnos de primer año de secundaria a adaptarse al nuevo régimen escolar y a conectarlos con mentores que los pudieran ayudar.

"Mi trabajo era darles seguimiento a los mentores y ver cómo hallarles recursos", agrega.


Aparte de su trabajo voluntario, Andrade tomó cursos avanzados y de matrícula doble (válido para créditos universitarios), y se graduó con un promedio académico de 4.09.

Pero para algunas personas, eso no era suficiente, y el prejuicio que significaba ser latina ponía en tela de juicio sus logros.

Andrade cuenta que un ejecutivo de un medio hispano en una ocasión dijo en una conferencia de prensa, generalizando: "No vas a llegar a los 16 sin antes quedar embarazada y a los 18 sin tener por lo menos dos hijos y un vago como esposo".

"Dejé que esas palabras me llegaran al alma. No dije nada. El día después de mi graduación, llevé mi diploma a su oficina y le dejé saber que nunca olvidé esas palabras", explica la joven.

En otra ocasión la familia de su novio "me llamó ilegal, dijo que no tenía derecho a tener una opinión política y que estaba usando a mi novio para casarme y obtener la ciudadanía. Nunca en mi vida hasta hace cuatro meses me han discriminado de esta manera. Fue el momento más humillante de mi vida".

No obstante, Andrade sigue siendo una orgullosa "hispana-americana" dedicada a su programa de Estudios Latinoamericanos en Loyola.

"Ha habido retos y obstáculos que he tenido que cruzar, pero lo más importante, ha habido tremendos momentos en mi vida en donde la experiencia chilango-mexicana y catracha-hondureña ha sobrepasado todos esos obstáculos y me ha convertido en la persona más trabajadora que conozcas", asegura la joven.

De la misma manera, Jorge Peraza-Vasquez, un joven estadounidense salvadoreño, cuenta que tuvo que superar barreras psicológicas para salir adelante en sus estudios en una secundaria ubicada en Menlo-Park, una de las ciudades más ricas del país y colindante con East Palo Alto, una ciudad mayoritariamente hispana olvidada por la prosperidad de Silicon Valley.

Peraza tuvo la suerte de estudiar en una escuela con recursos, la Secundaria Menlo-Atherton, "donde la mayoría de los padres de los estudiantes estaban entre los más ricos del país y yo vivía en un barrio donde se podía distinguir claramente donde terminaba una ciudad y donde comenzaba la ciudad rica".


"Para mi siempre fue aparente que la gente de color era diferente a los blancos y que yo me debía burlar de su conducta y aspirar a lo que ellos (los blancos) tenían...yo quería ser blanco y asociarme con gente blanca, y sé que otros del mismo origen mío también lo querían", cuenta Peraza, de 19 años de edad y actual estudiante en San Francisco State University.

Los mismos programas escolares que tenían el propósito de mejorar la diversidad en las escuelas e integrarlo en las escuelas más ricas de la ciudad y no en las de East Palo Alto tuvieron efectos negativos en su autoestima.

"No estaba seguro de quién era y tenía miedo de hablar y que se me escuchara...desde el principio supe que era distinto y que de alguna manera era menos que los otros estudiantes", cuenta Peraza. "Comencé la escuela hablando poco inglés porque mi hogar era un hogar de habla hispana. Tenía menos dinero, no me sentía conectado con mis pares porque tampoco vivíamos en el mismo barrio...tenía conflictos con la clase de persona que quería ser".

No fue sino hasta llegar a la universidad y tomar una clase de Estudios Étnicos que Peraza aprendió sobre la complicada historia de los distintos grupos demográficos que viven en Estados Unidos, y las dificultades que han experimentado para poder convivir en paz.


Ahora dice que si pudiera regresar a su secundaria "no tendría miedo de ser distinto y mezclar ambos mundos. Diría lo que pienso y no me daría miedo ser juzgado".

Peraza utiliza su experiencia en su trabajo como mentor en College Track, una organización que da apoyo a estudiantes en comunidades de escasos recursos, desde antes de noveno grado a duodécimo para que se puedan graduar de secundaria, y los guía por el proceso de ser admitidos a la universidad.

"Como latino que viene de una comunidad de bajos recursos, que tuvo que viajar a una comunidad diferente para ir a la escuela, conozco lo que es sentirse como que uno no pertenece a una comunidad en donde pasas la mayor parte del día. Trabajar en College Track me ha permitido expresar mis opiniones y experiencia para que, como organización, podamos entender mejor a los estudiantes que servimos a diario", dice Peraza.

Andrade y Peraza son solo dos de los 20 estudiantes que seleccionó #Quieroaprender para compartir sus historias sobre el sistema educativo estadounidense y los retos que implica en el proyecto Voces del Futuro.

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