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Hispanos

"Fue como una liberación": cómo 3 padres han superado la muerte de sus hijos con la condena de los culpables

Tres padres hispanos que perdieron a sus hijos de manera trágica en años recientes compartieron con Univision Noticias su experiencia. Todos coinciden en que escuchar los veredictos contra los responsables les ayudó a seguir adelante, así como los recuerdos y las promesas que hicieron a sus seres queridos, que son a la vez una inspiración para ayudar a su comunidad.
8 Jun 2019 – 5:33 PM EDT

Fue un capítulo traumático de su vida que inició con el fallecimiento de su hija Michelle de 19 años en febrero de 2016 y tuvo un cierre el pasado 12 de abril. Ese día, Gigi Littlefield, una inmigrante ecuatoriana, sacó el valor para hablar en el tribunal frente al hombre responsable de la muerte de su única hija por estar apostando carreras en una autopista de Los Ángeles, en el sur de California.

"Le dije que lo que causó nos había cambiado la vida, que causó mucho dolor y destrucción a tanta gente. También le dije que tenía que perdonarlo porque se debe dar otra oportunidad a las personas. Fue algo muy difícil", recordó Littlefield de sus palabras en la corte antes de que sentenciaran al acusado.

El juez fue menos indulgente: dictó una condena de 22 años y 4 meses de cárcel contra Dealio Lockhart, un exproductor del programa de televisión 'Dancing With The Stars' que hace tres años competía con su Dodge Challenger a lo largo de 11 millas por la carretera 5 en dirección sur.

Al llegar a la ciudad de Commerce, Lockhart trató de frenar de golpe su deportivo, pero el tacómetro ya marcaba una velocidad de 127 millas por hora. Perdió el control del auto y se impactó contra un camión de la empresa de paquetería UPS, el cual se deslizó por encima del divisor central y alcanzó un Nissan que viajaba hacia el norte. El choque fue brutal. En ese otro vehículo iban Jennifer y su amigo Brian Lewandowski, de 18 años, quien también perdió la vida. El chofer de UPS tampoco sobrevivió.

Littlefield dice que fue una agonía esperar tanto tiempo para finalmente escuchar la sentencia de Lockhart. En esa audiencia condenatoria, afirma, se quitó un peso de encima expresando sus sentimientos. También hablaron en la corte su esposo y un amigo de su hija. "Fue como una liberación por tantas emociones guardadas durante tres años", asegura esta madre.

Ella ahora escribe un libro sobre su experiencia de perder a su única hija y un capítulo está dedicado a la causa principal: las carreras ilegales de autos, una epidemia que no deja de enlutar a familias en Los Ángeles. "Pienso que el libro va a ayudar a mucha gente", comentó.

En fotos: la cara mortal de las carreras callejeras de autos en Los Ángeles

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"A nosotros este hecho nos quitó nuestro futuro: no vamos a tener nietos ni bisnietos; se cortó toda nuestra vida", lamentó.

Otros padres hispanos que también perdieron a sus hijos de manera trágica en años recientes han compartido con Univision Noticias su experiencia. Coinciden en que escuchar los veredictos contra los responsables les ayudó a seguir adelante, a pesar del dolor.

Dicen que eso sumado a los recuerdos de sus seres queridos y las promesas que les hicieron en sus funerales les ayudan a continuar, además de ser a la vez la inspiración para ayudar a su comunidad.

Pero no todos los padres que pierden a sus hijos pueden contar la misma historia. Solo el 57.24% de los 56,444 homicidios ocurridos en el condado de Los Ángeles de 1965 a 2017 han sido resueltos por las autoridades, según estadísticas de Murder Accountability Project.

A nivel nacional, la tasa de crímenes ya juzgados es incluso peor, de 66.38%.

"Cuando sentenciaron al asesino, ella se fue tranquila a descansar"

"Sentí un gran alivio. La condena no me va a devolver a mi hija, ni a mi nieto, pero tengo la certeza que se hizo justicia", expresa el peruano Humberto Yauli sobre la sentencia a 85 años de prisión impuesta contra el hombre que en marzo de 2014 amordazó a su hija Gisella, de 28 años, y después le prendió fuego a su humilde vivienda, un garaje convertido en habitación en el sur de Los Ángeles.

También fue una trampa mortal para el hijo de ella, Dillan, de 1 año, quien murió asfixiado de camino al hospital. Ese día Humberto perdió a su única hija y al más pequeño de sus dos nietos.

Poco antes de que condenaran en abril de 2018 a Robert Lawrence Ransom Jr, quien también mató a una joven de 19 años y secuestró a una adolescente de 16, el papá de Gisella la soñó pidiéndole que la llevara al aeropuerto porque se iba se viaje, algo que él interpreta como una despedida.

"Cuando sentenciaron al asesino, ella se fue tranquila a descansar. No estaba enojada en mi sueño, sino que se veía satisfecha, porque ya se había hecho justicia. Ese día yo me levanté con una alegría por haberla visto", contó Yauli.

