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La historia secreta de las 'baldosas por la memoria' que pueblan las aceras de Buenos Aires

Más de 500 de estos recordatorios de los abusos de la dictadura se encuentran esparcidos por la capital argentina.
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24 Abr 2017 – 12:01 PM EDT

Liliana Giovannelli, de 61 años, rara vez visita la piedra conmemorativa en Buenos Aires en la que se lee el nombre de su esposo. Está sobre la acera en una calle del norte de la capital argentina, no donde él está enterrado, sino donde desapareció cuando tenía 27 años. Su cuerpo nunca fue encontrado. Y unos 40 años después, Giovannelli aún lo sigue buscando.

La placa artesanal, cuidadosamente armada con incrustaciones de vajilla rota y vidrios de colores, está dedicada a su esposo, Juan Carlos Panizza, y a otros tres secuestrados por las fuerzas militares en una fábrica de cerámicas de Villa Adelina. Se trata de una 'baldosa por la memoria' instalada en 2010 como parte de una iniciativa comunitaria en tributo a las decenas de miles de desaparecidos durante la última dictadura del país austral.

Giovannelli tenía solo 20 años cuando Juan Carlos desapareció. Llevaban casados ocho meses. Cuando Juan Carlos desapareció, su esposa nunca esperó no verlo de nuevo. “Yo no tenía la menor idea de qué estaba ocurriendo”, confiesa Giovannelli. “Yo estaba segura de que regresaría de un momento a otro”.

Liliana Giovanelli y Juan Carlos Panizza el día de su matrimonio. Ocho meses después, él sería secuestrado (archivo personal).

Grupos de derechos humanos estiman que unas 30,000 personas fueron asesinadas o desaparecieron durante la brutal acometida militar contra los disidentes políticos de izquierda. Muchos fueron torturados en centros de detención clandestinos antes de ser incinerados o tirados en tumbas sin identificar. Cientos de niños fueron separados de sus padres encarcelados. El gobierno militar lo llamó la 'Guerra Sucia', un término que hoy día aún irrita a sobrevivientes, pues implica que no hubo genocidio, solo una guerra civil interna entre la dictadura y terroristas.

Información desclasificada por Estados Unidos en 2002 reveló que 19 trabajadores fueron ejecutados en el centro de Campo de Mayo, en noviembre de 1977. Juntando toda la información disponible, Giovannelli está bastante segura de que Juan Carlos fue uno de ellos. Ella espera hallar sus restos, aunque parece una misión imposible: muchos de los detenidos en Campo de Mayo fueron lanzados al mar desde aviones.


Fotos de los trabajadores desaparecidos en la zona norte de Buenos Aires, conocidos como los ceramistas, por su trabajo (cortesía de Barrios x La Memoria y Justicia).

A inicios de la década de 2000, Giovannelli, junto a otros activistas, trató de encontrar la forma de recordar a las víctimas en espacios públicos. Poco a poco, un colectivo formado por grupos vecinales de alrededor de unos veinte vecindarios distintos de Buenos Aires se aglutinó en el marco de Barrios x la Memoria y Justicia. El grupo comenzó a pegar calcomanías y fotos en las calles, señalando los lugares en que vivieron los desaparecidos. Pero estas se dañaban, así que buscaron otra opción.

En 2006, el colectivo empezó a crear y colocar baldosas por la memoria, junto cuando el entonces presidente Néstor Kirchner reabrió los juicios sobre los crímenes de la era de la dictadura, luego de décadas de impunidad y silencio. Hoy, más de 500 de estos recordatorios han sido develados en las calles capitalinas.

Para solicitar una baldosa por la memoria, las familias de los desaparecidos acuden a su grupo local, el cual entonces verifica el nombre y la fecha, cotejándolos con cualquier registro que tengan las organizaciones por los derechos humanos. La familia forma también parte del ritual de crear las losas rectangulares y contribuye, junto a la comunidad, a pagar el costo de los materiales.


