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Muertes

"Vivan lo que mi hija no pudo": la trágica muerte de dos jóvenes hispanas por carreras callejeras

Dos madres comparten el mismo dolor por la pérdida de sus hijas por culpa de carreras clandestinas de autos en Los Ángeles. Los fallecimientos de estas jóvenes son solo la punta del iceberg de las consecuencias de una actividad ilegal que ha enlutado a 179 familias en los últimos 17 años solo en este condado.
9 Ago 2018 – 8:56 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.– Valentina y Michelle no se conocían, pero tenían mucho en común: vivían en Los Ángeles, eran jóvenes, hijas de padres estadounidenses y migrantes hispanas, fácilmente hacían amigos, eran estudiantes dedicadas y soñaban con viajar por Europa, graduarse de la universidad, formar una linda familia y ser exitosas profesionistas.

Irónicamente, ellas también tuvieron una muerte similar: por culpa de una carrera callejera de autos.

Valentina tenía 16 años cuando, sin darse cuenta, se involucró en un arrancón en Wilmington la noche del 7 de diciembre de 2013. Dormía en la parte trasera de un Mustang cuando el conductor, un joven que se comprometió a llevarla a la casa de una amiga, retó a otro en una zona comercial.

La carrera terminó de la peor manera. El deportivo se pasó una luz roja, chocó contra una camioneta y terminó incrustado en la reja de un negocio. "Valentina quedó colgada de la ventana del auto", relata su madre, Lili Trujillo D’Alessandro, originaria de la Ciudad de México. "No es justo. Mi hija estaría yendo a la universidad, viajando por Europa como ella quería o aprendiendo otro idioma", lamenta.

La otra chica, Michelle, tenía 19 años y el 27 de febrero de 2016 se dirigía a su casa después de pasear en Disneyland con tres compañeros de trabajo. Viajaban por la carretera 5 a la altura de Commerce cuando el conductor de un Dodge Challenger, que competía a más de 100 millas por hora contra otro corredor en sentido opuesto, perdió el control, golpeó un camión de paquetería UPS y este salió disparado por encima del divisor de la vía y cayó sobre el auto en el que iban los muchachos.

El impacto fue brutal, cobrando al instante la vida de Michelle; su amigo Brian Lewandowski, de 18 años; y el chofer de UPS, Scott Treadway, de 52. Este accidente es considerado uno de los peores de esta metrópoli y, en respuesta, la Policía formó un equipo especial para combatir el problema de las carreras callejeras.

"Nos cambió la vida totalmente. Nunca vamos a poder recuperarnos de esta pérdida tan inmensa de perder a nuestra única hija. Ella era todo para nosotros. Ya no vamos a tener nietos, acabó con nuestro futuro", expresa con pesar la madre de Michelle, Gigi Littlefield, una inmigrante ecuatoriana.

"Estoy casada y tengo tres hijos"

Michelle no se graduó con honores de la Universidad del Sur de California (USC), no escribió dos libros 'best sellers', no compró una casa de tres pisos en Stevenson Ranch, ni abrió una revista en Internet. Sus sueños, escritos en una carta que se escribió a ella misma pensando en lo que lograría cuando tuviera 34 años, fueron truncados abruptamente por una carrera callejera.

"Estoy casada y tengo tres hijos, dos niñas y un niño (…) He viajado por casi toda Europa (…) Aprendo algo nuevo cada día, de mis hijos, mi esposo y mis amigos", dice la carta.

"Ella se veía así en su futuro", dice su madre sobre la carta que escribió y tituló "Tomorrow" (mañana). "Pero por personas como este chico (el corredor que causó el fatal accidente), personas como Michelle pierden la oportunidad de darle algo mejor a la sociedad", reclamó.

Su madre la describe como una muchacha soñadora, "increíble", con un promedio escolar perfecto y con muchas ganas de salir adelante. Desde los 17 años trabajó en el parque de diversiones Six Flags, estudiaba en el College of the Canyons y estaba a punto de transferirse a la universidad Cal Poly San Luis Obispo. Quería ser contadora, formar una familia y escribir artículos.

La última vez que Gigi Littlefield escuchó la voz de su hija eran las 11:30 pm; ella y sus amigos salían del parque Disneyland rumbo a sus casas en el norte del condado de Los Ángeles. A las 11:55 pm los impactó de frente el camión de UPS. "Le quitó el techo del carro. Mi hija murió instantáneamente", relató Gigi, una agente de bienes raíces.

Tony, quien conducía el auto, sigue en estado de coma desde hace más de dos años. Alfonso Morillo, estuvo en esa condición unos días y al despertar no se enteró inmediatamente de la tragedia. En una carta, él relató que sus madres y doctores se lo ocultaron durante varias semanas para no afectar su recuperación. Se enteró hasta que tuvo una computadora portátil en el hospital y abrió su cuenta de Facebook. Lo habían etiquetado en varias publicaciones relacionadas con el accidente.

"Fue entonces cuando comencé a llorar y les pregunté a mis padres si era cierto. Y dijeron que sí. No pude evitarlo, me rompí y seguí llorando. Fue difícil, pero sabía que tenía que ser fuerte y aceptar lo que había sucedido", describió Alfonso.

