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Los adolescentes en EEUU han dejado de aceptar empleos de verano ¿por qué?

La mayoría solía trabajar en julio y agosto. Ahora, la gran mayoría no lo hace. ¿Lo hacen por pereza o por estrategia?
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14 Jun 2017 – 11:53 AM EDT

El empleo de verano se considera un rito de iniciación para el adolescente estadounidense. Es un momento en el que lanzar paquetes de periódicos y limpiar las mesas en un restaurante funcionan como un ensayo de las responsabilidades más importantes de adulto. Pero en las últimas décadas, el empleo de verano ha ido desapareciendo. En el verano de 1978, un 60% de los adolescentes trabajaban o buscaban trabajo. El verano pasado, fue sólo un 35%.

¿Por qué los adolescentes estadounidenses dejaron de buscar trabajos de verano? Una respuesta típica es: son niños y los niños son cada vez más perezosos.

Se puede descartar esa hipótesis con bastante rapidez. El número de adolescentes en la fuerza laboral se ha desplomado desde el año 2000, como muestra el gráfico siguiente. Pero el porcentaje de ninis —jóvenes que ‘ni estudian ni trabajan’— ha sido extraordinariamente estable. De hecho, no se ha movido más de 0.1 puntos porcentuales desde finales de la década de 1990. Sólo un 7% de los adolescentes estadounidenses son ninis, lo cual es inferior a Francia y aproximadamente igual a la media de todas las economías avanzadas de la OCDE. La supuesta pereza de los adolescentes estadounidenses es invariable y, literalmente, promedio.


Tasa de participación de la fuerza laboral civil de quienes tienen entre 16 a 19 años (FRED).

Una mejor respuesta es que los adolescentes no están pasando más tiempo en el sofá, sino más bien pasando más tiempo en las aulas. La educación es la culpable, no la indolencia. Los adolescentes permanecen en la escuela más tiempo, van a la universidad con más frecuencia y toman más cursos de verano. El porcentaje de recién graduados de secundaria que se matriculan en la universidad —tanto en cursos de dos como de cuatro años— ha aumentado en un 25%. Ese es casi exactamente el declive en la tasa de participación de los adolescentes en la fuerza laboral.


En naranjo,la tasa de participación de adolescentes. En azul, el porcentaje de nuevos graduados de secundaria en la universidad (The Atlantic).

Con mayores exigencias en la escuela secundaria y una mayor presión para ir a la universidad, los cursos de verano son el nuevo empleo de verano. El porcentaje de adolescentes de 16 a 19 años matriculados en la escuela de verano se ha triplicado en los últimos 20 años, según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS). El incremento puede estar directamente relacionado con el hecho de que los padres y las escuelas secundarias están alentando a los estudiantes a tener más trabajo de clase, según Ben Steverman, un reportero de Bloomberg que cubre el empleo de los adolescentes. Él encontró que el porcentaje de graduados de escuela secundaria que completan al menos cuatro años de inglés, tres años de ciencias, matemáticas, y ciencias sociales, y dos años de lengua extranjera se ha sextuplicado desde principios de la década de 1980.


Proporción de adolescentes que toman cursos de verano (BLS).

La segunda razón por la que los adolescentes trabajan menos actualmente es que los empleadores son más reticentes a contratarlos. En primer lugar, el aumento de la inmigración de baja cualificación en las últimas décadas ha creado una mayor competencia por exactamente el tipo de empleos que los adolescentes solían hacer, como cajeros de tiendas de víveres, meseros de restaurantes y vendedores minoristas. En segundo lugar, los estadounidenses mayores permanecen en la fuerza laboral durante más tiempo que nunca y muchos de ellos terminan sus carreras en trabajos de oficina y en el sector minorista, que solían ser el terreno de los adolescentes en el verano.

En tercer lugar, el número de empleos de verano financiados federalmente, donde los estudiantes trabajan temporalmente con su gobierno local, ha disminuido. Al mismo tiempo, el salario mínimo ha crecido, lo cual puede haber desalentado a los jefes de aceptar a jóvenes trabajadores inexpertos a quienes sólo ‘vale la pena’ contratar a un salario que se ha vuelto ilegal. En conjunto, estas políticas han reducido el número de trabajos remunerados temporales para adolescentes en el sector público y el sector privado.

En cuarto lugar, las compañías se han dado cuenta de que si quieren contratar a adolescentes, no tienen que pagarles en lo absoluto: ha habido un extraordinario aumento en las pasantías no remuneradas en el transcurso de la última década. Aunque estos pasantes adolescentes están claramente trabajando, no aparecen en las estadísticas oficiales de empleo porque no se les paga.