Baldosa en memoria de Panizza y otros de los ceramistas desaparecidos (cortesía de Barrios x La Memoria y Justicia).

Los eventos en que se colocan las baldosas se asemejan a los actos conmemorativos. Miembros de la comunidad, amigos y familiares dan discursos y comparten historias y fotos. Héctor Rodríguez, de Barrios x Memoria y Justicia en Zona Norte, sostiene que mezclar la arena y el cemento y luego poner la baldosa es “un acto colectivo muy estimulante en el cual todo el mundo participa”. Puede ser reparador para numerosas familias, añade, “porque por primera vez en 40 años, están hablando de sus experiencias”.

Los transeúntes, desde luego, hallan a su paso las humildes lozas en las esquinas, en los exteriores de edificios e incluso enfrente de escuelas y colegios. Localizando los puntos de la ciudad en que tuvieron lugar estos hechos, el proyecto se encamina no solo a rescatar la memoria colectiva sino a estimular el diálogo en las comunidades asoladas por el dolor y el recelo.

Cerca de una casa pequeña y cobriza, sobre una calle residencial en Villa Adelina, descansa una baldosa por la memoria de Aldo Ramírez, trabajador naval y miembro del grupo guerrillero de izquierda conocido como los Montoneros. La viuda de Ramírez, Rufiela Gastón, de 67 años, fue forzada a esconderse con su hija de cinco años. Antes de que la baldosa por la memoria fuera depositada fuera de la casa donde Aldo creció, ella no podía siquiera visitar el sitio. “Ahora, después de 30 años, puedo regresar. Es como traer a alguien de vuelta a su comunidad”, repone. “Los desaparecidos tienen ahora una presencia simbólica”.

Héctor Rodríguez, miembro de Barrios x Memoria y Justicia en Zona Norte.

Para Giovannelli, las baldosas son sitios tanto para el alivio como para el dolor, dando a los seres queridos un espacio en el que congregarse. “No diré que estas reemplazan algo, porque no lo hacen”, añade. “Pero es una manera de reunirnos y recordar a alguien que ya no está. Uno no puede guardar luto por un desaparecido”. Además, las losas son a su vez una herramienta para tratar de hacer justicia. La colocación de las losas ha contribuido a difundir la verdad, despertando el interés de personas que pudieran tener información. “No sabíamos cómo dar con más testigos. Estamos hablando de cerca de treinta años después de que ocurrieran estos hechos”, sostiene Giovannelli.

Documentar por este medio la historia de los desaparecidos nunca ha sido tan importante, dicen los miembros de Barrios x Memoria y Justicia. La elección de Mauricio Macri en 2015 significó un cambio político hacia la derecha y reavivó un debate muy politizado sobre el número de personas desaparecidas. La negativa de Macri de reconocer la cifra ampliamente aceptada de 30,000, sus intentos por cambiar un día feriado que conmemora a las víctimas y sus propuestas para transformar varios de estos sitios, han llevado a grupos de izquierda, activistas de derechos humanos y familiares de los desaparecidos a acusarlo de negar un genocidio. Para Héctor Rodríguez, a través de acciones de esta naturaleza, el gobierno está tratando de socavar un consenso construido durante el kirchnerismo acerca de los acontecimientos en los setentas y ochentas. “No se trata de si son 30,000 o 29,500 personas desaparecidas”, indica. El debate sobre las cifras, aduce, “está teniendo lugar porque este gobierno busca insultar la lucha y sostener que entonces no se cometió un genocidio”.

En medio de un cambio político y un paisaje urbano fluctuante, el colectivo asegura que las familias encuentran consuelo en la idea de la longevidad y en “devolver” a los desaparecidos a las calles que alguna vez recorrieron. “Las losas traen el pasado al presente de un modo indeleble”, añade Rodríguez. “Es un recordatorio urbano permanente y nadie puede negar qué nos están diciendo”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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