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Imagen realizada con tecnología láser del sitio arqueológico huaca Pucllana y la ciudad de Lima a su alrededor.

La milenaria planificación urbana que esconde Lima entre sus vecindarios

La milenaria planificación urbana que esconde Lima entre sus vecindarios

Casi 350 monumentos arqueológicos, no siempre conocidos por los limeños, son muestra de una planificación urbana de 5,000 años. ¿Podría su recuperación ayudar a tener una mejor ciudad?

Imagen realizada con tecnología láser del sitio arqueológico huaca Pucll...
Imagen realizada con tecnología láser del sitio arqueológico huaca Pucllana y la ciudad de Lima a su alrededor.

Adine Gavazzi, arquitecta y arqueóloga italiana, lleva 30 años recopilando evidencia para probar que Lima esconde en sus ruinas prehispánicas la planificación urbana más sofisticada y antigua del mundo. Y, lo que es más osado, ella cree que la distribución de edificios, caminos, canales y cultivos diseñados en esta época aún influyen en el orden de la ciudad.

Además de identificar el número total y la forma de las huacas –recintos arqueológicos prehispánicos– que aún sobreviven en Lima, Gavazzi ha construido, mediante técnicas cartográficas y fotográficas, un mapa que intenta respaldar su hipótesis. De acuerdo a ella, la capital se sostiene entre canales y caminos que fueron construidos a lo largo del periodo prehispánico para interconectar los 350 monumentos erigidos en ese tiempo. ¿Es esto posible?

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El libro Lima. Memoria prehispánica de la traza urbana (2014), donde Adine Gavazzi ha plasmado sus hallazgos, responde la interrogante con fotografías y detalles históricos. Tal es el caso de ‘La Florida’, un templo ceremonial del valle del Rímac, ubicado en el distrito limeño que lleva este mismo nombre. Para la arquitecta y arqueóloga, su construcción en forma de U, desarrollada en 1700 a.C., ha dado pie a que las vías y la zona urbana se construya siguiendo ese sentido. “Mira las líneas paralelas de las calles grandes de la ciudad moderna, son totalmente paralelas a los ejes de esta ‘Florida’. O sea, la ciudad contemporánea no lo sabe, pero ha crecido siguiendo la orientación de las huacas y de los ejes de estas huacas”, explica.

Huaca La Florida.
Huaca La Florida.

Similar es el caso de Cardal, huaca ubicada en el valle de Lurín, en la periferia de Lima. Este monumento más antiguo que el anterior (1300 a.C.), tiene un templo como eje que sigue la misma forma de U en su diseño. “En la fotografía vemos un pequeño templete en forma de U dirigiéndose hacia el norte. La carretera contemporánea es completamente paralela, igual que los cultivos (de la década de los cuarenta) se encuentran en el mismo sentido de esta forma. De estos, puedo mostrar 300 ejemplos”, enfatiza Gavazzi, quien ha publicado dos libros sobre espacios sagrados andinos.

Pero Gavazzi no se queda solo con este descubrimiento. Para ella, la ciudad podría aprender de este orden y gestionarse tomando en cuenta su planificación prehispánica. En su publicación, la arqueóloga explica cómo la planificación prehispánica garantiza la sostenibilidad mediante el conocimiento y uso de “cada detalle natural, bioclimático y geomorfológico”. De acuerdo a la investigadora, estas culturas crecieron siguiendo las estructuras de los sitios ceremoniales y residenciales, adaptándose al territorio “sin impactos traumáticos o irreversibles”.

Huaca Cardal.
Huaca Cardal.


Adine Gavazzi, quien es también fundadora de la Cátedra Unesco en la Universidad de Génova, ha identificado que la conexión entre huacas se produce por medio de ceques o caminos para el peregrinaje, así como a través de canales. En su libro, Gavazzi postula que aquellas vías estaban destinadas a funcionar como rutas de culto y ofrenda y, por lo tanto, debieron siempre mantener abastecido de agua a quien lo transitó.

“Es suficiente observar y reconocer cómo han sido utilizados los recursos en el pasado para darse cuenta que hay formas mejores de abastecerse, y es suficiente conservar y promover esa clase de manejo de los recursos”, explica la investigadora. “Antes se tenía una densidad habitacional de cierto tipo, un uso de los recursos de un cierto tipo, reciclaban sus deshechos de una cierta manera. O sea, se establecía una correspondencia entre los recursos existentes, el uso de estos y los deshechos”.

Pero no todos están de acuerdo con la tesis de Gavazzi, quien ve como una hazaña prehispánica el que las culturas hayan logrado establecer un sistema conectivo de más de 1,200 kilómetros cuadrados, entre caminos, decenas de canales y centenares de derivaciones hídricas, estableciendo una relación entre el litoral del Pacífico, las lomas y las zonas andinas, estando Lima en medio de un desierto. José Canziani, doctor en Arquitectura y Urbanismo por la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, discrepa del planteamiento de la investigadora italiana. Como estudioso de la historia del urbanismo, la arquitectura prehispánica y el manejo del territorio, Canziani hace una precisión esencial en el planteamiento de Gavazzi.

“Lima no es una ciudad en el desierto. Lima es una ciudad construida en un valle que ha encementado, es decir, ha desaparecido un valle que es una cosa más grave y tenemos que entenderlo así”, asegura el director del Centro de Investigaciones de Arquitectura y la Ciudad de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

De acuerdo a Canziani, es inviable pensar en la Lima prehispánica como un modelo. “La ciudad se inventó para seguirla perfeccionando, se inventó en diferentes momentos históricos, y luego desapareció y se volvió a regenerar, cada vez con modelos y lógicas absolutamente diferentes”, explica. “[Resulta un] plan fantástico prehispánico [sobre todo cuando] hemos borrado dos de los valles, y hay otro que está por desaparecer”, indica el investigador en alusión a los valles del Chillón, del Rímac y del río Lurín, en ese orden.

