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¿Cómo llegar a ser un buen “alcalde nocturno”?

Nueva York acaba de crear una institución oficial para supervisar la vida nocturna. La Gran Manzana puede aprender mucho de la experiencia en Ámsterdam, Berlín y Londres.
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20 Oct 2017 – 7:12 PM EDT

La vida nocturna es, a menudo, un problema inquietante para las autoridades urbanas. Pero si se estimula de forma adecuada, puede convertirse en un atractivo tanto para los residentes locales como para los turistas. El balance es complejo: si permitimos que se nos vaya de las manos, puede derivar en un foco de crímenes; si se toman medidas demasiado estrictas, se puede amputar una parte esencial de la experiencia urbana.

Sin la orientación y la gestión precisas, los gobiernos locales casi siempre se equivocan cuando se trata de 'controlar' la noche urbana. Los políticos suelen no estar familiarizados con el discurrir de la vida al anochecer y su comprensión de su organización y los actores involucrados suele ser limitada. Con frecuencia, ven a la vida nocturna exclusivamente como problema.

Sin embargo, en los últimos años algunas ciudades alrededor del mundo han revertido esta tendencia, creando posiciones que manejan este tema. En Ámsterdam, se trata del 'alcalde nocturno' ; en Londres, la 'alta funcionaria de la noche'; en Berlín, la Clubcommission. El concepto adquiere muchas formas, pero la idea es la misma: dotar a la vida nocturna de alguien que la defienda con claridad e inspire respeto en la alcaldía.


El concepto ha comenzado a darse a conocer en Estados Unidos. El pasado 24 de agosto, el Concejo Municipal de Nueva York votó para fundar la Office of Nightlife (Oficina para la Vida Nocturna), programada para iniciar sus operaciones en invierno próximo. Se trata de la primera gran ciudad de Norte América en adoptar esta idea, la que acá estará enfoncada en resolver problemas como las condiciones de los trabajadores nocturnos, los efectos de las leyes de zonificación, el manejo del ruido y la basura, y, por qué no, el poder facilitarles las cosas a artistas y pequeños clubes nocturnos.

La cultura nocturna de la ciudad de Nueva York es un componente esencial de su identidad, aunque el papeleo burocrático, el aumento del precio de las rentas y la falta de planificación comunitaria ha hecho que sea cada vez más difícil para los distintos espacios la contribución a que se mantenga funcionando nuestra icónica vida cuando cae la tarde”, dijo en un comunicado de prensa Rafael Espinal, concejal que propuso la Oficina.

Esta realidad se puede aplicar a muchas ciudades de Estados Unidos y el experimento de Nueva York será observado atentamente alrededor del país. Porque hay muchas preguntas mientras tanto: ¿Por qué las autoridades de una ciudad deberían concentrar tantos esfuerzos y recursos en pos de gestionar su vida nocturna? ¿Qué puede evitar que un alcalde nocturno (o una institución encargada de velar por la vida a esas horas) ejercite una mera operación de cabildeo en favor de los bares y los clubes locales?

Para acercarnos a entender cómo funciona la idea en la práctica, CityLab se puso en contacto con varias instituciones en Europa. A continuación se exponen algunos aspectos clave para que, de esta forma, las urbes norteamericanas interesadas pueden extraer conclusiones relevantes.


Aprende a valorar la noche

La pregunta más obvia es por qué es necesaria una oficina que proteja la vida nocturna. Si bien no siempre goza de buena reputación, el cómo se aprovecha la noche es un elemento vital en el modo en que una ciudad grande se transforma en una gran ciudad. No se trata solo de proveer a las personas de lugares a los cuales salir y hallar diversión. Este momento es también una oportunidad para que mucha gente –especialmente para las minorías– entable relaciones con personas afines con las que, necesariamente, no se topan durante la mañana y la tarde.

