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CityLab Transporte

Ámsterdam experimentará con botes que se autonavegan

En ciudades como la capital holandesa, los llamados 'robotes' también podrían servir de infraestructura flotante temporal.
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27 Sep 2016 – 12:08 PM EDT

Los automóviles autónomos apenas han llegado, pero en Ámsterdam, ya están pasando al próximo capítulo: los botes autónomos.

Como parte de una nueva colaboración con el Massachusetts Institute of Technology (MIT), el Instituto para Soluciones Metropolitanas Avanzadas de Ámsterdam anunció la semana pasada que será la sede de una nueva prueba experimental grande de botes autónomos. En inglés se llaman “ roboats” (robotes) y versiones de estos deberían estar navegando los canales de la capital holandesa en 2017. A lo largo de cinco años, la meta final del proyecto es desarrollar una flota de botes sin capitanes que puedan usarse para envíos, el transporte público y el ocio, todos recorriendo algunos de los tramos acuáticos urbanos más utilizados del mundo.

Si bien el proyecto de 25 millones de euros (27.9 millones de dólares) es emocionante, nadie debe esperar que la investigación —llevada a cabo en conjunto por MIT, la Universidad Delft de Tecnología y la Universidad Wageningen— debe dar por resultado unos elegantes y modernos barcos de recreo. Las representaciones provisionales retratan a los “robotes” como estructuras planas parecidas a los pontones que se asemejan más a muelles móviles que a navíos diseñados para la rapidez. Sin embargo, si las pruebas experimentales son exitosas los botes podrían proveer una excelente manera de entregar productos eficientemente dentro de un área muy desarrollada y congestionada. Aparte de reducir (teóricamente) la frecuencia de los choques en cuanto se elimine el error humano, las calles del centro de Ámsterdam podrían experimentar una considerable reducción en vehículos con productos atascando las calles y contaminando el aire.

De por sí, para los observadores casuales resulta llamativa la idea de buques fantasma tranquila y eficientemente entregando su carga por vías acuáticas urbanas. Pero se trata de sólo el comienzo de las ambiciones del proyecto “robote”. En un comunicado de prensa, Carlo Ratti, profesor en MIT y el investigador principal del programa, nos alienta a visualizar otro fin:

“Imagina una flota de botes autónomos para el transporte de productos y personas… pero también piensa en una infraestructura flotante y dinámica como puentes y plataformas por encargo que puedan ser armados y desarmados en cuestión de horas”.

En otras palabras, los robotes podrían ser mucho más que sólo vehículos. Podrían ser pontones multiuso impulsados por motores que podrían armarse en unas cuantas horas para extender la costa durante un período en que se espera que multitudes vayan a llenar un dique, por ejemplo. En el periódico Parool de Ámsterdam visualiza el ejemplo de un concierto de Justin Bieber con fanáticos llenando las orillas del Río IJ mientras que el mismo Bieber vaya flotando por la vía acuática (una imagen que sugiere un optimismo tanto sobre el futuro de los barcos autónomos como de la longevidad de la carrera del cantante). Sin embargo, resulta interesante visualizar a los robotes menos como vehículos para el envío y más como una forma de arquitectura temporal que podría permitir tanto espontaneidad como improvisaciones infinitas.

Durante el período de pruebas experimentales de cinco años, los robotes también recopilarán información al registrar datos sobre la calidad del aire y del agua. En un futuro a lo mejor hasta puedan detectar enfermedades transmitidas por el agua para permitir que se tome acción antes de que un contagio llegue a la población. Y con ciertas modificaciones también podrían dragar bicicletas de los canales (Ámsterdam saca 12,000 de éstas de sus aguas cada año) o bien limpiar basura de la superficie de las vías acuáticas.

Hoy día parece mágica la idea de que se pueda traer piezas de puente de la nada y armarlas. Sin embargo, indudablemente la gente del futuro mirará hacia atrás y se reirá ante nuestro asombro, viéndonos de la misma forma en que nosotros podríamos ver a los campesinos de los tiempos medievales atónitos ante una aspiradora. De hecho, dentro de una década tales vehículos podrían volverse tan comunes en las vías acuáticas que el observador casual se le olvidará percatarse de ellos.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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