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La difícil tarea de peatonalizar una de las calles más congestionadas del mundo

Los planes de Londres para Oxford Street evidencian que, incluso en las avenidas con más tráfico, se puede prohibir la circulación de vehículos.
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29 Nov 2017 – 12:02 PM EST
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Según un artista, así quedaría Oxford Street tras su peatonalización. Crédito: Transport for London (TfL)

Finalmente, ocurre. Tras años de agudos debates, la londinense Oxford Street está siendo peatonalizada. Arteria vital de la urbe y con enorme popularidad para ir de compras –y un enorme problema de contaminación–, Oxford Street ha sufrido por años la espesa humareda que dejan a su paso los autobuses, por tratarse de una calle muy congestionada. Como se podría imaginar, poner orden ha sido un dolor de cabeza. Pero si llegara a funcionar aquí, el programa pudiera servir de modelo a cualquier ciudad que quiera transformar una abarrotada vía pública en una zona libre de autos.

Para el cierre del próximo año, 800 metros (cerca de media milla) de la calle quedarán vedados a los vehículos. Las secciones restantes están dispuestas para ser peatonalizadas en dos fases, durante los años subsiguientes. Aunque la calle aloja tanto tráfico y es tan céntrica, que mucha gente duda incluso que el cambio sea posible. Sin embargo, el impulso para el cambio, liderado por el gobierno de la ciudad y espoleado en parte por las vergonzosas estadísticas relativas a la contaminación que sobrepasan los límites de la Unión Europea, está viendo finalmente sus frutos. Ahora, para comprender cómo se puede desarrollar la tan cacareada peatonalización de Oxford Street, conviene echar un vistazo a cómo la ciudad gestiona el desafío.

Mapa que muestra las tres etapas de la peatonalización de Oxford Street: en púrpura para 2020, en celeste para fines de 2018, y en anaranjado para diciembre de 2019.

El problema de la peatonalización de Oxford Street parece simple, pero no lo es, ya que la ciudad que la rodea fue diseñada mucho antes de que fuera inventado, por ejemplo, el motor de combustión interna. La calle tiene (al menos desde cierto punto de vista) casi dos mil años de existencia, siguiendo la huella de la Via Trinobantina, un viejo camino romano que se adentra en el Oeste de Londres. Si bien es bastante amplia para los estándares de Londres, se encuentra entre calles angostas y laberínticas, lo que significa que, durante mucho tiempo, los autobuses y los camiones de entrega que trataban de atravesar la urbe no contaban prácticamente con una vía alternativa.

Sin embargo, lo que hace única a Oxford Street es que los autos privados no han sido fuente de congestión por décadas. Desde los ya lejanos ochentas, se les ha prohibido acceder a la calle en horarios pico; aunque el motivo entonces se avenía más a reducir la congestión que la contaminación. En cambio, la aglomeración de autobuses y taxis se ha mantenido, y los niveles de contaminación y tráfico permanecen críticamente altos. Sin más alternativas, 200 autobuses todavía pasan por Oxford cada hora en horario pico, a menudo lentamente, llenando el aire de tantos gases que la calle ya nos tiene acostumbrados a rebasar, durante las primeras dos semanas del año, sus niveles de emisión considerados seguros para doce meses.

Así que, ¿Cómo puede Londres cerrar Oxford Street sin dañar a la ciudad en torno a sí? ¿Y qué va a pasar con quienes crucen el área en tránsito hacia otro sitio? Aquí van las soluciones a estos problemas.

Hacer del tránsito ferroviario una alternativa viable

El metro que corre por debajo de la calle (la Línea Central) está inmensamente congestionado. Pero a fines de 2018, este tramo de metro obtendrá finalmente un gran alivio gracias al Crossrail, proyecto para construir una red ferroviaria por debajo de la ciudad de Londres, el cual se espera absorba la mayor parte del volumen de pasajeros cotidianos y ofrezca dos paradas en Oxford Street. Con el Crossrail soportando la mayor demanda, el Metro de Londres pudiera (al menos inicialmente) apaciguarse un poco, atrayendo a la mayoría de los pasajeros que usa comúnmente autobús. Todo esto restaría presión al transporte público al nivel de la calle.

