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CityLab Política

La realidad del sentimiento rural que impulsó a Trump

Conversamos con una investigadora que lleva diez años estudiando residentes del campo en Wisconsin. Una de sus conclusiones es que necesitamos escuchar más a este sector de la sociedad.
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16 Nov 2016 – 1:30 PM EST

La victoria de Donald Trump en Wisconsin la semana pasada marcó la primera vez que un candidato presidencial republicano gana allí desde 1984. El aparentemente enorme cambio político que tuvo lugar en este estado en el medio oeste de Estados Unidos el día de la elección, particularmente en sus condados rurales, ha quedado desde entonces en medio de la atención nacional.


Para tratar de comprender mejor lo que ocurrió en Wisconsin, y, por ende, el resultado de la elección a nivel nacional, una de las primeras personas con quien quise hablar fue Kathy Cramer. Durante casi una década, la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Wisconsin-Madison se ha venido insertando en las conversaciones políticas casuales de pequeñas comunidades rurales en su estado, escuchando, haciendo preguntas y, en última instancia, identificando los temas comunes que ha podido descubrir.


El nuevo libro de Cramer, The Politics of Resentment (La Política del Resentimiento), analiza el ascenso del gobernador conservador Scott Walker y la evolución política de Wisconsin. Lo que Cramer dice que descubrió es que el fuerte sentido de identidad en las comunidades rurales que visitó se ha convertido en un factor clave de motivación política en Wisconsin. Y, con el tiempo, ese sentimiento de identidad rural ha llegado a ser ampliamente definido como una mentalidad de ellos contra nosotros, siendo ellos las personas que viven en las ciudades.


Hablé con Cramer por teléfono varios días después de la elección. A continuación, una transcripción ligeramente editada de nuestra conversación.


CityLab: Para los lectores que aún no están familiarizados con tu trabajo, ¿puedes describir brevemente el proyecto que conllevó a tu libro y tu metodología?

Cramer: Estudio la opinión pública y lo que me interesa es cómo la gente entiende el mundo político. En 2007, lo interesante para mí era cómo influye la identidad de clase social en términos de esas opiniones. Honestamente, yo no estaba buscando una división entre las áreas urbana y rural. Ni siquiera estaba realmente buscando el resentimiento. Yo era bastante ingenua en ese momento. Pero lo que hice fue hacer un muestreo de una amplia gama de comunidades en Wisconsin. Y le pregunté a la gente que vivía allí, "En esta comunidad, ¿dónde se reúne la gente para pasar un rato?".

Lo importante es comprender que no fueron entrevistas personales, no fueron grupos de debate que yo reuní. Fueron grupos de personas que, en su mayor parte, se reúnen unas con otras cada día y lo han venido haciendo durante años. Así que yo me estaba metiendo en sus relaciones existentes en los lugares en que ya se reúnen. Creo que es parte de la razón por la que pude identificar la textura local. No era como intentar invitarlos al campus universitario y luego intentarles sacar lo que pudiera. Obviamente, la conversación cambió un poco porque yo estaba allí haciéndoles preguntas. Pero estos eran grupos de personas que estaban realmente acostumbradas a hablar unas con otras sobre política.

Se hizo bastante obvio que existía esta brecha entre las zonas rurales y urbanas de Wisconsin. Y el resentimiento simplemente era muy evidente. Menciono Wisconsin debido a Scott Walker, pero también a causa de los resultados del martes. Es evidente que Wisconsin es parte de un patrón en el norte del Medio Oeste donde las zonas rurales [históricamente] se inclinaban fuertemente hacia los demócratas y esta vez apoyaron a Trump.


Me da mucha curiosidad saber qué has pensado desde el miércoles por la mañana.

Para ser honesta, yo estaba tan sorprendida como cualquiera. Quizás no debería decir sorprendida, porque dada mi investigación comprendí la razón por la que los resultados podrían haber salido así.

Hace aproximadamente un mes, le estaba diciendo a la gente que la elección iba a ser muy cerrada. Y en parte esto se debía a que muchas de las cosas que alejan de Trump a las personas en mi círculo social eran cosas que yo sabía que simplemente a la gente [de la zona rural de Wisconsin] no le impresionaban. Por ejemplo, cuando salió el video de Trump presumiendo de asalto sexual a las mujeres, mucha gente se molestó. Pero también sé que el apoyo de Trump no era tanto a él, sino al cambio que él representa. Son estas nociones de cambiar las cosas, "drenar el pantano" de Washington DC, esas son realmente las cosas que escuché a la gente decir.

