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CityLab Política

Por qué Estados Unidos debería tener un 'partido de las ciudades'

Una tercera fuerza, que sea práctica y represente a las metrópolis, podría generar equilibrio y moderar el discurso político.
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26 Abr 2017 – 2:39 PM EDT

La idea aparece en un perfil de la revista The Economist, sobre el alcalde de Denver, el demócrata Michael Hancock. ¿Es el éxito de su partido en las ciudades una especie de trampa? Sí, dijo el político. "Hancock recomienda a los demócratas transformarse 'en el partido de las metrópolis'. La política, al menos la que debe ejercerse en las ciudades, requiere el concurso de moderados, liberales y conservadores", dice el artículo.

Más allá de la estrategia electoral, ¿ qué tal si tomáramos en serio esta idea, la de un partido urbano y que vele por las necesidades de las ciudades? Llamémosles los 'metropolitanos'. Estados Unidos pide a gritos una nueva fuerza política que resista la nacionalización de los políticos partidistas existentes y, en su lugar, aporte a ambos bandos del establishment una forma de trabajar pragmática y útil, identificada con los líderes a nivel local y metropolitano.

Hay un claro grupo de temas en que republicanos y demócratas pueden estar de acuerdo: invertir, por ejemplo, en transporte regional que traslade a las personas hasta sus centros laborales y conecten, a su vez, los bienes con los mercados. O impulsar la competencia económica y la capacidad innovadora de las industrias locales. También está la reforma de políticas inmobiliarias, educativas y laborales. Estos nuevos desafíos deberían producir nuevas alianzas pragmáticas, ya sea para enfrentar la pobreza suburbana o la crisis por el consumo de opioides. Pero, cuando la política se hace a nivel nacional, las soluciones suelen ser ideológicas.

Desde mi punto de vista, los metropolitanos no serían un partido político típico limitado a nominar candidatos a altos cargos, ni que compita directamente con demócratas o republicanos. Sería, juiciosamente, no partidista, obligando a unos y otros a competir por conseguir respaldo a políticas .

En la práctica, los metropolitanos comenzarían en varios estados y se concentrarían de inicio en las políticas estatales. ¿De qué se encargarían los metropolitanos? Primero que todo, de proponer un programa afirmativo que fomente el crecimiento económico. Cada sección metropolitana produciría políticas concretas a fin de promover la capacidad de sus ciudades, condados y áreas metropolitanas, de hacer crecer las economías innovadoras, incluyentes y que se ajustan con facilidad al cambio.


En segundo lugar, los metropolitanos tendrían a su vez una función de vigilantes, actuando como medio de control de las iniciativas y propuestas estatales que socaven la libertad de acción de los dirigentes urbanos. Los partidos metropolitanos estatales desafiarían las propuestas y medidas estatales, así como las acciones concretas que puedan menoscabar las facultades locales. Esto abarcaría los esfuerzos para evitar tanto acciones a nivel local como la imposición de órdenes no financiadas (e infundadas) sobre las localidades. Para este fin, los metropolitanos tratarían de definir una moderna concepción acerca de cómo ejercer el control local que, por un lado, estimule la flexibilidad en la toma de decisiones y la resolución de problemas y, por otro, cree las condiciones para la colaboración intersectorial e interjurisdiccional.

Por último, el partido debería evaluar a los funcionarios electos –gobernadores, legisladores estatales, fiscales generales– en su gestión de apoyo al programa afirmativo metropolitano. La práctica de esta transparencia contribuiría a un variopinto grupo de partes interesadas –electores, así como medios regionales, cámaras empresariales y otros distritos organizados- en la determinación de cuáles de los funcionarios electos querrían realmente resolver problemas, y cuáles de entre ellos acusan rigidez ideológica.

Sé que muchos observadores, por otra parte, presumirán de que los demócratas, a diferencia de los republicanos, pasan sin dificultad el examen metropolitano. Cabe recordar entonces que los republicanos fueron alguna vez quienes se identificaron más con el control local, mientras que sus homólogos demócratas solían sentirse más a gusto con la centralización. Pero, honestamente, una vez que se han hecho con el poder, ambos partidos han mostrado una tendencia hacia fórmulas de gobierno mezquinas, sosteniendo el axioma de que el “estado es el que mejor conoce el problema”. Si alguien piensa distinto, basta recordar la interminable pelea, en Nueva York, entre el alcalde de Blasio y la dirección del gobierno estatal.

Durante este período de intenso partidismo político, el surgimiento de los metropolitanos enviaría un poderoso mensaje. La capacidad de las ciudades y condados de lograr consensos muestra que hay el potencial necesario para el bipartidismo respecto a problemáticas que afectan los bolsillos de los contribuyentes y el balance de las empresas. Los metropolitanos, por supuesto, no se pondrían de acuerdo en todo; existen diferencias primordiales dentro y a lo largo de las áreas metropolitanas. Pero esa sería, justamente, su razón de ser. Lo perfecto no debería ser enemigo de lo bueno. Y las áreas metropolitanas no pueden ser un campo de batalla entre partidos; los riesgos son demasiado altos. El progreso debe abrirse paso respecto a temas en que prime el consenso, y la mejor manera de lograrlo es dejando atrás esa división entre los dos partidos que signa actualmente el curso de la nación.

El camino de vuelta a la estabilidad política y la sensatez pasa por entender y resolver el problema de nuestras ciudades y áreas metropolitanas, pero solo si se organizan políticamente para que esto suceda.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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