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CityLab Transporte

Cómo navegar por el complicado transporte público de Filadelfia

Los asistentes a la Convención Demócrata necesitarán suerte para moverse por la "ciudad del amor fraterno".
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25 Jul 2016 – 10:21 AM EDT

Conforme lleguen los delegados a Filadelfia para la Convención Nacional Demócrata (CND) la próxima semana, se enfrentarán a un sistema de transporte público diferente a cualquier otro en el país. La Autoridad de Transporte del Sureste de Pensilvania (SEPTA por sus siglas en inglés) es un espectro del antiguo sistema de transporte público. Mucho antes de que los tranvías fueran populares, el sistema de tranvías de Filadelfia ofrecía servicios con seis líneas en la ciudad y dos líneas suburbanas. Desafortunadamente, también el sistema de pago de tarifas provoca nostalgia.

SEPTA sigue siendo uno de los únicos sistemas de transporte del país que aún utiliza el engorroso sistema de fichas. La tarjeta inteligente de SEPTA, que lleva ocho años desarrollándose, tuvo un lanzamiento discreto hace unos pocos meses. Pero el primer lanzamiento de este sistema de pago, que tuvo un retraso de tres años, sólo sirve para pases semanales y mensuales y, por lo tanto, no les será muy útil a las hordas de demócratas que pronto llegarán.

El anticuado sistema de tarifas puede atribuírsele, en parte, a décadas de financiamiento deficiente. Hasta el año 2013, el presupuesto de capital de la agencia era de 308 millones de dólares (en cambio, NJ Transit tenía un presupuesto de 1.7 mil millones de dólares en ese tiempo). Esto no alcanzaba ni siquiera para mantenerse al día con las reparaciones. Actualmente, SEPTA cuenta con la que es posiblemente su mejor base financiera de su historia, pero los años de conformismo le pesan.


A principios de este mes, cuando faltaban apenas semanas para la CND, los inspectores descubrieron que 110 vehículos de la flotilla ferroviaria regional de SEPTA tenían grietas en sus vigas ecualizadoras, las cuales ayudan a evitar los descarrilamientos. El número de usuarios que utiliza estas líneas de trenes suburbanos, que había aumentado de forma constante desde 2008, se desplomó casi a la mitad.

El desastre ferroviario regional es sólo el último ejemplo de la angustiosa odisea que es la historia de SEPTA. Considere lo siguiente una oda romántica a un sistema de transporte público a veces frustrante, pero usualmente confiable. "No somos Nueva York, no somos Washington DC/ en el medio estamos orgullosos de estar", dice una balada popular sobre la agencia. "¿Para qué ser limpios o eficientes, si lo que tenemos es más que suficiente?".
Estos son algunos datos para los viajeros:

1. Averigüe dónde y cómo se compran las fichas

Para aquellos que comenzaron a utilizar el transporte público en el siglo XXI, las fichas de SEPTA serán un concepto novedoso. Eso significa que las van a perder a menudo. Una de las muchas ventajas de las tarjetas inteligentes es que no se salen del bolsillo o se hunden hasta el fondo del bolso. Traiga un monedero, o póngalas en sus mocasines, para combatir la tendencia de las fichas a escapar de usted en la primera oportunidad que tengan.

Para un sistema cuyo transporte dentro de la ciudad utiliza fichas, es sorprendentemente difícil comprar las malditas cosas. De las 22 paradas de la Línea de la Calle Broad, sólo 14 cuentan con máquinas expendedoras, mientras que en la Línea Market–Frankford, de 28 paradas, sólo 12 les ofrecen a los viajeros la opción de no pagar la tarifa completa.

Afortunadamente, la estación más cercana al Wells Fargo Center, sede de la CND, las vende, así como los ejes centrales City Hall y la estación de la Calle 30. Los viajeros sin papel moneda tendrán problemas incluso si tienen la suerte de estar alojados cerca de una estación que vende fichas. Las máquinas expendedoras, que son de la época de antes de las tarjetas bancarias, sólo aceptan dinero en efectivo.

