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CityLab Transporte

El transporte público gratuito sería una mala opción para Ciudad de México

La medida no desincentivará el uso del automóvil y no se justifica monetariamente, dicen los expertos.
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16 Abr 2016 – 11:10 AM EDT

Después de varias semanas de grave contaminación del aire en la Ciudad de México, el gobierno municipal ha anunciado que algunos de los servicios del transporte público serán gratuitos desde el 5 de abril hasta el 30 de junio.

La Red de Transportes de Pasajeros del Distrito Federal (RTP), el Trolebús y el tren ligero todos serán completamente gratis para los pasajeros por casi tres meses. La idea es que esto incentive el uso del transporte público y desincentive el uso del automóvil, el que ha sido la causa de un 90% de la contaminación de ozono en la ciudad.

Pero hay dudas sobre la eficacia de esta medida para crear una ciudad más sustentable y limpia. CityLab Latino habló con expertos que señalaron sus dudas sobre la iniciativa.

La medida no incluye la mayoría del transporte público en la ciudad

La Ciudad de México tiene un sistema de transporte público fragmentado y descentralizado. Está compuesto del sistema regulado y fuertemente subsidiado por el gobierno, que incluye el RTP, el trolebús y el tren ligero, pero también de cientos de microbuses de propiedad de personas o compañías privadas. Son estos microbuses los que mueven a la mayoría de la gente, alrededor de un 60% de todos los viajes que se hacen cada día.

“Los tres sistemas [que se incluyen en la nueva medida] constituyen un 5% de todos los viajes en la ciudad”, dice el ingeniero Ángel Molinero Molinero, miembro de la Asociación Mexicana de Transporte y Movilidad. “Muchos más se hacen en los microbuses”. Por eso, él opina, la medida no tendrá un impacto considerable ni en la cantidad de viajes que se hacen por transporte público en la ciudad, ni en la contaminación del aire.

Una opinión similar tiene Salvador Medina, experto en estas temáticas. “[Los tres sistemas] solo son una pequeña fracción del transporte público de la ciudad. Para empezar, [la medida] no incluye al metro, al Metrobus, ni al Mexibús que son los BRT [buses de pista exclusiva], y tampoco incluye los microbuses, que son prácticamente donde se mueve la mayoría de la gente por transporte público”.

Y también hay límites geográficos. Todos los servicios gratuitos se encuentran en la parte que se conoce como el Distrito Federal, o la ciudad propia. “Pero eso solo cubre un 40% de la población, y la otra 60% viven en la zona suburbana”, dice Medina. “Entonces no cubren la totalidad de la población, y cubren rutas muy específicas. Es una medida tremendamente limitada”.

La gente no se animará a dejar sus autos

En las semanas pasadas, la Ciudad de México ha aplicado reglas de “Hoy no Circula” de manera estricta, Todos los autos han debido salir de circulación un día por semana.

Pero Molinero y Medina opinan que esa gente probablemente encontrará otro tipo de opción que no sea el transporte público. “No se puede comprobar que la gente que no está utilizando el auto un día por la semana [por Hoy no Circula], se está subiendo al transporte público ese día”, dice Medina.

Medina también mencionó el caso de Tallinn, la capital de Estonia, que aplicó una medida similar para tratar de disminuir el uso del coche. Después de un año entero, incrementaron el uso del transporte público por 1.2%. Pero se estima que ese aumento se explica por una disminución de viajes a pie. La gente que manejaba autos no les interesaba en lo más mínimo andar en transporte público.


Adicionalmente, el costo de un boleto por el transporte público no es lo que desanima la gente con autos a subirse a transporte público. Ciudad de México tiene unos de los costos más baratos para un boleto de transporte público en todo Latinoamérica. El metro cuesta unos 60 centavos de dólar, y otras formas del transporte público cuestan por unos 12 a 30 centavos de dólar, según Molinero.

“Si tú manejas, aunque te pueda costar unos 2 ó 3 dólares por viaje, cuando te subes a transporte público que te cuesta 12 centavos, tú lo puedes pagar. No por hacer los boletos gratuitos, la gente va a empezar a viajar por el transporte público”, dice Molinero.

En otras palabras, el costo no es el problema. No hay ningún indicación que la gente se animará a usar estos sistemas por que sean gratuitos, cuando ya deciden no usarlos aunque sean tan baratos diariamente.

Es una medida paliativa

Para empezar, la acción solo dura por tres meses. Aunque funcionara magníficamente, animando a muchos más ciudadanos a subirse al transporte público, se terminará al fin de junio y todo será como antes. Tres meses no es tiempo suficiente para crear nuevos hábitos en el transporte público, ni a solucionar el problema de la contaminación.

“No va a tener un impacto fuerte”, dice Molinero. “Es algo muy temporal. El número de viajes adicionales [en el transporte público] que podemos agregar con esto es muy mínimo”.

Además, hacer parte del transporte público gratuito podría aumentar problemas del costo de los sistemas para el gobierno.

“Unos de los grandes problemas que hay en la Ciudad de México es precisamente una baja inversión en transporte público”, dice Medina. “Hay una falta de mantenimiento, falta de capacidad de servicios, de la infraestructura. Ahora llevar al subsidio al punto de hacer los servicios gratuitos mete presión financiera en sistemas de transporte público que ya tienen muchos problemas”. Claro, dice Medina, tres meses de ser gratuitos no es nada grave para los sistemas. Pero esos millones de pesos se podrían usar fácilmente para el mantenimiento que necesitan tanto.

Es lógico que la gente evite el transporte público cuando ya tiene problemas de hacinamiento y de falta de mantenimiento y capacidad. Hacer un cambio en los hábitos de la gente con respeto a transportarse no se trata de hacer los boletos más baratos, sino de aumentar servicios para que sean más atractivos a toda la gente de la ciudad. Eso no es nada que pueda pasar por la noche a la mañana, dice Molinero.

Las medidas que funcionarán “no son medidas de tres meses. Tenemos que construir líneas de metro, comprar flota vehicular para sustituir los minibuses [que son viejos y aumentan la contaminación], tener aún más bicicletas públicas, y enfocarnos en el mantenimiento de los automóviles [para reducir contaminación]”.

“No será nada rápido, y no será nada fácil,” concluye.

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