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Asesinatos

Carlos el marine, un héroe anónimo asesinado en la comunidad por la que luchó

Un retrato póstumo de Carlos Segovia a través de los recuerdos de quienes conocieron a este soldado que dedicaba su tiempo libre a ayudar a los más necesitados.
20 Sep 2016 – 5:29 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.- Carlos Segovia siempre quiso servir a su comunidad. Era voluntario ayudando a indigentes, rescatando mascotas y limpiando las calles de Los Ángeles por las que nunca pasean los turistas. Le gustaba la acción, tenía carácter y determinación. Desde la escuela, este salvadoreño tenía claro que, si llegaba el caso, daría la vida por los suyos, por lo que él creía justo. Tanto es así que se alistó en los Marines.


La muerte le sorprendió este mes y a punta de pistola, cuando el joven de 19 ni vestía de uniforme ni estaba luchando en una guerra. Fue baleado el viernes 16 de septiembre en una esquina del sureoeste de Los Ángeles sobre las 23:30.

Acababa de dejar en casa a Kímberly Pérez, su novia y se dirigía al domicilio de Claudia Pérez, su amiga y presidenta de la organización solidaria LA On Cloud 9 con la que colaboraba los fines de semana.

Carlos observó que unas personas trataban de abrir el vehículo de la mamá de Kímberly. Llamó a su pareja y le contó lo que estaba pasando. Este soldado que se esforzaba por mejorar su comunidad no pudo mirar hacia el otro lado. Ella escuchó por el teléfono cómo su novio discutía con los presuntos ladrones. Luego el sonido de un auto en movimiento, después nada.

Kímberly no oyó la detonación. Carlos fue encontrado con un tiro en la sien, dentro de su auto, como si hubiera intentado escapar del peligro. Fue trasladado al centro médico California Hospital donde el lunes fue declarado clínicamente muerto. La bala había apagado su cerebro para siempre, aunque su corazón aún sigue latiendo mientras los doctores gestionan los trasplantes. Carlos no quería que su muerte fuera inútil.


El lado más humano del marine hispano baleado en Los Ángeles

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El chico dedicado al activismo

“Fue un niño que movió corazones”, dijo a Univision Noticias su madre, Sandra López, que aún trata digerir la peor noticia de su vida. Carlos era su hijo mayor. Sus hermanas Cynthia y Lili Fuentes, de 13 y 10 años, están consternadas. Su familia llegó a Estados Unidos en 2001 y tiempo después logró la ciudadanía.

Quienes lo conocieron lo describieron como un muchacho sociable y volcado en ayudar al prójimo.

“Desde el kínder, si veía un juguetito que se le caía a otro niño él se lo recogía”, contaba su madre que repasaba en su memoria los recuerdos que guarda de su hijo.
En la escuela preparatoria Foshay, en Los Ángeles –a menos de una milla de donde fue baleado- destacó por su activismo y llegó a organizar colectas y ventas para abrir un pequeño gimnasio. Le encantaba el deporte. Por aquella época lucía una bandana que le hacía destacar.

El dibujante

En esa época floreció como artista. Desde niño había tenido gusto por el dibujo, pero en Foshay pudo expresarse a gran escala. Le permitieron pintar murales. En uno de ellos retrató un mundo sostenido por una mujer negra, que a su vez está sujeta por manos de otras razas.

“Significa que tenemos que estar todos unidos, que nadie se debe quedar atrás, que si uno cae todos caemos”, interpreta Pamela Márquez, amiga desde la infancia de Carlos y quien siguió su proceso creativo en Foshay. Sus habilidades con el pincel también le llevaron a participar en concursos.

Pero Carlos tenía claro que su camino no era el arte, tampoco la universidad. Le gustaba la acción, sentir que su labor tenía un efecto.


El marine

“Ayudaba a los chicos que iban por mal camino, les decía ‘no tienes que hacer eso’”, contó Márquez del tiempo que compartieron en Foshay. A sus amigos, Carlos les decía que protegería al país sin titubeos. “Decía que estaba dispuesto a dar la vida por su compañía (en la Infantería de Marina)”, mencionó.

Carlos logró su objetivo este año. En febrero entró en los Marines. En mayo fue asignado al Batallón de Entrenamiento de Infantería Avanzada de la Escuela de Infantería de Camp Pendleton, en el condado de San Diego.

“Siempre supe que iba a ser un gran marine, apuesto a que lo fue”, comentó a Univision su compañero de armas Óscar Umana, quien conoció a Carlos antes de entrar en el Ejército.
“Nos hicimos hermanos antes de hacernos marines”, explicó este soldado que realizó las duras pruebas de acceso a la Infantería de Marina antes que Carlos.

“Él era un motivador. Me inspiró y me ayudó a mejorar física y mentalmente”, aseguró Umana quien lamenta no poder estar en Los Ángeles para asistir a los actos fúnebres y despedirse por última vez de su amigo. Umana está destacado en el Regimiento 35 como parte del Batallón de Mantenimiento –que se encarga de logística- del Camp Foster en la isla japonesa de Okinawa.

Umana fue uno de los muchos marines que se hicieron eco en las redes sociales de lo ocurrido a Carlos, mientras que Camp Pendleton oficialmente aún guarda silencio. La familia del joven fallecido aseguró a Univision que está previsto un funeral con honores militares, aunque aún no se ha confirmado.

El voluntario

Carlos fue también quien le animó a Umana a colaborar con LA On Cloud 9, la organización de Claudia que trabaja para mejorar la vida de los indigentes y de los animales en necesidad.

“Conocí a Carlos hace tres años, él había ido a limpiar una calle en Skid Row (el epicentro de la indigencia en Los Ángeles) y yo estaba llevando alimento a los indigentes. A partir de ahí nos hicimos amigos y Carlos nunca se apartó de nosotros. Los fines de semana o días libres los pasaba ayudando a la comunidad”, explicó Pérez.


En el celular de Claudia quedan ahora decenas de fotos de Carlos. En unas está entregando comida a una persona sin hogar, en otra mima a un perro desvalido.

“Él tocó las vidas de jóvenes, adultos y gente que ni él conoce”, describe Pérez, con el rostro hinchado de tanto llorar. Ella tampoco se ha apartado del hospital desde que supo la tragedia de Carlos, siempre con la bandera de Estados Unidos cerca.

“Él dejó un gran vacío en nuestros corazones, pero también nos dejó marcado lo que hay que hacer. Cada día se levantaba diciendo que iba a ayudar a gente. A través de sus acciones me hizo ver el mundo de diferente forma”, declaró su amiga Sylvia López, de 19 años y que conoció a Carlos cuando estaban en octavo grado.

Entre sus recuerdos de Carlos, tiene un lugar especial el día que fue su pareja de baile en una fiesta de quinceañera. Fue entonces cuando él le dijo que estaría siempre a su lado, “en las buenas y en las malas”, que siempre sería “su hermano mayor”.

La víctima

Cynthia, una de sus hermanas biológicas, cuenta cómo les hacía reír y que veía a Carlos como un ejemplo.

“No sé por qué le dispararon, no entiendo, ojalá encuentren (al responsable)”, dijo la adolescente.

La Policía de Los Ángeles no se ha pronunciado aún sobre el caso, que pasó de ser una agresión con arma de fuego a un homicidio. El ataque tuvo lugar en una zona de mucha actividad de pandillas que Carlos conocía bien. Su amigo Leslie Marroquín sospecha que no fue “un tiroteo al azar”.

“Creo que ya lo habían visto y quizás lo escogieron”, añadió.

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