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La Expo Line puede ser el comienzo de un nuevo Los Ángeles

Para la gente que no tiene automóvil o no puede manejar, la extensión a Santa Mónica es más que solo una forma divertida de llegar a la playa.
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6 Jun 2016 – 5:47 PM EDT

Hace unas dos semanas, Los Ángeles inauguró el segundo tramo de la línea Expo Line, una nueva y única opción de transporte público para ir del centro de la ciudad hasta la playa (más allá de los lentos autobuses). Desde hace más de sesenta años, cuando se descontinuaron los trolebuses rojos, que no había algo parecido. Para algunos, especialmente los dados a expresiones dramáticas como quien escribe estas líneas, esta línea representa una nueva era para el transporte público en la ciudad. Pero quizás es más preciso decir que el tren es parte de un esfuerzo lento pero consistente que busca aumentar el acceso ferrocarril a través toda el área metropolitana, algo que no suena tan revolucionario.

Pero para los ciudadanos que nunca imaginamos que íbamos a poder tomar tren a la playa, esto se siente como algo verdaderamente innovador. Los Ángeles es, por esencia, la ciudad del tráfico y de las autopistas, llena de gente que no les interesa el transporte público (o así me lo dicen los artículos que se escriben en Nueva York).


Aunque actualmente no vivo ahí, todavía me considero una clásica "angelina", excepto en un sentido: no tengo automóvil, ni quiero tener automóvil.

En realidad, ni siquiera sé manejar. Pasé mis 16 sin obtener una licencia de conducir y en los años que posteriores simplemente nunca la saqué.

Sé que esto sonaría un poco ridículo en cualquier ciudad, dado que tengo 22 años y ya no es nada aceptable estar pidiendo que me lleven de un lugar a otro. Pero esto es algo especialmente raro en Los Ángeles, la ciudad de autopistas. Aquí casi todos los que pueden comprar un automóvil, lo compran. Todos los que pueden manejar, manejan.

Pero yo no. Cuando vivía en L.A., sobrevivía en los autobuses: el número 2 fuera de Westwood, varios alrededor de Santa Mónica y el 720 por Wilshire. Cuando tenía una urgencia usaba Uber. Siempre era una pesadilla no poder manejar, pero sí me dio una buena idea de cuánta falta hacía un buen sistema de transporte público en la ciudad, y al mismo tiempo me generó una actitud defensiva sobre el transporte público que tenemos.

“No es tan malo como creen”, les decía a mis amigos de otros estados, que ponían malas caras sobre nuestra red de autobuses y trenes que (supuestamente) no te llevan a ningún lugar.

Yo todavía creo que no es tan malo como dicen. Pero eso no quiere decir que sea bueno. Fuera de pequeñas áreas en el East Side y quizás en el centro, no hay cultura peatonal, porque no hay peatones. Los autobuses son lentos y congestionados durante las horas pico, estancados por el infame tráfico de la ciudad. Pero ustedes quizás ya saben todo esto, ya que se ha escrito sobre ello miles de veces.


Pero a mí mejor me cuentan entre los creyentes: Los Ángeles no siempre era la ciudad del automóvil. Y el cambio ha sido gradual, lento y anticlimático, pero está pasando. En 2008, los votantes aprobaron un impuesto de medio centavo para financiar nuevos proyectos de tren en la ciudad, incluyendo esta extensión más reciente. La idea de tomar ferrocarril ligero a la playa llamó a multitudes inmensas a las plataformas de la extensión en los días después del lanzamiento, lo cual me dice que hay mucha gente en la ciudad que quieren una mejor opción que el automóvil (a pesar de unos West Siders que continúan con sus argumentos totalmente sordos y francamente racistas sobre ferrocarril alcanzando a su parte de la ciudad).

Yo tomé la nueva Expo Line desde el Centro el pasado jueves a las cinco de la tarde, un momento del día en el que nadie querría viajar hacia la playa tradicionalmente. Francamente, la experiencia no fue ideal. La plataforma estaba abarrotada, mucho más de lo que me toca normalmente en Washington, D.C. (donde vivo en la actualidad). Decidí no tomar el primer tren, porque no iba a poder ni respirar con tanta gente. Pero el próximo tren se demoró casi veinte más minutos en llegar, a una de las horas de más tráfico. Dos trenes del Blue Line, cuales comparten rieles con el Expo Line en el Centro, llegaron primero. “Bueno. Todavía estamos en Los Ángeles”, pensé en ese momento.

Pero, eventualmente, el tren llegó. El viaje del centro es muy bello si te gusta la vista de esta ciudad (a mí sí), el que disfruté sentada junto a una ventana. Paramos en varios semáforos en al principio y otra vez me quedé pensando “bueno, esto es Los Ángeles”. Pero al final las detenciones no me molestaron mucho. Desde el Centro a Santa Mónica, el viaje duró 57 minutos. Era una gran mejora respecto al autobús, que dura una hora y media en hacer el mismo viaje, y es algo similar a un viaje en auto a esa hora, aunque puedes descansar del manejo y mirar el horizonte angelino.

Pero, además, todo lo malo se me olvidó cuando me bajé en Santa Mónica y caminé cinco minutos hasta tocar la arena. Llegué rápido, para la hora del día. Y para alguien que no sabe manejar, el hecho de poder hacer esto sin depender de nadie fue más que suficiente satisfacción.


A video posted by @natalialyssa on

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