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CityLab Transporte

Lyft predice el fin de los automóviles privados para 2025

John Zimmer, cofundador de la empresa, cree que los vehículos autónomos nos llevarán a dejar de compras autos. Aunque todavía queda mucho por hacer en el campo.
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22 Sep 2016 – 11:29 AM EDT

¡Rápido! Marca esta página como favorita y programa una alerta en el calendario para el 1 de enero de 2025. El presidente y cofundador de Lyft, John Zimmer, lo pone en estas palabras: para 2025, en las principales ciudades de Estados Unidos, tener un auto privado se verá casi como un anacronismo.

La idea del Día del Juicio Final Automotriz se ha discutido mucho desde que Google probó que los automóviles completamente autónomos son un objetivo alcanzable. Una vez que los vehículos no necesiten chofer, tampoco, y en cuestión de poco tiempo, necesitarán dueños. El auge de servicios como Uber y Lyft impulsa aún más la maquinaria que busca suprimir los coches privados, preparando las condiciones para que un pequeño pero creciente segmento poblacional confíe en vehículos ajenos, con el fin de moverse de un lugar a otro.

Mientras su rival, Uber, está poniendo a prueba Volvos autónomos en Pittsburgh, Zimmer y Lyft no se cruzan de brazos, y ofrecen una fecha concreta para la pretendida transformación: dentro de cinco años, la mayor parte de los servicios de Lyft no necesitarán de un chofer humano. Y menos de otros 5 años después de entonces, el auto privado quedará esencialmente extinto. “En 2025, ser dueño de un auto seguirá el camino del DVD”, publicó Zimmer en Medium, bajo el título La tercera revolución del transporte.

La Lyft -céntrica visión de Zimmer sobre un futuro post-auto, de la cual también habla en una entrevista con Time , verá a más de un residente urbano adquiriendo contratos con diferentes límites de kilometraje, de modo parecido a los planes de telefonía celular. Se trata de un modelo de suscripción similarmente ambicioso al de “Master Plan, Part Deux,” del dueño de Tesla, Elon Musk, el cual postula que los coches completamente autónomos, pero bajo propiedad privada, formarán, gradualmente, un servicio de transporte a sueldo, siguiendo itinerarios definidos por sí mismos con el propósito de recoger pasajeros y hacer dinero para sus dueños. Este “ejército esclavo” de automóviles no solo le permitirá a Tesla mantener la venta de autos privados, sino que abarataría el valor de la propiedad de estos, ya que los autos ayudarían en el sustento de sus dueños, mientras duermen o trabajan.

Para los pasajeros, por su parte, la única pregunta sería: ¿a qué robot te gustaría subirte? Pues, de un modo u otro, los vehículos autónomos están a la vuelta de la esquina.

En el transcurso de los cinco años proclamados por Lyft hacia la total autonomía, Zimmer ve una necesidad de corto plazo relacionada con una mayor presencia de choferes humanos vinculados a sus colegas mecánicos: cada vez más personas preferirán la experiencia de transporte compartido, pero los servicios iniciales autónomos estarán limitados a poca velocidad en condiciones óptimas. A medida de que la tecnología avance, estos choferes serán puestos de patitas en la calle, como lo muestra el siguiente gráfico:


Lyft firmó un contrato con General Motors en enero, donde la compañía automotriz se compromete a invertir 500 millones de dólares en servicios ya sea de taxis, Uber o Lyft. GM es justamente la que está proveyendo los vehículos para el primer programa piloto en Phoenix. Otras firmas automotrices como Ford (la cual anunció la semana pasada sus propias intenciones de comercializar un automóvil autónomo para nada menos que 2021) están denodadamente reforzando sus planes de fabricación de autos sin necesidad de chofer.

De algún modo, la relación entre estas compañías automotrices y las advenedizas empresas confabuladas para interrumpir los modelos de negocio de aquellas no deja de ser filosóficamente tensa: aunque Zimmer inicia su mensaje hablando de su amor por Hot Wheels, el cual le viene desde la infancia, está abogando explícitamente por un futuro sin choferes, del tipo que fueren, como dijo en el artículo que escribió:
“La práctica del transporte compartido ya ha empezado a facultar a mucha gente para vivir sin ser dueño de un automóvil. La edad de los jóvenes con licencia de conducción ha ido disminuyendo constantemente, incluso desde cerca del año en que nací. En 1983, un 92% de aquellos entre 20 y 24 años tenía licencias de conducción. En 2014, era solo un 77%. En 1983, por su parte, un 46% de los chicos con 16 años disponía de una de ellas. Hoy, en cambio, solo un 24% lo hace. Todo está dicho, un millennial de hoy día es en un 30% menos propenso a comprar un auto que alguien de la generación previa.
“Cada año, más y más personas concluyen que es no solo más fácil, sino más barato, vivir sin auto. Y cuando los vehículos autónomos en red suban a escena, por debajo del costo de poseer un coche, la mayoría de los residentes en la ciudad dejarán de usar los coches personales”.

Zimmer, como muchos otros defensores de vivir sin auto, subraya los efectos transformadores y saludables de este proceso, desde la demolición de las zonas de estacionamiento (verdaderas usurpadoras del espacio público) y autopistas urbanas, hasta la recuperación de calles flanqueadas por más amplias aceras. “Tendremos la oportunidad de rediseñar nuestro tejido urbano”, escribe.

Todo esto parece lo bastante cierto, ¿pero realmente llegará a materializarse tan rápido esta singular cruzada contra el automóvil?

Seguro, ¿por qué no? Aunque “5 años”, como muchos han observado, es un plazo ideal para que las grandes firmas tecnológicas realicen predicciones que, además de pretender cambiar el mundo, suenen verosímiles. Después de todo, un quinquenio es muy poco tiempo para idear un titular efectivo, pero es mucho tiempo para que, en caso de que no resulte la transformación, alguien reclame. Desentrañar todo un siglo de amor de los estadounidenses hacia los automóviles privados –pese a todos esos millennials sin licencia, el año pasado se vendió un récord de 17.5 millones en autos y camionetas– pudiera tardar algo más que la esperanza de los utopistas tecnológicos. Así que veámonos en 2021 para ver si todo sale bien.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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