Este pasado viernes por la mañana, pasé mucho tiempo con un grupo en una pequeña ciudad en el centro de Wisconsin y estaban muy optimistas con los resultados. Por primera vez en los aproximadamente ocho años que han pasado desde que supe de ellos, hablaron sobre el potencial para el cambio. Y, sabes, ese sentimiento de esperanza no es algo que percibo aquí en Madison.

Así que de cierta forma entiendo de dónde vino esto. El tipo de resentimiento que he escuchado que tiene la gente de pequeños pueblos de Wisconsin es algo que Trump ha aprovechado. Supiera o no que lo estaba haciendo, su mensaje realmente llegó a las personas que se sienten muy olvidadas por el resto de la sociedad.


¿Hubo cosas específicas sobre las que este grupo con el que hablaste el viernes tenía esperanzas?

Este grupo estaba formado por hombres, algunos en edad laboral y algunos jubilados, más o menos el tipo de personas que principalmente votaron por Trump. Les dije: "¿qué tipo de cambios esperan que traiga Trump? Dentro de cinco años, ¿qué diferencias esperan ver?". E inicialmente su respuesta fue “bueno, nada”. Nada de lo que los presidentes hacen nos afecta aquí en este lugar.

Y luego hablamos un poco más y hablaron sobre cómo creían que él haría cambios que estimularían la economía. No necesariamente pensaban que iba a cambiar su comunidad, pero sí pensaban que podría ayudar a la economía de la ciudad más cercana, que tiene una población de alrededor de 28,000 personas. Así que tienen espernanzas en cuanto al empleo.

Y hablamos del Obamacare también, porque hay gente en el grupo que definitivamente se ha beneficiado del Obamacare. Y dicen que ahora pueden pagar el seguro de salud. Pero algo que mucha gente no entiende es que, incluso entre personas que abiertamente reconocen que se han beneficiado del Obamacare, les molesta porque lo ven como otra regulación sobre sus vidas. Simplemente no creen que el gobierno deba obligar a una persona a comprar atención de salud o pagar una multa. Cuando la gente dice ‘¿cómo pueden ser tan estúpidos? Obviamente necesitan atención de salud’, es simplemente una forma diferente de mirar el mundo. Porque en cambio dicen ‘sí, está bien, me beneficio de eso, pero en algunos aspectos y no en otros’ .


Ha habido ciertas investigaciones sobre este tipo de desconexión, especialmente desde el surgimiento del Tea Party, por ejemplo, que también describes en tu libro: que las partes del país que reciben la mayor cantidad de beneficios del gobierno a menudo se relacionan con las partes del país que quieren tener menos injerencia del gobierno. ¿Todo esto está conectado?

Sí, es realmente una visión particular del gobierno, como esa entidad a la que no le preocupan y que no respeta las personas como ellos. Entonces, ¿por qué querrían más de eso? ¿Por qué creerían que efectivamente va a hacer algo para mejorar sus vidas?

Para ellos, la política de siempre es algo para otras personas, no para ellos. Y parte de eso es también resentir las élites urbanas que los desprecian. Y también es en parte una percepción de que lo que hace el gobierno es chupar los dólares de los contribuyentes para apoyar estos programas sociales que benefician a ‘otros’ que no lo merecen. En mi opinión, es ahí donde entra la raza. Sus estereotipos de quienes reciben las prestaciones de la seguridad social son inmigrantes ilegales y personas de color. No piensan, por ejemplo, en la compensación a los trabajadores o las deducciones fiscales de interés hipotecario como programas sociales.



¿Qué cosas específicas hablaba contigo la gente acerca de lo que resienten en términos de su relación con las personas que viven en las ciudades?

Lo principal que oí fue esa sensación de no estar recibiendo su justa cuota de poder o de atención. Sentían que las decisiones importantes, ya fueran del gobierno o la industria, se tomaban en las ciudades. Y luego ellos tenían que lidiar con esas decisiones y nadie los escuchaba ni les prestaba atención a sus preocupaciones. Se trata en parte de resentimiento por la falta de poder.

También se trataba de esa sensación de falta de recursos. Ellos tienen la sensación de que han sido los perjudicados respecto a la tributación. Sentían que habían pagado mucho más impuestos que lo que habían recibido a cambio. Para la educación, por ejemplo, percibían que la mayor parte del dinero iba a Madison y Milwaukee, y que su comunidad simplemente no se beneficiaba.