Aunque, desde afuera, puede parecer una simple forma de pasar el tiempo, la vida nocturna es a su vez un espacio creativo donde germinan sentidos diferentes en los ámbitos de la música, el diseño y la moda, retroalimentando y enriqueciendo la cotidianidad y la economía de la ciudad como un todo.

Allí donde ocurre la vida nocturna, desde luego, se es tan vulnerable a las presiones urbanas como en cualquier otro lugar. El desplazamiento y la gentrificación suponen una amenaza a su vitalidad y su existencia. De hecho, puede suceder que un día, mientras estás caminando por el frente de un club nocturno de segunda, no te percates de que esa máquina de hacer dinero desplazó un establecimiento más pequeño y singular, al cual no le quedó otra que largarse debido al alza de las rentas o a los funcionarios de turno, quienes no eran de fiar.

Es esta sin duda una esfera de la vida que es digna de proteger y gestionar. Pero delegar esta responsabilidad únicamente en un departamento del gobierno de la ciudad, o bien en una asociación de empresas, puede no bastar. Tanto es así que, entre los alcaldes nocturnos de Europa, mantener cierta distancia respecto de el gobierno local o de los empresarios es un pilar básico para ser exitoso en este esfuerzo.

Conservar cierta independencia

“Su función no debería ser la de herramienta política para recaudar votos o algo por el estilo”, sostiene Mirik Milan, alcalde nocturno de Ámsterdam. “Debe ser implementado en aras de crear una práctica cultural a largo plazo. La vida nocturna conecta a la ciudad como un todo”.

Lo anterior podría sonar contradictorio, sobre todo respecto al uso del término 'alcalde', el cual popularizó la propia Ámsterdam, pero la mayoría de las organizaciones nocturnas de Europa son de hecho entidades no gubernamentales o asociaciones, antes que extensiones institucionales de los ayuntamientos. Tanto el 'alcalde nocturno' de Ámsterdam como la Clubcommission de Berlín recibieron ciertos fondos del Estado, aunque son dirigidos por consejos independientes que responden –pese a ser fundamentalmente autónomos– a autoridades de la ciudad.

La cuestión del grado de independencia es crucial, pues contribuye a desarrollar aún más la sociedad civil por medio de la creación de una entidad guiada por un espectro más amplio de voces representativas, incluyendo aquellas con genuinas raíces en la ciudad, pero no automáticamente dominadas por la maquinaria política o las necesidades inmediatas de grupos de empresas más influyentes. Así, además, se trabaja a largo plazo y es menos probable que se deseche la labor cuando un nuevo alcalde llegue.


Las sedes para el control de la vida nocturna no están asociadas, como norma, al poder político. Su papel se asemeja más al de un lobbyista independiente. Aun con una figura como es el alcalde nocturno de Ámsterdam, la inusualmente amplia coalición de personas que lo apoyan –personas con las cuales la alcaldía de la ciudad tiene habitualmente poco contact– habla de que las directrices acordadas suelen ser respetadas, si es que no siempre observadas al pie de la letra.

La falta de verdadera independencia puede ser un ser un inconveniente. Este podría ser el caso de la 'alta funcionaria nocturna' de Londres, quien es designada directamente por el alcalde y cuenta con oficina en la alcaldía de la ciudad. Su trabajo puede verse obstaculizado por los tejemanejes burocráticos. Amy Lamé, quien ocupa ese puesto, fue nombrada por el alcalde Sadiq Khan el pasado noviembre, y sus cercanos vínculos con el Partido Laborista Británico ya han ocasionado que su cargo se perciba bastante politizado. Desde un inicio, ha sido blanco de ataques políticos contra el mismo Khan, su futuro podría estar ligado al propio Khan y su reelección. Es demasiado pronto, de todas maneras, para ver las consecuencias de esto (la Oficina del Alcalde de Londres ha rechazado o ignorado nuestras solicitudes para entrevistar a Lamé desde que ella asumiera en noviembre último).


