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La crisis de las autopistas en EEUU: alta mortalidad y escasa seguridad

El índice de mortalidad por accidentes de tránsito en Estados Unidos supera, ampliamente, al de sus contrapartes en el resto del mundo. ¿Cómo pueden intervenir los legisladores estatales?
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13 Mar 2018 – 2:07 PM EDT

Más de 37,000 personas murieron por accidentes ocurridos en las carreteras de Estados Unidos en 2016. Esta cifra representa un incremento del 5.6% respecto al año anterior, y es el segundo año consecutivo en el cual aumenta, tras temporadas de sostenido declive.

Las muertes en –o por– automóviles son una imperiosa preocupación de salud pública. Se trata de la segunda causa de muerte accidental en el país, después de las sobredosis por drogas. Sin embargo, las legislaturas estatales están rezagadas de cara a esta realidad y no toman las medidas necesarias para desacelerar el ritmo de muertes y accidentes, según informa un grupo defensor de la seguridad vial.

En el informe de 2018 relativo a las leyes de tránsito estatales, la organización Advocates for Highway and Auto Safety (Defendiendo la Seguridad Vial y Automotriz) concluye que solo seis estados muestran “avances significativos” en pos de adoptar 16 leyes que ellos consideran “esenciales para salvar vidas, evitar lesiones y reducir cuidados médicos y otros costos”.

Por ejemplo: cerca de la mitad del total de automovilistas que murieron en accidentes durante los últimos 5 años no tenían puesto el cinturón de seguridad, mientras que 16 estados todavía carecen de regulaciones para reforzar el uso obligatorio de éste. Asimismo, la tasa de muertes por conducir bajo los efectos del alcohol está aumentando; Pese a ello, 20 estados no han aprobado normativas que requieran alcoholímetros para previos infractores, y 9 no disponen de leyes para fiscalizar la presencia de una lata o una botella abierta en el auto. Y aunque el 40% de los motociclistas fallecidos no llevaba casco, más estados rechazan los requerimientos de estos medios de protección que los que los imponen.

Pero algo mueve al optimismo: 13 leyes de “seguridad básica” fueron aprobadas estatalmente en 2017, según el reporte. En 2015 y 2016 solo habían ocho y cinco leyes de ese tipo, respectivamente.


Por otra parte, las leyes son tan buenas como se hacen cumplir. Un buen ejemplo: los choferes que tienen sus ojos, manos, y cerebros pendientes al sonido del teléfono o a los sistemas de info-entretenimiento y navegación de sus vehículos están complicando el panorama. Las así llamadas muertes por distracción al volante han crecido en muchos de los estados que aprobaron regulaciones para controlar el número de estas, ya fuera a través de dispositivos manuales o prohibiciones de mensajes de texto. Eso se ha debido en gran medida a que, según el informe, el modo de hacer cumplir estas leyes ha sido laxo y fácil de evadir. Más aún, pese a que la distracción con los llamados manos libres podría ser tan peligrosa como con las manos ocupadas, ningún estado ha vetado el uso de celulares en general.

Por si no bastara, las condiciones en carretera podrían ser incluso más peligrosas de lo que sugiere el reporte, ya que éste no evalúa las leyes de límite de velocidad. El número de estados subiendo sus límites ha aumentado recientemente, siendo Nevada el último en permitir que los choferes lleguen a 80 millas por hora en algunos tramos de las autopistas. La velocidad, ni qué decir tiene, es una de las causas de accidentes mortales más ampliamente reportadas, y podría ser uno de los factores del que más al tanto estén los legisladores según la Junta Nacional de Seguridad del Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés). Bajar los límites de velocidad pudiera salvar vidas, evidencia su investigación; Francia, recientemente, rebajó esos límites en las autopistas de doble sentido, en respuesta al creciente número de muertes en carretera.

La NTSB instó a todos los estados a que revisaran, radicalmente, cómo establecen sus límites de velocidad: no solo hallando la velocidad promedio de los automovilistas, como invitó a hacer por mucho tiempo un desactualizado estudio federal, sino “también teniendo en cuenta las condiciones de la carretera, el estado de la infraestructura al costado de las vías, el estacionamiento, la presencia de peatones y el historial de accidentes en la zona”, precisó la revista Governing. Estas recomendaciones son muy pertinentes, habida cuenta que los estados rara vez consideran las condiciones locales al establecer sus límites de velocidad.

Menos y más estrechos carriles, y la protección de los cruces para peatones y ciclistas –cuyo índice de fatalidades en carreteras subieron, respectivamente, un 9% y un 1.3% en 2016– han demostrado que salvan vidas haciendo reducir la velocidad y amparando a los usuarios más vulnerables. Decenas de ciudades, un puñado de estados, e incluso el Departamento de Transporte de Estados Unidos han adoptado o modelado políticas tras Vision Zero, la campaña internacional encaminada a poner fin a los accidentes automovilísticos nocivos por medio de una mejor vigilancia de las leyes, de educación para la seguridad y una ingeniería civil intencionada. Los mejores resultados hasta ahora parecen estar relacionados con ese última “I” –aunque las muertes de peatones y ciclistas en la ciudad de Nueva York, en general, han aumentado desde que la urbe se comprometió seguir la pauta de Vision Zero, las muertes en intersecciones especialmente rediseñadas han disminuido.

Según la Organización Mundial de la Salud, Estados Unidos se ubica en la posición 41 entre las 52 naciones de más altos ingresos en lo relacionado a muertes por accidentes de tránsito, superado solo por Qatar, Arabia Saudita y Rusia. Asimismo, es “ahora el país rico más peligroso en que pueda nacer un niño”, concluyó un nuevo informe publicado por la revista Health Affairs (Asuntos de Salud), basándose en parte en el elevado riesgo de que un joven muera tras un accidente vehicular. Entre los adolescentes estadounidenses cuyas edades oscilan entre 15 y 19 años, los accidentes automovilísticos figuran como la principal causa de muerte.

No solía ser así: antes de los años ochenta, Estados Unidos estaba a la vanguardia en materia de seguridad al conducir, superando a varios países ricos. Hoy, la tasa de fatalidad por accidente de tránsito en EEUU, por cada 100 mil habitantes, casi duplica la de Canadá y Australia, y representa casi tres veces y media la del Reino Unido. A Eslovenia, Italia y Grecia también les va mejor.

A su vez, en Estados Unidos se recorren más millas que en otros países desarrollados. Pero si bien los países europeos han mejorado dramáticamente la seguridad de sus carreteras, obligando al uso del casco y del cinturón de seguridad, reforzando sus límites de velocidad, exigiendo menores concentraciones de alcohol en sangre y configurando un diseño vial más seguro, Estados Unidos ha quedado rezagado. ¿Podrá la tecnología ofrecer la solución definitiva?: Más de uno confía en que los vehículos autónomos reducirán, notablemente, las muertes en carretera. Sin embargo, no olvidemos que ya contamos con recursos para adelantarnos a la tecnología.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com

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