Y, por último, y esto es algo que realmente estoy hilvanando estos últimos días, existe esta sensación de falta de respeto: ‘la gente de la ciudad nos desprecia, piensan que somos estúpidos, piensan que somos racistas, piensan que estamos votando en contra de nuestros propios intereses’. Y veo que Trump apeló mucho a eso, utilizó la situación del campo contra la ciudad para apelar a ese resentimiento. A ellos realmente les molesta ser despreciados y sienten que la gente de la ciudad no entiende cómo es la vida rural o qué es lo que se valora. No sólo resentimiento hacia las personas de color o hacia las élites urbanas. También existe esta sensación general de que ‘al resto de ustedes no les importan las personas como nosotros’.


Es algo increíble que alguien como Donald Trump podría convertirse en el abanderado de ese sentido de identidad, dado que él es un promotor inmobiliario rico y de la ciudad de Nueva York.

Sí y me pregunto si eso es en parte la razón por la que la gente pasó por alto su comportamiento aborrecible y algunas de las cosas inaceptables que dijo y lo apoyó. Eso es algo que realmente he pensando mucho en los últimos días.

Quiero decir, el Ku Klux Klan respaldó a esta persona que se está convirtiendo en nuestro presidente. ¿Es apropiado decir que las personas que votaron por él no están respaldando también algunos de los comportamientos que el KKK encuentra atractivos? Y, sin embargo, cuando paso el tiempo con estas personas en comunidades rurales, son muy amables y decentes. Y me es difícil transmitir eso, porque entonces mis amigos en la ciudad dicen ‘sí, pero ellos votaron por Donald Trump’.

Existe ese sentimiento de humanidad cuando uno va a sus comunidades, escucha la manera en que describen sus vidas y justifican el voto por Donald Trump, eso suena muy diferente a las personas que desde el exterior asumen que se trata de un montón de gente extravagantemente racista. Simplemente no es acertado lo que piensan.


Como periodista, yo me pregunto si simplemente no se pueden aclarar las cosas en cuanto a, por ejemplo, cuáles son las partes del país que se benefician más o menos de los programas del gobierno, y qué se puede hacer para cambiar las opiniones de las personas que piensan de esta manera.

Creo que ésa es la pregunta clave. Y lo desconcertante para mí es que yo sé por experiencia propia que algunas de las primeras veces que pasé con estos grupos, surgían imprecisiones y yo intentaba corregirlas.

Inicialmente, tenían que ver con mi universidad, cuando le preguntaba a la gente sobre sus conexiones con la universidad y lo que querían de la universidad, y ellos decían cosas como: ‘Bueno, un 50% de los estudiantes son de otro país, así que ya sabes que es muy difícil que nuestros hijos entren’. Y yo les decía que no, que la ley estatal dice que un 75% del alumnado tiene que ser de Wisconsin, ya saben, bla, bla, bla.

Y mi experiencia con eso fue que, por supuesto, la gente no me va a escuchar hasta que no sepa que realmente voy a escucharlos a ellos y que, de hecho, respeto sus puntos de vista. Así que no es hasta después de un par de visitas que empiezan realmente a preguntarme ‘entonces, ¿qué piensa usted?’.


Es cierto: o sea, usted es de la élite urbana, ¿no? Puedes decirnos cómo fue la experiencia de ir y decir, ‘¿Están dispuestos a hablar conmigo?’.

Bueno, afortunadamente fui lo suficientemente ingenua como para no pensar que no querrían hablar conmigo. Para ser honesta, en un principio, yo no esperaba que ellos estuvieran resentidos contra las ciudades, ni tuvieran ese profundo resentimiento contra gente como yo. Por eso llegaba y decía ‘Hola, soy Kathy de la Universidad de Wisconsin-Madison, ¿les importaría si me uno a ustedes esta mañana?’. Y se reían, y me decían que sí, que no tenían nada mejor que hacer. Y entonces pasaba tiempo con ellos e inicialmente muchos grupos se mostraban algo escépticos, pero después de 45 minutos o una hora, me decían cosas como ‘¿Ya te tienes que ir? ¿No te puedes quedar hasta que llegue Fulano o Mengano?’. Estaban sorprendidos de que yo fuera tan normal, y a veces incluso lo decían.

