Corrupción

Río 2016, unos juegos con muchas sombras y ¿dos presidentes?

A menos de dos meses del megaevento deportivo, el panorama es gris. Crisis económica, incertidumbre política, retrasos en las obras y el zika son algunas amenazas.
10 Jun 2016 – 3:57 PM EDT

RÍO DE JANEIRO (Brasil). - En la página oficial de Río 2016, un reloj marca la cuenta atrás para la apertura de los primeros Juegos Olímpicos de Sudamérica: faltan sólo 56 días. Menos de dos meses para una celebración que convertirá a Brasil en el centro de todas las miradas, justo cuando el gigantesco país atraviesa su crisis económica más grave y su momento de mayor incertidumbre política de las últimas décadas.

Las dudas pendientes de resolver son tantas que, en teoría, los Juegos podrían ser inaugurados el 5 de agosto por un presidente, Michel Temer, y clausurados el día 21 por otra distinta, Dilma Rousseff. En ese corto espacio de tiempo entre ambas ceremonias en el estadio de Maracaná, existe la posibilidad de que el Gobierno vuelva a cambiar de dueño por segunda vez en apenas tres meses.



Aunque la sucesora de Luiz Inácio Lula da Silva está apartada del cargo desde el 12 de mayo, el proceso de impugnación (o impeachment) todavía no ha concluido en el Senado. Por tanto, la exguerrillera izquierdista mantiene hasta el último minuto la esperanza de ser absuelta para regresar al Palacio de Planalto. La votación final podría ocurrir a mediados de agosto, en plenos Juegos, si bien el cronograma podría atrasarse por las declaraciones de los testigos.

Dilma será destituida definitivamente si dos tercios de los 81 senadores votan contra ella y, del mismo modo, recuperará su despacho presidencial si consigue convencer a un tercio. Las probabilidades de que ocurra lo segundo son de apenas un 10% o 20%, según calculan empresas de consultoría política como Eurasia Group o Arko Advice.

Inestabilidad política

Mientras se resuelve el impeachment, el poder sigue en manos del moderado Temer, antes vicepresidente y ahora presidente interino. Y si Dilma cayó por una mezcla de recesión, escándalos y un supuesto crimen de maquillaje de las cuentas públicas, no puede decirse que su sucesor y antiguo aliado esté surfeando una gran ola de popularidad.



Después de reformar completamente el Gobierno para colocar a 25 ministros de su confianza –todos hombres–, Temer ya se ha visto forzado a destituir a dos de ellos en menos de un mes. En ambos casos, por unas grabaciones en las que hacían críticas a la Lava Jato, la operación que investiga desde 2014 un caso de corrupción de proporciones multimillonarias en la compañía semiestatal Petrobras.

El mismo escándalo, también conocido como Petrolão, amenaza con llevarse por delante a otros ministros y dirigentes del PMDB, el partido de Temer, entre ellos, los presidentes de la Cámara de los Diputados, Eduardo Cunha, y del Senado, Renan Calheiros. El primero está suspendido de sus funciones desde principios de mayo por decisión del Supremo Tribunal Federal y podría llegar a ser detenido, y contra el segundo también existe una petición de prisión por obstruir la Justicia.

Se da la circunstancia de que esos dos cargos ocupan la segunda y tercera posición en la actual línea de sucesión, dado que la Vicepresidencia de la República está vacante desde que se aprobó el impeachment en mayo. No hay consenso entre los juristas sobre quién debería ocupar el lugar de Temer cuando viaje por primera vez al extranjero, puesto que el jefe de la Cámara, Waldir Maranhão, también es un interino y apenas tiene apoyo entre sus propios colegas diputados.

Imprevistos en las obras

En medio de ese caos político, y con la economía nacional contrayéndose casi un 4% por segundo año consecutivo, Río de Janeiro también arrastra sus propias preocupaciones a tan sólo ocho semanas del inicio del megaevento deportivo. Mientras los organizadores aseguran que la construcción de las instalaciones está prácticamente concluida, algunas de las obras consideradas como un “legado” para la ciudad ya están dando quebraderos de cabeza a los cariocas.

El ejemplo más reciente son los agujeros que comienzan a surgir en el asfalto una carretera recién inaugurada para mejorar el tráfico entre los barrios residenciales y turísticos de la zona sur (Copacabana, Ipanema, Leblon...) y la zona oeste (Barra da Tijuca), donde se encuentra el parque olímpico. El alcalde de Río, Eduardo Paes, ha calificado la situación de “inaceptable” y ha culpado a la constructora.

Si en ese caso los problemas tardaron apenas 10 días en aparecer, en el nuevo tranvía del centro de Río no hubo que esperar ni 24 horas. El llamado vehículo ligero sobre raíles (VLT, en portugués) fue estrenado el domingo por el alcalde y el lunes, en su primer día útil de funcionamiento, sufrió una parada por falta de energía cuando se dirigía hacia el aeropuerto de Santos Dumont.



Más grave e irreparable fue el accidente en la ciclovía Tim Maia, que se desmoronó por el impacto de una ola y causó la muerte de dos personas en abril, sólo tres meses después de su inauguración. En ese caso, las autoridades también atribuyeron la responsabilidad a la empresa encargada de la obra.

La “alarma” del zika

A todos esos imprevistos se une la preocupación, más fuera que dentro de Brasil, por los riesgos del virus zika. Pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado reiteradamente que las embarazadas son las únicas que deberían evitar viajar a Río, el país organizador se ve obligado a responder casi a diario a la inquietud de las delegaciones. Deportistas tan influyentes como Pau Gasol, jugador de Chicago Bulls y de la selección española de baloncesto, han llegado a declarar públicamente que se plantean renunciar a los Juegos por ese motivo.

A través de una nota divulgada este martes, el Ministerio de Exteriores brasileño se refirió a la cuestión y recordó que la OMS no ve “motivos” para “transferir o cancelar” los Juegos Olímpicos y Paralímpicos por el zika, el dengue y otras enfermedades transmitidas por el mosquito Aedes aegypti. “Las tasas de incidencia son históricamente reducidas en los meses de julio y agosto, una disminución que será todavía más acentuada por las acciones preventivas”, explicó el Gobierno, quejándose de la “alarma” provocada por noticias “sin base científica”.

En un tono más optimista, el presidente interino propuso también este martes “una inyección de ánimo y de seguridad institucional” para disipar esas dudas ante la prensa y las autoridades extranjeras. Recordando el ejemplo positivo de la organización de la Copa del Mundo de fútbol en 2014 y con su peculiar forma de hablar en público, Temer proclamó: “La simbología de la Olimpiadas, no necesito decir esto, pero a veces decir trivialidades es importante... Para nosotros, en el concierto nacional e internacional, el éxito de las Olimpiadas significa el éxito de nuestro país”. Faltan 56 días para comprobarlo.


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