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Portland busca que el sistema de bicicletas públicas funcione también para discapacitados

La ciudad se está convirtiendo en una de las pocas que luchan por dejar atrás el prejuicio de que los impedidos físicos no quieren pasear en bicicleta.
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Portland cuenta con uno de los mayores sistemas de bicicletas públicas ‘inteligentes’ del país, y pronto podría tener también uno de los más diversos: a las 1,000 que ya existen se añadirán nuevas unidades accionadas a mano, triciclos para favorecer el equilibro y bicicletas tándems.

La Oficina del Transporte de la ciudad (PBOT, por sus siglas en inglés) está desarrollando un proyecto piloto de bicicleta adaptable para complementar su programa Biketown, el cual renta bicis patrocinadas por Nike, con GPS (Sistema de Posicionamiento Global) y pantallas LCD con energía solar. La idea busca satisfacer a más usuarios con discapacidades, quienes de algún modo han estado presionando a la ciudad a fin de que los asista con bicicletas que ellos puedan controlar fácilmente.

“Las necesidades de estos clientes son muy distintas de cómo los sistemas de bicicletas convencionales funcionan”, sostiene Steve Hoyt-McBeth, gerente de operaciones de la División de Seguridad y Transporte Activo de la PBOT. “La gente quería un servicio con personal que ayudara con las preguntas y la adaptación, quería espacio de almacenamiento para su artefacto de movilidad y no estaba mayormente interesada en andar en bici junto a los autos”.

El gobierno de la ciudad planea asociarse con las tiendas existentes que rentan bicicletas, sobre todo las ubicadas cerca de senderos de usos múltiples que no permitan la circulación de vehículos automotores. Podrían crearse a su vez formas de estacionamiento para sillas de rueda y otros aparatos de movilidad, de modo que los usuarios puedan almacenarlos con seguridad mientras recorren la zona por un par de horas. Ya empleados del gobierno de la ciudad han consultado a varias organizaciones defensoras de derechos, así como entrevistado a usuarios con impedimentos físicos. La idea es lanzar el programa piloto en junio.

¿Qué aspecto tendrían las nuevas bicicletas? Hoyt-McBeth señala que Portland se inclina por tres tipos, incluyendo “una versión más atlética y agresiva” de esta más delgada que ayude a las personas con limitados movimientos -o ninguno- de su tren inferior. Al mismo tiempo, se está considerando el uso de triciclos de pedales para aquellos “que sí pueden utilizar sus piernas para impulsarse a sí mismos, aunque con problemas para mantener el equilibrio” y bicicletas tándems (tanto con asientos uno al lado del otro, como uno detrás del otro), las cuales “permitirían pasear en bici a personas que no pueden valerse del todo por sí mismas”.

Desarrollando este programa, Portland echa una mano a la lucha por desterrar la noción de que la gente discapacitada no gusta de andar en bicicleta, la cual se manifiesta en el irrisorio número de sistemas de bicicletas públicas en Estados Unidos que ofrecen, a su vez, vehículos alternativos.

“Solo un puñado de ciudades dispone de sistemas de bicicletas compartidas y de opciones simultáneas para impedidos físicos”, indica Tim Frisbie, directivo de comunicaciones del Centro de Movilidad de Uso Compartido, radicado en Chicago. “Portland es de lejos la ciudad más grande en tener este tipo de programa, aunque parece que solo una pequeña cantidad de bicicletas adaptables estarán disponibles (los planes iniciales hablan de seis)”. Otras ciudades con programas similares son Carmel, Indiana; College Park, Maryland; Corvallis, Oregon; y posiblemente pronto, Oakland, California.

Una probable razón que explica la falta de programas de esta naturaleza es que las bicis adaptables son un concepto relativamente nuevo. Una de las primeras compañías en adoptarlos en Estados Unidos – Bcycle, que insertó triciclos como parte de sus operaciones en San Antonio y Madison, Wisconsin– lo vino a hacer en 2013. Frisbie añade que espera ver en el futuro a más ciudades comprometidas en iniciativas de esta índole, integrando diseños diferentes, como cuadros pesados para ‘jinetes’ más grandes y bicicletas asistidas por pedales eléctricos para los amantes del desafío de montar.

“Vemos los sistemas de bicicletas adaptables como parte de una tendencia mayor, la de querer hacer disponibles a todos, y en todas partes, las formas compartidas de transporte y movilidad. No solo para discapacitados, sino también para los que tienen necesidades financieras”, explica Frisbie. “Ya que estas iniciativas pueden ofrecer beneficios significativos –ayudar a reducir los costos de transporte por hogar, mitigar la emisión de gases de efecto invernadero, e incrementar el nivel de empleos, las oportunidades, y la calidad de vida en general–, creemos que las ciudades deberían hacer todo lo que tengan a su alcance para expandir el acceso a estos servicios”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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