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El autor de numerosas investigaciones sobre urbanismo y arquitectura critica duramente la propuesta de Gavazzi. Los cambios iniciados por los españoles a su llegada es el punto de partida de su argumento. “En la lógica colonial se instala un elemento de ruptura”, asegura. Como explica en su contribución al libro editado por Johanna Hamann , ‘Lima: Espacio público, arte y ciudad’ (2013), luego de la conquista se usa el territorio esencialmente “como fuente de extracción de recursos y como espacio para el desarrollo de actividades productivas rentables para el sostenimiento de la ciudad y sus habitantes”.

La ciudad convive, a veces sabiéndolo y a veces sin saberlo, con sitios...
La ciudad convive, a veces sabiéndolo y a veces sin saberlo, con sitios arqueológicos. Acá, la huaca Pucllana.

Para Canziani, la total transformación de los espacios arqueológicos desde su dimensión física, pero también social hicieron que “el afán de la máxima rentabilidad económica”, como indica el arquitecto, supere al de la preservación y la memoria. Desde ese entonces, los limeños conviven con sitios arqueológicos convertidos en “no lugares”. Es decir, espacios que en los últimos 100 años han sido, y aún son, “condenados al anonimato y a la pérdida de su identidad”, sostiene el investigador. Precisamente en esto último coincide con Gavazzi.

El caso de la ciudad real de Maranga (900- 1470 d.C.), ubicada entre lo que actualmente son los distritos de San Miguel y Pueblo Libre, es un ejemplo ampliamente estudiado por Canziani. Se trata de la desaparición, casi absoluta, del “conjunto de pirámides y montículos hechos con pequeños adobes –suerte de ladrillos de barro- [sobre lo que fue] el complejo urbano más importante de la cultura Lima en el valle del Rímac, y de los demás valles de la costa central”, como indica el investigador en su libro Ciudad y territorio en los Andes: contribuciones a la historia del urbanismo prehispánico (2012), a partir de la primera mitad del siglo pasado.

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Todo comenzó en la década de 1920 con la construcción de una avenida principal, conocida ahora como la avenida Venezuela (originalmente avenida Progreso) . Durante los años cuarenta se aprobó la construcción de un estadio sobre la Huaca Concha, la segunda con mayor tamaño de esta antigua ciudad. Posteriormente se construyó un hospital naval, el campus que actualmente ocupa la Universidad Nacional Mayor de San Marcos e incluso un zoológico, administrado hoy por la Municipalidad de Lima.

“Esa fue la lógica de la muerte anunciada para la relación entre el urbanismo y el mundo prehispánico”, asegura el investigador. “A partir de allí, la [nueva] morfología rompe con todo el tejido prehispánico”, indica Canziani. Quedan apenas remanentes que no hacen justicia, ni por asomo, de lo que alguna vez fue la extensión de cinco kilómetros cuadrados de esta monumental ciudadela, comparable con obras como Chan Chan, la segunda ciudad de adobe más gran del mundo, que desde 1986 es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Canziani no niega que existe un tejido previo y que es necesario volver a conectar los monumentos con el territorio a partir de las calles, avenidas y partes de acequias que aún quedan. “[Sin embargo] el tema no es solamente [convertir a] la huaca en espacio público, sino en volver a comprender, en reconocerla a nivel de memoria”.

Para Liliana Miranda, urbanista y arquitecta, actualmente cursando su doctorado en la Universidad de Ámsterdam, la tesis de Adine Gavazzi es parcialmente válida. La directora ejecutiva del Foro Ciudades, una red que agrupa a 57 instituciones de 20 ciudades del Perú que pretende mejorar la calidad ambiental y capacidad de gestión pública y privada, dice que es posible que exista una trama prehispánica de canales y caminos que en este punto haya condicionado la ciudad. Sin embargo, Miranda no considera viable que esta planificación –que podría estar orquestando el lugar en el que se construyen las viviendas, el sentido de las vías y hasta la aparición de parques– pueda adoptarse como parte de la gestión de la ciudad. “Así como están las cosas, con la codicia inmobiliaria que hay, con las municipalidades prácticamente presenciando cómo crece la ciudad y sin hacer nada porque no planifican, esto es imposible”, explica.

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Con todo esto, la posible interconexión entre las 350 huacas que rodean y cruzan los vecindarios de Lima ha creado en Adine Gavazzi una misión: darle notoriedad a este patrimonio haciéndolo ingresar a la Lista de Patrimonio de la Humanidad de Unesco. Actualmente, en Lima solo su casco histórico ha adquirido tal condición (Perú tiene otros 11 sitios, entre patrimonio material y mixto, reconocidos por esta organización de la ONU). “Mi objetivo declarado es alargar los límites [reconocidos] que ahora se limita a la parte hispánica, para comprender todo el sistema de caminos y canales, es decir, para comprender la planificación de la Lima prehispánica”, indica Gavazzi.

Tal iniciativa no encuentra, en contraparte, un compromiso similar y decidido en las autoridades y su gestión municipal o estatal. Constructoras formales e informales han estado creando proyectos inmobiliarios en las huacas, lo que se ha sumado a otros problemas como el derrumbe de una de las pirámides de la huaca Paraíso (3500 - 1800 a.C.) en 2013 o el reciente incendio del complejo Ventarrón (2900 - 1700 a.C.), al norte del país, el cual ha dañado piezas, restos óseos e incluso un mural. Todo esto, sumado, da cuenta de una memoria que, más allá de permanecer ausente, puede que llegue a extinguirse.

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