La madre de Michelle no duda en contar su caso para despertar consciencia en los jóvenes que se divierten manejando a exceso de velocidad por calles y autopistas. "Yo les diría que miren cómo destrozan familias, el futuro de chicos quizás de su misma edad o mayores; familias que se quedan sin un padre o –como en mi caso– sin mi única hija", expresa.

Una epidemia sobre ruedas

Las muertes de estas jóvenes son solo la punta del iceberg de las consecuencias de una actividad ilegal que ha enlutado a 179 familias en los últimos 17 años solo en el condado de Los Ángeles. Aquí nació en 2001 la subcultura de las carreras clandestinas entre autos modificados justodespués del éxito en taquilla de la película 'The Fast and The Furious'.

La proyección en la pantalla grande de las siete cintas de esa saga coinciden con una estela de muerte que las autoridades no han podido frenar. El año más letal ha sido 2017, que cerró con 18 accidentes fatales, seguido por los 15 fallecimientos de 2015 y los 12 de 2017, según un reporte del diario Los Angeles Times.

Buscar popularidad publicando en las redes sociales videos de carreras y piruetas cada vez más arriesgadas –y comunicarse en secreto a través de Internet para coordinar estos eventos– han terminado por echarle más leña al fuego. Las autoridades lo consideran una epidemia que se ha salido de control.

De acuerdo con el estudio del Times, los muertos fueron sobre todo hombres jóvenes: más de la mitad tenía 21 años o menos, incluidos dos niños de 4 y 8 años, quienes murieron junto con su madre. Poco menos de la mitad de las víctimas, el 47%, competían en arrancones, aunque el 27% eran pasajeros que se cruzaron por su camino, como fueron los casos de Valentina y Michelle.

Los lugares más problemáticos han sido zonas industriales al sureste de Los Ángeles, bulevares amplios en el Valle de San Fernando y el Sur de Los Ángeles, así como Long Beach y Santa Clarita. En particular, las áreas solitarias de Commerce se convierten en pistas clandestinas las noches de viernes y sábado. Ahí murieron tres hispanos de entre 15 y 29 años debido a un choque entre autos que competían para ver cuál era el más veloz. El incidente ocurrió en la madrugada del 14 de noviembre de 2015.

El caso más reciente ocurrió durante la madrugada del pasado 22 de julio: un hombre salía del garaje de su casa en el Sur de Los Ángeles cuando su camioneta SUV fue impactada brutalmente por un BMW modelo 2009 que competía con un sedán blanco. La víctima sufrió lesiones en la cabeza y el cuerpo y fue declarada muerta en la escena. Una pasajera de la SUV quedó en condición crítica.

El sospechoso huyó de la escena y la Policía ha ofrecido una recompensa de 50,000 dólares para quien proporcione información que lleve a su captura.

En este mapa elaborado por el gobierno de Los Ángeles se indica en qué sitios han ocurrido tragedias viales, incluyendo las causadas por las carreras callejeras.

Las carreras callejeras matan

La madre de Valentina formó la organización 'Street Racing Kills' (Las carreras callejeras matan) con la intención de evitar que otras familias pasen su mismo dolor.

"Ningún padre tiene que vivir más que sus hijos. Ellos nos tienen que enterrar a nosotros", menciona Lili Trujillo D’Alessandro, quien hace 53 años nació en la capital mexicana. "Para mí, si alguien escucha y no lo hace, es una madre y un padre que no va a pasar lo que yo pasaré por el resto de mi vida. Esa es mi misión, que estos jóvenes puedan vivir normalmente", reflexiona.

Unos días después de la muerte de Valentina, esta mexicana acudió a su escuela con un poster con la imagen sonriente de su hija y habló en una reunión alertando sobre el consumo de drogas. Dice que al observar a los amigos de ella supo que tenía que llevar el mensaje a otros foros. Así nació su grupo.

"A los niños yo les digo: ‘vivan lo que mi hija no pudo’", cuenta.

Su hija cursaba el segundo grado de la preparatoria y quería viajar por Europa antes de estudiar diseño de modas. Dejó pendiente una visita a un evento de diseñadores en Nueva York. Su tío le envió dinero para que comprara su pasaje de avión, pero ese dinero se usó para cubrir sus gastos funerarios.

La organización de Trujillo pide que se promulguen leyes más estrictas contra los corredores callejeros, que se incluyan clases sobre arrancones en el currículo de las escuelas públicas, que el problema se mencione en la guía para conductores del Departamento de Vehículos Motorizados (DMV), que haya letreros en las carreteras advirtiendo "las carreras ilegales matan", que se habrá una pista profesional para corredores en la zona metropolitana de Los Ángeles y que las películas sobre este tema incluyan mensajes advirtiendo sobre el riesgo de imitar las escenas de acción.

"No veo que las películas de Fast and Furious o (los documentales) 'Street Outlaws' digan al final: ‘no hagas esto, es peligroso’", reclama.

El mes pasado, Trujillo recibió por Facebook el mensaje de un adolescente de 16 años que la dejó sin habla: le confesó que el caso de Valentina lo hizo reflexionar y dejó de participar en arrancones.

"Al escuchar historias como la de tu hija me dije: ‘no quiero ser ese muchacho (el responsable del accidente), no quiero estar en las noticias de esa manera . Así es que lo dejé", escribió el joven.

En fotos: la cara mortal de las carreras callejeras de autos en Los Ángeles

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