¿Podrá Nueva York rebasar este escollo? En tanto funcionario designado por la alcaldía y que trabaja para la Oficina de Medios y Entretenimiento del Alcalde, el cargo de director de la vida nocturna en la 'capital del mundo' luce más próximo al de la 'alta funcionaria' londinense que a la autonomía reinante en la Clubcommission de Berlín.

La sugerencia del concejal Espinal pasa por diseñar un útil equilibrio que debería incrementar la independencia de la oficina y su legitimidad: el director de la Oficina para la Vida Nocturna trabajará igualmente en colaboración con una Junta Consultiva de doce miembros, la cual comprende expertos en zonificación, artistas, delegados de la comunidad y trabajadores nocturnos, entre otros. Si bien cuatro de estos miembros serán elegidos por el alcalde, los restantes ocho saldrán del Concejo Municipal de Nueva York, previniendo en teoría que la novedosa entidad degenere en una cámara que se haga eco de los decretos de la alcaldía.

Mirar el panorama completo

Las instituciones para velar la vida nocturna pueden resultar exitosas en asuntos menores, como puede ser el logro de un mejor aislamiento acústico o una más eficiente comunicación con las empresas vecinas durante el día. Pero, para desarrollar verdaderamente su potencial, tienen que mirar a la ciudad como un todo. En el caso de los ejemplos europeos, esto se traduce en la creación de estrategias que puedan ayudar a evitar (o reducir) los efectos perjudiciales de la gentrificación sobre la disponibilidad y la diversidad de la vida de noche.

Este es un tema clave para todas las oficinas que aceptan el desafío. Cuando suben las rentas, muchos negocios nocturnos se ven obligados a cerrar. Esto va erosionado las ciudades de a poco, las va haciendo más monótonas, reduciendo el número de personas en las calles a esas horas y por tanto, simultáneamente, disminuyendo la percepción de que estas ciudades son seguras y bastante frecuentadas. De ahí se deriva que el trabajo por hacer tiene que ir más allá de ajustar las cabinas de DJ en los clubs, por medio de cartones de huevos que amortigüen el sonido. La labor que está por hacer tiene que proponerse crear un clima en el cual el rol social de los negocios nocturnos sea apreciado y protegido.

Londres ya cuenta con algunas herramientas legales que pueden contrapesar estos efectos. En un caso clave que no se pudo solucionar, la ciudad rechazó planes de construir un nuevo proyecto donde se encontraba un club gay en el Este de Londres, aduciendo que el local ofrecía instalaciones y servicios útiles a la comunidad LGBT. Las leyes aplicables son previas a la llegada de la 'alta funcionaria', pero prueban el deseo de la ciudad de proteger los espacios nocturnos que juegan un papel irremplazable en su vida urbana.

En Berlín, por su parte, la insistencia de la Clubcommission de ver el panorama musical de la ciudad como algo más que una estrechamente definida colección de sitios ha contribuido a que la burocracia advierta la variedad y la complejidad del escenario sobre el cual descansa buena parte de los ingresos turísticos berlineses.

“Siempre nos sentimos atraídos por los espacios menos aventajados, como todo lo que sucede de manera gratuita y al aire libre en Berlín. Esto no genera dinero directamente y solo pretende construir una reputación o usar el espacio público para su arte”, comenta el portavoz de la Clubcommission Lutz Leichsenring. “ También cabildeamos para ellos, un enfoque que podría hacer que nuestros otros miembros, potencialmente, pierdan dinero”.

Incluso en términos de puro interés propio, esta es una buena idea. El atractivo de Berlín como lugar para vivir y visitar se basa, al menos en parte, en su reputación de lugar cuya vida nocturna y oferta musical aprecian la calidad por sobre los fines comerciales. Fomentar la prosperidad de estos enclaves es de interés público, ya que pueden incluso mejorar la atmósfera laboral para todos. La amplitud de miras implícita en esta práctica social permite asegurar que, pese a la gentrificación, ninguno de los tildados por los medios como ' Nuevos Berlín' se hayan apoderado, al menos no por el momento, del Berlín actual.