Repensando la red de autobús

Hasta cierto punto, los pasajeros de autobuses serán ‘empujados’ para que usen los trenes, ya que muchas de las rutas de aquellos serán interrumpidas. Transport for London, organismo del gobierno local responsable de buena parte del sistema de transporte en la capital londinense, está en efecto perdiendo confianza en las 9 rutas de autobús que hoy día circulan por Oxford Street. Solo dos de ellas serán reorientadas hacia la calle paralela más cercana al norte, si bien otras dos correrán bastante lejos del área. Ahora bien, las cinco restantes, todas viniendo desde el oeste, terminarán pronto en el extremo oeste de la calle, donde debería haber espacio suficiente para que hagan el cambio de rumbo sin obstruir la vía. Los taxis tampoco serán permitidos, y se los dispondrá de nueva cuenta en las calles adyacentes.


Incluso con los nuevos accesos ferroviarios a lo largo de la calle, excluir la circulación de los autobuses puede parecer un exceso; pero la situación actual, en que los vehículos van a paso de tortuga, es insostenible, y pudiera ser peor si las rutas fueran reorientadas hacia la aún más estrecha calle paralela norte más cercana.

Permitir los cruces de algunos vehículos y concebir un área más amplia

Aunque se prohibirá el tráfico este-oeste por carretera, es probablemente poco realista convertir Oxford Street en una barrera de 1.8 millas de largo bloqueando el tránsito de todo vehículo. Por esta razón, algunas calles transversales norte-sur permanecerán abiertas. Eso debería hacer accesibles las calles más pequeñas en sentido sur, incluso si llegar hasta allí en una camioneta que realiza encargos podría ser más difícil.

Mantener estas calles aledañas abiertas solo funcionará, sin embargo, si son tratadas como algo más que un aliviadero por el exceso de tráfico desplazado. Muchas de las calles pequeñas son también áreas de tiendas, y albergan los lugares donde comer y beber que, por cierto, no son muchos y distantes entre sí sobre la calle principal, la cual está dominada por grandes tiendas minoristas. La idea es hacer de esta área un espacio más acogedor para los peatones, con aceras más anchas y muchas más intercepciones. En última instancia, Oxford Street puede cuestionarse su propio hermetismo, permitiendo a sus transeúntes adentrarse en su vasta vecindad.

Hacer el área más atractiva

Hay que cerciorarse de que cualquier zona peatonal es lo concurrida y agradable como para pasar un buen rato. Nada irrita más a los conductores que ver un camino despejado de vehículos solo para dejarlo vacío mientras el tráfico se atasca su entorno. Para conseguirlo en Oxford Street, el plan es allanar la calle por completo, de modo que los bordillos entre la carretera y la acera desaparezcan. El camino puede diseñarse a base de un llamativo pavimento que servirá para publicitar la propiedad peatonal de la antigua carretera, alentando a los compradores a alejarse de las aceras actualmente congestionadas y que, durante los períodos de mayor actividad, son francamente infernales.

Y la gran oportunidad perdida

Hasta ahora, la combinación de la peatonalización y la reconcepción del tráfico que circula en el área suena muy bien. Pero queda un punto ciego. Los planes actuales también abogan por prohibir las bicicletas, haciendo muy vagas promesas de mejorar la infraestructura para este medio en las calles aledañas. En sus documentos de consultoría, Transport for London justifica esto acotando que, “las encuestas muestran que muchos ciclistas tienden a evitar Oxford Street y en su lugar usan rutas alternativas”.

Esto es como sugerir que los bañistas eviten una playa especialmente contaminada donde nadie quiere ir a nadar. La impopularidad de Oxford Street entre los ciclistas refleja el hecho de que no se trata, en modo alguno, de un ambiente amistoso para con ellos. Esto que no quiere decir que, mejoradas las condiciones, alguien no pueda andar en su bicicleta por allí. Los planes para Oxford Street prometen hacer mucho por limpiar su aire y muestra a otras ciudades todo lo que es posible en ese sentido. Sin embargo, cuando se trata de lidiar con el tráfico de bicicletas, Londres despilfarra una gran oportunidad.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com

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