Otra explicación general para la desaparición de empleos de verano de los adolescentes es cultural. Los adolescentes son exquisitamente sensibles a las normas sociales de sus semejantes. Si ven adolescentes mayores y populares sirviendo helado durante su primer verano como estudiantes, van a desear un trabajo sirviendo helado durante su segundo verano como estudiantes. Pero cualquier bucle de retroalimentación social puede girar en ambos sentidos. Recientemente, la norma cultural se está desplazando hacia los cursos de verano y las pasantías no remuneradas en lugar de los empleos de verano. Desde mediados de los años noventa, la proporción de adolescentes que dicen que quisieran estar trabajando ha disminuido alrededor de un 50%, según la BLS. Eso sugiere —aunque no lo puede demostrar— que los empleos de verano han perdido prestigio cultural, pues la norma se ha alejado del trabajo.


Proporción de adolescentes que no forman parte de la fuerza laboral que dicen que quisieran estar trabajando (BLS).

Es importante señalar que son probablemente los adultos blancos quienes sienten la nostalgia más fuerte por los empleos de verano. He aquí un vistazo a las tasas de participación de adolescentes en los últimos dos años completos para blancos, hispanos y negros. Cada julio y agosto experimentan un aumento de 10 puntos en el número de trabajadores adolescentes blancos, un aumento de 5 puntos en el número de trabajadores adolescentes hispanos y prácticamente ningún movimiento entre los adolescentes negros (hay evidencia de que los adolescentes asiáticos son más como los adolescentes blancos en este sentido).


Tasa de participación de la fuerza laboral civil entre los 16 a 19 años, entre 2015 y 2017. En azul, los blancos no hispanos; en rojo los afroestadounidenses; y en verde, los latinos (FRED).

Comparemos eso a los años 1978 y 1979, el máximo estadístico de los empleos de verano para adolescentes. En julio y agosto a finales de la década de 1970, un 30% de los adolescentes blancos inundaba la fuerza laboral, junto con un 20% de los hispanos. Nuevamente, la participación de los adolescentes negros apenas cambió.


Tasa de participación de la fuerza laboral civil entre los 16 a 19 años, entre 1978 y 1980. En azul, los blancos no hispanos; en rojo los afroestadounidenses; y en verde, los latinos (FRED).

Poniendo estos dos gráficos juntos, dos cosas quedan claras. En primer lugar, los empleos de verano han disminuido en todos los grupos étnicos en los últimos 40 años. En segundo lugar, los empleos de verano son el terreno de los blancos y ricos. Los hijos de familias más ricas son más propensos a aceptar empleos de verano, según un informe del Centro de Estudios del Mercado Laboral de la Universidad Northeastern. Pero los adolescentes negros y de bajos ingresos son menos propensos a trabajar, no sólo porque sus vecindarios tienen menos oportunidades, sino también porque sus familias tienen menos conexiones con empresas con pasantías y empleos a tiempo parcial. En total, los empleos de verano pueden ser otro vector mediante el cual el privilegio se hereda de una generación a la siguiente.


¿Hay alguna buena razón para sentir nostalgia por los empleos de verano de los adolescentes? ¿No les enseñan a los adolescentes responsabilidad, ‘competencias sociales’ y una tolerancia aleccionadora ante el tedio de la vida de oficina? Existen varios estudios que muestran que los empleos de verano para adolescentes rinden frutos a largo plazo en cuanto a mayores ingresos y menos crímenes. Pero hay aún más estudios que alaban los beneficios de terminar la escuela secundaria y asistir a la universidad y muchos adolescentes tienen que elegir entre la educación y el trabajo (será interesante ver si los empleos de verano resurgen en la nueva economía de bajo desempleo).

La misteriosa desaparición de los empleos de verano para adolescentes resulta ser una perfecta parábola para la flexibilidad de la mano de obra. Muchos de los trabajos que los adolescentes solían hacer ya no existen; los hacen los estadounidenses mayores y los nuevos inmigrantes. Pero en lugar de utilizar los meses inactivos para quintuplicar sus horas de videojuegos, los adolescentes están utilizando el tiempo para invertir en su futuro educativo. Éste no es el lugar para gastar la limitada ansiedad nacional de Estados Unidos.

Este artículo apareció originalmente en inglés en The Atlantic y en CityLab.com.


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