La importancia de financiar este trabajo por la noche

“Las ciudades deben cuidarse de no utilizar el concepto de alcalde nocturno como estandarte para decir a voz en cuello: '¡Mire cuán próspera y abierta es nuestra ciudad!'”, indica Mirik Milan. De hecho, el éxito de Ámsterdam pasa, en parte, por tomarse en serio la vida nocturna. Su plan para introducir la idea de los 'anfitriones de plaza' nocturnos –personas que dan consejos y ayudan a combatir comportamientos antisociales en potencia– en la línea de bares más concurrida de la ciudad tuvo un costo de financiamiento de 400,000 euros, aportado en parte por los dueños de bares y por el gobierno de la urbe. Muchas ciudades se contentarían con la idea de crear un puesto para el defensor de la vida nocturna, pero no llegarían a tomar este tipo de medidas.

Con todo, Lutz Leichsenring nota que recaudar dinero público no es siempre una victoria inequívoca, porque viene con condiciones. “No siempre es tan fácil emplear el dinero del gobierno para llevar a feliz término los proyectos”, acota. “Teníamos que hacer, por ejemplo, una aplicación para eventos a partir de finanzas del estado, pues un senador berlinés quería que nosotros la hiciéramos, aunque 20 compañías que ya estaban haciendo algo similar en el mercado".

Al menos en sus inicios, la Oficina para la Vida Nocturna en Nueva York no contará con los fondos para manejar nada especialmente ambicioso: está enmarcada en un presupuesto de solo 300,000 dólares, aportado por el gobierno local. La mayoría de sus homólogas europeas, mientras tanto, reciben dinero de fuentes privadas. Si Nueva York no halla una forma de aumentar su financiamiento en algún momento, sin embargo, es probable que siga siendo más un árbitro que un jugador en el terreno al menos en cuanto a encontrar vías para que mejoren sus noches.

Refleja el ADN de tu propia ciudad

Un enfoque estándar no funciona. El éxito de Ámsterdam ha sido alimentado por una mezcla única de liberalismo y pragmatismo. En otra localidad, una organización como la Clubcommission de Berlín, cuyos miembros son solo negocios nocturnos, sería una asociación comercial directa. Es en buena medida debido a las profundas raíces de la vida nocturna berlinesa en la cultura alternativa, que esta ha emergido a su vez como protectora de la nocturnidad no comercial, y como defensora de los valores culturales contra el empuje de la mera búsqueda de beneficios económicos.

Pero incluso la proximidad entre la 'alta funcionaria' londinense y el alcalde Khan puede ser un producto inevitable del carácter local de Londres. En un lugar donde los distritos locales tienen más poder que el ayuntamiento, un reformador de la vida nocturna sin el adecuado apoyo político podría no conseguir mucho.

¿Dónde el ADN de las ciudades estadounidenses podría diferenciarse de todos los modelos disponibles hasta ahora? Mirik Milan, de Ámsterdam, sugiere algunos temas comunes.

“Conforme voy conociendo a las ciudades de Estados Unidos, pienso que contar con comisarios policiales en la junta es especialmente importante”, refiere. “Un enfoque estadounidense podría centrarse un poco más en la legislación, la reducción de crímenes, y la creación de compensaciones o soluciones intermedias. Por un lado, podrían asegurarse de que la violencia motivada por el consumo de alcohol disminuya, como los crímenes, para hacer más seguras las vidas de los residentes. A cambio, esto requeriría cierta ayuda financiera del estado para respaldar la creatividad joven y el talento”.

En otras palabras, todo indica que los futuros supervisores de la vida nocturna en otros países tendrán un precio esencialmente distinto del de sus predecesores europeos y así es como debe ser. El concepto que ha sido presentado en este artículo no va de fundar un modelo único para negociar la noche urbana. Creando mediadores entre los negocios, los residentes, los clientes, y los políticos, las oficinas para la vida nocturna al menos abren un espacio en el que las ciudades pueden discutir, constructivamente, cómo quieren que sean sus noches.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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