Una ventaja del sistema de tarifas basados en fichas es que es considerablemente más fácil comprar un viaje en un puesto de periódicos, una bodega, o de los adolescentes locales. No se preocupe si un extraño se le acerca cuando usted esté luchando por meter un arrugado billete de 20 dólares en una de las estropeadas máquinas expendedoras de fichas de la estación City Hall. A menudo, estas almas emprendedoras realmente ofrecen mejores ofertas que las que se pueden encontrar en los medios oficiales. Es mejor no ponerse a pensar cómo obtuvieron decenas de fichas para venderlas a precios muy rebajados.


2. Recuerde: las transferencias no son gratis

Lo único bueno de las fichas es que son considerablemente más baratas que la tarifa en efectivo de SEPTA, incluso aunque las compre de una fuente económica oficial. Un viaje con fichas cuesta sólo 1.80 dólares, 45 centavos menos que la tarifa en efectivo. Eso hace que los metros, tranvías, y autobuses de SEPTA sean más baratos que casi cualquier otro gran sistema de transporte del país.

Todo esto, a menos que necesite hacer una transferencia en City Hall o en la estación de la Calle 30, en cuyo caso se convierte en uno de los más caros.

Por alguna razón desconocida, los precios de las transferencias de SEPTA son de la astronómica cifra de 1 dólar. Esto atenta contra la razón y la decencia común. Nueva York y San Francisco no cobran nada por las transferencias, mientras que la mayoría de las agencias que obligan a los viajeros a pagar por el inconveniente de interrumpir sus viajes, solamente cobran 50 centavos o menos. La mayoría de los delegados probablemente no se verán afectados, pues esta práctica afecta más a aquellos que transfieren de un autobús al metro. Pero si su viaje al Wells Fargo Center incluye lo anterior, prepárese para ser desplumado.

3. Hay que fijarse bien para descifrar los horarios inescrutables

Para los novatos, los horarios y los mapas de SEPTA pueden ser un poco confusos. Si usted se mantiene en las dos principales líneas elevadas del metro, todo es bastante simple. Aquellos que sólo utilicen la Línea de la Calle Broad requieren muy poca ayuda. SEPTA planea poner en funcionamiento más trenes de lo normal en esta línea arterial durante la CND, por lo que el tiempo que usted pase esperando en la estación debería ser muy breve.

Aquellos que viajan desde otros lugares, lo primero que deben hacer es descargar una aplicación. La mejor es SEPTA Instant, la cual sólo está disponible para Android y no es la aplicación oficial del sistema. Pero es maravillosamente fácil de usar, con un menú simple de cuatro opciones de transporte con códigos de colores. La verdadera aplicación de SEPTA es una maraña que siempre demora mucho descifrar. Para aquellos que tienen apuro por tomar el tren, incluso unos pocos minutos es demasiado tiempo. Ésa es probablemente la razón por la que tiene una calificación de una estrella y media en la tienda de aplicaciones.

Para aquellos que esperan usar un autobús, lo mejor es que se busquen un amigo que viva en Filadelfia. Unas cuantas líneas de autobuses llevan el nombre de las calles principales por las que corren —por ejemplo, la 52— pero la mayoría no, y el lugar más fácil donde encontrar el mapa es en el autobús, lo cual no sirve de mucho mientras el viajero espera en la esquina.

Y ojalá tengas buena suerte en averiguar la frecuencia de los autobuses. Algunas líneas son tan regulares como los tranvías y los metros, y algunas vienen una vez cada hora. Quizás sólo hay que preguntarle a un nativo de Filadelfia que esté esperando un viaje.


4. Por el amor de Dios, evite sus vestíbulos

Hay 3.5 millas de túneles debajo de City Hall, que van desde la torre Comcast en la Calle 17 hasta la corte federal en la Calle 7. Son infernalmente complicados de navegar, no cuentan con aire acondicionado en algunos lugares y, si no huelen a orina, huelen a cloro. Aquellos a quienes les gusten las Dunkin’ Donuts, pueden saciar sus deseos en la penumbra de los vestíbulos, pero a todos los demás se les recomienda escapar hacia la calle lo más rápidamente posible.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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