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CityLab Política

La tecnología que está ayudando a los inmigrantes a ‘hackear’ las políticas de Trump

A lo largo del país, diseñadores y programadores se están reuniendo para desarrollar herramientas para comunidades que son los blancos de los órdenes de Trump.
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27 Mar 2017 – 12:09 PM EDT

Desde que el presidente Donald Trump asumió el mando, las empresas tecnológicas no han podido evitar involucrarse en política. Por ejemplo, muchas compañías han sido claras oponentes a sus órdenes migratorias. Cuando Trump planteó la idea de un registro para musulmanes en diciembre, más de mil empleados de la industria tecnología firmaron una promesa de que no participarían en su creación. Luego, cuando Trump inició su prohibición temporal de viajes desde siete países mayoritariamente musulmanes en enero, empresas desde Apple a Netflix a Microsoft presentaron un escrito legal que argumentó que la prohibición podría ocasionar “daño significativo” a los negocios.

Recientemente CityLab habló con programadores que dicen que el aporte del Silicon Valley probablemente no se extienda a más que eso, por lo menos de parte de los ejecutivos (de hecho, según The New York Times, fueron los empleados quienes presionaron a muchos de los gigantes tecnológicos a tomar una postura más fuerte en contra de Trump). En cambio, esos trabajadores creen que algunos de los esfuerzos más significativos vendrán de techies dedicando su tiempo y trabajo al tema.

Eso no es necesariamente algo malo, según explica Andrew Gionfriddo, un ingeniero de software que vive en Nueva York, quien trabajó en una nueva aplicación con orientación cívica. “Personalmente, yo pienso que esto tendrá el mayor éxito si se mantiene local y de las bases”, dice.

Gionfriddo es parte de un número creciente de diseñadores, codificadores y otros que están desarrollando herramientas para ayudar a las comunidades que son el blanco de las políticas de Trump. Desde las ciudades costeras grandes como Nueva York y San Francisco a las ciudades de tamaño mediano como Louisville, Kentucky, los profesionales de informática están colaborando con organizaciones locales sin fines de lucro, uniéndose a organizaciones cívicas y asistiendo a hackathons que se centran específicamente en ayudar a los inmigrantes.

Hackeando la prohibición de viajes

Los inmigrantes forman alrededor de un 7% de la población en Kentucky, el cual ha reasentado a más de 4,000 refugiados de países como Irak y Somalia desde 2011. A pesar de estar en un estado mayormente rojo (es decir, conservador), Louisville se promociona como una ciudad particularmente receptiva a los inmigrantes. Entonces cuando Donald J. Biddle —un profesor de sistemas informáticos geográficos en la Universidad de Louisville— organizó una hackathon para el Día Internacional de GIS con la oficina de interacción comunitaria, los participantes tenían bien presente a esa población de inmigrantes. Los organizadores dicen que el propósito del evento era menos una respuesta a Trump y más bien una misión para promocionar a Louisville como una ciudad compasiva.

Colaborando directamente con la oficina del alcalde y organizaciones comunitarias por toda la ciudad, los estudiantes de Biddle crearon dos proyectos: un Story Map (mapa narrativo) introductorio de la postura de Louisville en cuanto a la inmigración y un mapa interactivo de las docenas de servicios disponibles a la comunidad de inmigrantes, entre ellos centros familiares de la salud, opciones de transporte público, organizaciones educativas especializadas y ministerios comunitarios.

Usando la tecnología GIS, los estudiantes en la Universidad de Louisville clasificaron y mapearon a las docenas de servicios para inmigrantes y refugiados disponibles en la ciudad (Universidad de Louisville).


“Todos hemos estado en muchas hackathons que no han tenido mucha dirección clara… y si bien el esfuerzo es excelente, muchas de las ideas no corresponden con las necesidades actuales de la comunidad”, dice Patrick Smith, coordinador de asociaciones comunitarias. “Entonces quisimos identificar a algunas personas en la comunidad cuyas necesidades podemos cubrir”.

Ese fue el reto en febrero 2017 que enfrentó a Leslie Martínez —una investigadora que vive en Nueva York y que aborda asuntos de inmigrantes mediante diseño— cuando ayudó a organizar una hackathon llamada Hack the Ban. Inicialmente tenía planeado orientar a estudiantes en la Universidad de Nueva York, su alma máter. Pero cuando Trump juró el cargo, basándose en su promesa de deportar a millones y de prohibir la entrada de musulmanes en la frontera, se le despertó un sentido de urgencia.

“Dios mío, pronto habrá una orden ejecutiva”, recuerda haber pensado en aquel momento. “Si necesitamos que se haga algo, una hackathon tendrá una ejecución más rápida que esperar a que estudiantes diseñen algo dentro de un semestre”.

Los programadores congregados en el evento Hack the Ban, cuyo fin fue codificar soluciones tecnológicas para poblaciones que están en riesgo (Justin Hendrix).


Pensando que los productos más útiles saldrían de colaboraciones entre la comunidad tecnológica y las organizaciones locales sin fines de lucro, Martínez y dos antiguos compañeros de aula reunieron unos 60 diseñadores, programadores, abogados y defensores de inmigrantes en la Escuela de Ingeniería Tandon de la Universidad de Nueva York para una hackathon de 12 horas. Algunos grupos crearon aplicaciones mientras que otros ayudaron a refinar proyectos existentes.

“Hay grupos de activistas que han estado haciendo esto durante mucho tiempo”, dice Martínez. “No tenemos que crear algo nuevo, pero ¿qué podemos hacer para apoyar a estas mismas personas que ya están en la vanguardia de esto?” Al mismo tiempo en que las organizaciones sin fines de lucro estaban obteniendo ayuda técnica, agrega Martínez, también estaban guiando a los programadores en cuanto a las complejidades legales de sus productos, por ejemplo, asegurando que cualquier dato recopilado por las apps se mantenga seguro y confidencial.