El truco para mí es cómo podemos hacer para transmitirles respeto a estas personas mientras al mismo tiempo intentamos transmitir información. Especialmente hablando con mis amigos —y tengo amigos muy queridos que están profundamente comprometidos con la justicia racial— eso es sólo lo último que quieren oír esta semana. ‘¿Cómo puedes mostrarle respeto a la gente que votó por un candidato respaldado por el KuKluxKlan?’ Realmente estoy teniendo dificultades con eso.


Pero tú sientes que eso es exactamente lo que se necesita.

Creo que es la única manera de cambiar las ideas de las personas. Dejarles claro, antes de darles información, que realmente nos preocupamos por ellas.


¿Y cómo se puede lograr eso?

La única manera que sé es escuchando y pasando tiempo con ellas, y más de una vez. No sólo caerles diciéndoles que hay algo en lo que deben pensar. Es mostrándoles respeto con el tiempo y escuchándolos.


Tú mencionaste la educación como un ejemplo de un área en particular donde los votantes rurales en Wisconsin sienten que no están recibiendo su parte justa. ¿Hubo otras cosas específicas que esa gente te mencionó? ¿Sobre la vivienda? ¿Sobre el transporte?

Cuando hablo del transporte, la gente simplemente se ríe. Hay transporte público en las zonas rurales, pero la gente habla sobre cómo la gente de la ciudad no entiende lo importantes que son los precios de la gasolina, porque no entienden que todos ellos viajan mayores distancias que la mayoría de la gente de la ciudad. Y hablan de las carreteras, de que la falta de gasto en infraestructura vial parece estar prejuiciada en contra de las zonas rurales.

Uno de los grandes problemas que se menciona respecto a la vivienda, especialmente en las zonas turísticas, es que la gente cuenta historias acerca de cómo trabajan hasta matarse toda su vida para poder vivir finalmente junto al lago de su pueblo, pero que la gente de la ciudad llega y compra todas las propiedades frente al lago. Eso ha aumentado los impuestos a la propiedad y les está haciendo mucho más difícil a ellos poder permitirse el lujo de vivir en su propia comunidad. Y ése es un gran ejemplo del resentimiento. La gente dice ‘Mira cuánto nos ha afectado la gente de las ciudades’.


Suena como una especie de gentrificación rural.

Totalmente y está sucediendo.


¿Encontraste a alguien que expresara algún deseo de intentar mudarse a la ciudad en busca de oportunidades? O ¿este sentimiento de identidad rural que describes en tu libro significa que casi nadie siquiera lo consideraría?

Sé que los economistas creen que la gente se dará cuenta y se modernizará y se desplazará hacia donde hay empleos. Honestamente, eso nunca sale en estas conversaciones, excepto cuando las personas están hablando de sus hijos. Y se lamentan del hecho de que sus hijos tendrán que mudarse para conseguir un trabajo, un trabajo que les pueda dar algún tipo de empleo sostenible y una calidad de vida decente.

Muchas veces hablo con gente mayor, de mediana edad o mayores, por lo que quizás es menos probable que hablen de trasladarse a las ciudades. Pero se menciona menos de lo que piensan las personas del exterior.

Se trata de identidad. Sus familias están allí, han estado allí durante generaciones en muchos casos, la comunidad eclesial está allí. Y, a menudo, prefieren la naturaleza de la vida en sus pueblos, aunque la economía es muy difícil. Miran la ciudad y piensan que el ritmo de vida es terrible, piensan que las personas no conocen a sus vecinos, piensan que hay muchos delitos.


La contracara de todo esto para mí es que, en realidad, es totalmente cierto que mucha de la prosperidad que se ha generado a lo largo de los últimos 10 ó 20 años, se ha concentrado en las ciudades. En CityLab escribimos todo el tiempo acerca de la desigualdad de nuestra economía, y cómo eso genera problemas de asequibilidad en ciertas ciudades. Y esto parece ser una especie de confirmación de que ese tipo de economía simplemente no coincide con la realidad de nuestro sistema político.

Mi sensación es que para muchas personas que son firmes partidarias del Partido Demócrata, existe la sensación de que el cambio en la economía y el cambio en la demografía iba a garantizar las victorias demócratas en el futuro. Y se ha hablado [ya] de que Donald Trump es el último suspiro del hombre blanco antes de perder su estatus en la sociedad. Quizás sea así, pero esta elección es un recordatorio de que los tiempos pueden estar cambiando, y las personas para quienes un candidato como Trump tiene atractivo pueden ser cosa del pasado a corto plazo. Pero la realidad política es lo que es hoy. Y le deberíamos haber estado prestando atención.


Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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