Este hombre de 64 años es indocumentado, vende cosas usadas en la calle y duerme en la concesionaria de autos donde trabaja como conserje unas horas cada semana. Pero en medio de su precaria situación su vida encontró un propósito: cuidar al nieto que le quedó y luchar por los vendedores ambulantes. Ahora es organizador de un grupo comunitario que aboga por los comerciantes irregulares en esta ciudad.

Dice que los "ángeles" que sepultó hace cinco años son la inspiración de su activismo.

"De los recuerdos de mi hija y mi nieto agarro fuerzas. Es como un punto de partida en mi vida: era seguir luchando o tirarme al abandono", dice Yauli, quien espera beneficiarse de una Visa U, que se otorga a las víctimas de crímenes. Su proceso migratorio comenzará en julio.

El juicio contra el homicida de Gisella duró más de tres años, sin incluir el tiempo que le llevó a la Policía ponerlo bajo custodia. "Era un suplicio para mí. Ahora sé que él estará hasta el último día de su vida en la cárcel. Eso debe ser peor que morirse, ese es el castigo que se merece", menciona Yauli.

A decir del abogado Luis Carrillo, quienes nunca reciben justicia experimentan traumas aún más graves. "Las sentencias traen algo de paz a quienes están en agonía por su ser querido. Se cierra un capítulo triste de su vida cuando ven al asesino que es condenado por un juez", explicó.

Las promesas de la madre de un marine

En una de las zonas con mayor cantidad de crímenes sin resolver en California, el sur de Los Ángeles, fue asesinado el marine Carlos Segovia, de 19 años, el 16 de septiembre de 2016.

Esa noche, él salía de la casa de su novia en el vecindario Jefferson Park cuando observó a dos pandilleros que trataban de abrir los autos estacionados en la calle 31 y los enfrentó.

Oscar Aguilar, un pandillero que ahora tiene 28 años, se acercó a Segovia, quien estaba sentado en su auto, y le disparó en la cabeza, según testimonios que se escucharon en la corte. El marine murió tres días después en un hospital del centro de la ciudad, un hecho que conmocionó a toda la comunidad.

Las autoridades también culparon de ese asesinato a otros dos pandilleros: Esau Ríos, de 31 años y quien habría ordenado el crimen; y a Ricky Valente, de 21, quien no disputó un cargo en su contra en junio de 2018.

La semana pasada, un jurado declaró culpables a Aguilar y a Ríos por asesinato en primer grado y disparar contra un vehículo con personas adentro.

Quien mató al joven militar también fue declarado culpable de un delito grave de posesión de un arma de fuego siendo delincuente y por cometer el crimen en beneficio de una pandilla callejera.

Aguilar se enfrenta a una condena de 107 años de prisión a cadena perpetua, mientras que Ríos podría recibir un castigo de 50 años de cárcel a cadena perpetua. Sus audiencias condenatorias se han programado para el próximo 8 de julio en una corte de Los Ángeles.

La madre del marine, Sandra López, originaria de El Salvador, comparte que al escuchar el veredicto del jurado hace unos días se acordó de esta promesa que le hizo a su hijo cuando estaba postrado en la cama del hospital: que haría hasta lo imposible para que se hiciera justicia en su caso.

"Me sentí liberada, me quité un peso de encima", dice. "Saber que ellos no están afuera y que no les harán daño a otras familias, eso ha traído paz al alma de Carlos, a mi familia y mí".

Para resolver el asesinato de Segovia, quien también era voluntario de una organización que ayuda a los indigentes en el centro de la ciudad, los detectives pasaron varios días revisando videos, interrogando sospechosos y hablando con testigos. Él fue baleado fatalmente en una zona plagada de pandillas.

"Un psicólogo me preguntó si necesitaba preguntarles en la corte a los asesinos por qué lo habían hecho, pero le dije que no. Yo no entiendo la mente de un criminal y más daño me puede hacer. No habría obtenido una respuesta que me diera paz", expresó la madre del joven.

López, de 47 años y madre de dos adolescentes, dice que estará presente en la corte el día en que dicten el castigo contra los pandilleros. "Espero que se día se cierre el capítulo. Han sido tres años de agonía. Me mantienen en pie los recuerdos, los reconocimientos que le entregan a mi hijo, mis padres, mis niñas, ver que las amistades de Carlos ahí están apoyándome y contribuyendo a que ese legado no sea olvidado", señaló.

Hasta el día del asesinato de su hijo mayor, López era una enfermera destacada. Pero el crimen la destrozó. Ahora padece de ansiedad y depresión. Toma a diario medicamentos recetados por psiquiatras. Desde el 28 de enero está discapacitada laboralmente. "Emocionalmente ya no pude".

Sigue en pie, asegura, por otra promesa que le hizo a su hijo antes de que muriera: "Le dije que me iba a encargar de que su legado nunca fuese olvidado".

El lado más humano del marine hispano baleado en Los Ángeles

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