Diseñando sustentos electrónicos

Mohammad Khan —gerente de campañas de MPOWER Change, una organización sin fines de lucro son sede en Nueva York— es uno de los participantes en Hack the Ban quien usó la hackathon para traducir su idea en una herramienta digital para ayudar a los viajeros musulmanes. Sabe por experiencia propia lo desconcertante que es cuando a uno lo detienen en la frontera de EEUU. A él lo han detenido en el Aeropuerto John F. Kennedy después de regresar del extranjero.

“Mientras pasas por el control de pasaportes, sabes que tu próxima parada no será la zona de recogida de equipajes, sino el ‘cuarto marrón’”, dice, refiriéndose al nombre de los cuartos de investigación, ya que los que se encuentran en ellos tienden a ser de ascendencia medio oriental o surasiática. Muchos están ahí sin un abogado y no están seguros de cómo contestar las preguntas que se les está haciendo, o si las deben contestar en absoluto.

Con la ayuda de Andrew Gionfriddo y unos cuantos programadores más, creó Border Buddy, un sitio que pronto permitirá a las organizaciones de ayuda legal a monitorear el horario de viaje de una persona. De tal modo, si se detiene a la persona, se podrá mandar un abogado al aeropuerto inmediatamente. En línea o con sus móviles, los usuarios podrán registrar su información de vuelo de antemano. La organización utiliza datos de vuelos en tiempo real para rastrear las llegadas de los usuarios. Si un viajero pasa por Aduanas y Protección Fronteriza sin problema, puede enviar un mensaje de texto de confirmación al numero provisto. Pero si pasan dos horas y Border Buddy no recibe nada, eso alertará a la organización a darle seguimiento al asunto y mandar a un abogado si es necesario.

El sitio web se inaugurará en Nueva York, donde el equipo se ha asociado con CLEAR, uno grupo defensor de inmigrantes de la Facultad de Derecho de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY). “La universidad ya tiene servicios parecidos, pero se distribuyen de una manera muy ad hoc”, dice Dillon Powers, otro programador del equipo. “Entonces pensamos que sería magnífico hacer que estas cosas estuvieran más eficientes y sistematizadas”. Al final, el equipo espera asociarse con grupos de ayuda legal a lo largo del país.

Hack the Ban es uno de varios eventos que han unido a la comunidad tech para luchar en contra de las políticas de Trump en asuntos como el cambio climático, acceso a servicios de aborto y la inmigración. Grupos de base como Tech Solidarity (Solidaridad Tecnológica) y Progressive Coders (Codificadores Progresistas) están organizando reuniones grandes e invitando a los defensores a que vengan a hablar sobre la complejidad de sus causas. En algunos casos, los individuos simplemente están yendo a reuniones en vecindarios para ver en dónde pueden ayudar.

Fue en una pequeña reunión en San Francisco para latinos en la industria tecnológica que Adrián Reyna —director de estrategias tecnológicas para United We Dream, una organización de inmigración liderada por jóvenes— conoció a Natalia Margolis, una ingeniera en la agencia digital Huge, Inc . Reyna, quien es indocumentado, le contó a Margolis sobre una línea directa llamada Migrawatch que administra su organización. Las personas pueden usarla para reportar las actividades de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés). Pero, en tiempos de pánico, no hay manera en que los inmigrantes indocumentados puedan conectarse rápidamente con su red de apoyo: sus familiares, amigos y abogados.

Notifica brinda consejo legal a los inmigrantes indocumentados y de forma segura permite a los usuarios a agregar contactos de emergencia (Huge Inc.).


Eventualmente Margolis traería esa idea a su compañía y dentro de unas cuantas semanas nació Notifica. Funciona como un botón de pánico para las personas indocumentadas agarradas en redadas migratorias. Al tocar sus móviles, los usuarios pueden enviar señales de auxilio a múltiples personas a la vez, entre ellas abogados. Para Reyna —quien dice que colaborará con organizaciones en Texas, Florida y Nuevo México para ampliar el alcance de Notifica— la app podría ayudar a su comunidad a hacer responsables a los agentes de ICE y sacar injusticias a la luz.

Entre las otras apps que han generado titulares en los últimos meses está RedadAlertas (la cual usa información crowdsourced para advertir a las personas sobre redadas migratorias y puestos de control cercanos) y DoNotPay (No pagues), un chatbot creado inicialmente para anular multas de tráfico que fue ajustado para ayudar a los refugiados buscando asilo en EEUU, Reino Unido y Canadá. El “abogado robot” ( llamado así por Joshua Browder, su creador) ayuda a los usuarios a determinar si reúnen los requisitos para recibir asilo y también a llenar la solicitud correcta mediante una serie de preguntas fáciles de entender que llegan a través de la app Facebook Messenger.

Si no todas las aplicaciones fueron creadas como una respuesta directa a las órdenes ejecutivas de Trump —tanto Browder como Celso Mireles, creador de RedadAlertas, dijeron que ellos habían empezado sus proyectos cuando Barack Obama aún estaba al mando—, estas apps resaltan la evolución del papel de la comunidad tecnológica en la política sobre inmigración.

“En 2012 no se nos hubieran ocurrido ir a una empresa tecnológica para pedir apoyo para DREAMers o comunidades de inmigrantes”, dice Reyna. “Pero hoy en día, ya que la tecnología está tan intricadamente entretejida en la sociedad, hay un lugar para todos en la industria tecnológica de abogar por las personas que viven al margen de la sociedad”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


El arte del nuevo metro de Nueva York

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