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Hasta que no hagan entregas de pizza, nadie en Estados Unidos confiará en los vehículos autónomos

Es la combinación perfecta.
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6 Sep 2017 – 2:41 PM EDT

Por ahora, hemos escuchado hablar, suficientemente, del hambre por los autos autónomos. No sabemos, en sin embargo, quién o quiénes pagarán los platos rotos en caso de que un vehículo de este tipo tuviera un inevitable accidente fatal o incluso si es deberíamos utilizarlos mientras nosotros leemos las noticias. Lo cierto es que estos ‘robots’ de la carretera han llegado a Estados Unidos con una oferta difícil de ignorar: la entrega de pizzas.

Recientemente, Domino's y Ford se asociaron para realizar una ‘sabrosa’ prueba del futuro, experimentando con un auto-controlado Ford Fusion que hará entregas en las cercanías de Ann Arbor, Michigan. Durante las próximas seis semanas, los clientes pueden decidir, arbitrariamente, formar parte de la iniciativa de recibir sus pedidos en auto, el cual cuenta con una interfaz táctil para que los clientes recojan sus órdenes. El auto, a todas luces auto-conducido, tendrá un chofer de emergencia y sensores para contribuir a la observación científica de cómo se produce en el auto-servicio.

Uno se preguntará: ¿Es esta la “caliente y grasienta” manera de ganarse el corazón de la gente? Aquí les van algunas hipótesis a medio hacer sobre el osado mundo que se nos viene.

Ponerse en marcha: Este experimento sin chofer va más allá de restar valor a las reservas de pizzas congeladas que guarda tu compañero de departamento. Esto tiene que ver con evaluar nuestra reacción a la tecnología de los vehículos autónomos. “Estamos desarrollando un vehículo auto-conducido no solo por el bien de la tecnología”, aseguró a la prensa la pasada semana Sherif Marakby, vicepresidente de Ford. “Hay muchas cosas prácticas que debemos aprender”. Simplemente no preste atención a la gente detrás de las ventanas tintadas del auto, tomando notas de cómo usted interactúa con un auto autónomo que realiza entregas.

Si estos vehículos pasan la prueba, las personas quizá lleguen digerir la idea de que también pueden transportarnos. Pero, insistamos, si un accidente severo ocurre, pudiera acarrear un indeseado efecto dominó en la opinión pública.


Un nuevo giro en el problema de la última milla. A continuación, el presidente de Domino´s, Russell Weiner, describe nuevos horizontes en la transportación de la pizza: “La mayoría de nuestras preguntas tiene que ver con los últimos 50 pies de la experiencia de la entrega. Por ejemplo, ¿Cómo reaccionarán los clientes ante el hecho de salir afuera a recoger su comida?” Interesante. ¿Cómo quedará solucionado este nuevo desafío de la calle a la puerta? ¿Qué calzarán al salir: sandalias, zapatillas o pantuflas? ¿Producirá esta práctica una nueva economía compartida basada en el hogar y donde las personas puedan recoger parte de su pago? O quizá haya que costearse un dron adicional que deposite la comida en tu puerta.

¡No más servicio al auto! Cuando la industria automotriz alcanzó su apogeo, es decir, cuando se empezaron a contar los autos por montones, hubo necesidad de crear la ‘ventana’ para realizar el drive-through (servicio en el auto). Si el auge de los vehículos autónomos se traduce en menos personas manejando en las ciudades, entonces podríamos ser testigos de cómo el diseño urbano devuelve las cosas a su origen. ¡Con precios de entrega más bajos, prácticamente cualquier apartamento contará con un espacio para la transacción justo en los bajos! ¿Quién necesita entonces el llamado desarrollo de uso mixto cuando puede recibir una pizza con tres ingredientes por $7.99, y sin propina?

Otra ventaja del anonimato de los vehículos autónomos: protege a los clientes de la pena de repetidos atracones de pizza. Sin interacción humana, ya no te toparás con el mismo tipo que reparte las pizzas por segunda o tercera vez en la semana.

Llueva o nieve. Domino´s quiere comprobar si las personas recogerán su comida con mal tiempo, aunque aún no estamos muy seguros de cómo los autos sin chofer pueden manejar las potencialmente diversas condiciones meteorológicas. Pero las preocupaciones climáticas no son cosa menor: el programa piloto en Ann Arbor cuenta con un calentador que puede llevar solo 4 pizzas y 5 acompañantes. ¿Podrá el Domi-No-Driver reducir el consumo de gasolina? ¿O simplemente incrementará el número de viajes, exacerbando emisiones y asfixiándonos con el tráfico? Si estas entregas a pequeña escala solamente reemplazan a los repartidores en bicicleta, en el caso de los viajes cortos, entonces solo lo empeorará todo.

El fin del repartidor. Este asunto es un arma de doble filo. Por un lado, está la potencial solución del problema de la discriminación: el peligro percibido en ciertos barrios disuade a los choferes de hacer entregas en ellos. Como se vio el año pasado con los mapas de entrega el mismo día de Amazon, hay muchas más justificaciones para excluir un vecindario del servicio. El hecho de que haya que emplear los últimos 4 dígitos de su número telefónico en un teclado montado en el auto implica que será necesario mucho más para satisfacer los antojos o el apetito desmedido. Estos autos-robots no se exponen, precisamente, al mismo riesgo de robo que aquellos conducidos por choferes.

Y, con seguimiento por GPS, hay menos excusas para romper la promesa de ‘30 minutos o menos’ con los clientes. Pero no todo el mundo trata bien a los ‘robots’.

Por otra parte, subyace un enorme potencial de pérdidas de empleos. Weiner sostiene que él ve a los 100,000 choferes de su compañía asumiendo distintos roles, pero es difícil comprobar cómo la compañía lo hará. He aquí cómo el describe la solución, según el Detroit Free Press:

“Lo que ha quedado claro para nuestros choferes es que cuando realizamos nuestras innovaciones, más personas comienzan a ordenar pizzas y cuando más personas ordenan pizzas…se incrementa la demanda, lo que requerirá que contratemos más personas”, asevera Weiner. “Y francamente, hay ciertos lugares donde quizá tu chofer no quiera ni entrar”.

Sin conductores, no existe tampoco la presión por parte de los ‘porreros’ de aceptar la marihuana como propina. Aunque, por otro lado, tendríamos que decir adiós a las pintorescas motos de Domino’s o a las encantadoras historias de heroísmo cotidiano protagonizadas por algunos repartidores. De todas formas, estas pruebas podrán decir mucho del futuro que nos depara, más allá de la pizza.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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