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Estos son los estados que aún apoyan a Trump, a pesar de su baja popularidad en el resto de EEUU

El índice de aprobación del presidente está en un mínimo histórico, pero en bastantes zonas del país logra pasar el 50%.
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El índice de aprobación promedio después del primer año de mandato de presidente Trump está en un mísero 38%, el peor de cualquier presidente desde Gallup empezó a medir el índice de aprobación de desempeño presidencial en 1945. Pero este dato general oculta la enorme variación en ese índice de aprobación a lo largo de los 50 estados, según una encuesta reciente de Gallup basada en encuestas realizadas a lo largo de 2017. De hecho, el índice de aprobación de Trump llega a más de un 60% en West Virginia y a más de un 50% en 11 otros estados, entre ellos las Dakotas, Wyoming, Idaho, Montana, Alabama y Oklahoma.


Tal como muestra el mapa de arriba, hay una franja amplia de aprobación de Trump a lo largo de las Llanuras, las Apalaches, el Sur Profundo y partes del Medio Oeste. Hay una franja amplia de desaprobación en las costas y en Nueva Inglaterra, así como en estados como Texas, Colorado, Nuevo México, Illinois y Minnesota.

Sin embargo, en lugar de ser una ruptura radical con el pasado, esta geografía escarpada del índice de aprobación de Trump refleja los contornos fundamentales de las antiguas divisiones históricas de EEUU a nivel político, económico y cultural.

Un análisis estadístico básico de los datos de Gallup hecho por mi colega Charlotta Mellander confirma esto. Su análisis de correlación compara los índices de aprobación y desaprobación de Trump con las características clave de los estados en cuanto a la demografía, la economía y la política (como siempre, quiero notar que la correlación no infiere la casualidad, sino que simplemente señala las asociaciones entre variables). Sus hallazgos señalan que la geografía de la aprobación y desaprobación de Trump reflejan divisiones más persistentes y distan mucho de ser un caso aparte.

(Datos por Charlotta Mellander. Gráfico por Madison McVeigh/CityLab)


Primero, la geografía de la aprobación de Trump coincide con el patrón básico de estados rojos/estados azules de elecciones anteriores. Su índice de aprobación está fuertemente relacionado de manera positiva con el porcentaje de personas que votaron por Mitt Romney en 2012 (0.92) y la desaprobación de Trump está fuertemente relacionada con el porcentaje de personas que votaron por Barack Obama durante ese mismo año (0.92).

(Datos por Charlotta Mellander. Gráfico por Madison McVeigh/CityLab)


Las opiniones sobre el presidente reflejan la división fundamental de clase social, la cual ha dividido a los estadounidenses durante mucho tiempo según las líneas políticas y económicas. La aprobación de Trump está abrumadoramente concentrada en los estados menos pudientes, menos educados y de clase trabajadora. Está relacionada de manera positiva con el porcentaje de trabajadores con empleos obreros (0.76) y tiene una relación negativa con el ingreso (-0.72), sueldos (-0.79), educación (medida como el porcentaje de adultos con una licenciatura o un título superior a ésta, -.086) y el porcentaje de los trabajadores que realizan trabajo profesional, creativo o de conocimiento (-0.72).

(Datos por Charlotta Mellander. Gráfico por Madison McVeigh/CityLab)


Contrariamente a la idea de que el apoyo para Trump aumenta en zonas de alto desempleo, no existe relación estadística entre el índice de aprobación de Trump y la tasa de desempleo de un estado. La sabiduría convencional sugiere que el auge de Trump fue impulsado por los que están perdiendo debido a la enorme desigualdad de EEUU. Sin embargo, los datos muestran que la historia es más compleja. La aprobación de Trump realmente es más alta en los estados con niveles más bajos de desigualdad económica y la aprobación esta correlacionada de manera negativa con la medida del coeficiente Gini de desigualdad de ingresos (-0.40). Por otra parte, los estados con niveles más altos de desigualdad tienen una probabilidad mucho más alta de desaprobar de Trump, mostrando una correlación positiva entre la desigualdad de ingresos y el porcentaje de personas quienes desaprueban de Trump (0.38).

La aprobación y la desaprobación del presidente también están marcadas fuertemente por la disposición geográfica del país. La aprobación se concentra en los estados menos urbanizados, mientras que la desaprobación se concentra en estados más densos y urbanizados. El índice de aprobación de Trump está correlacionado de manera negativa con dos medidas de urbanidad: el porcentaje urbano de la población (-0.52) y —en incluso una mayor medida— el porcentaje urbano del área total de tierra de un estado (-0.62) (interesantemente, ni la aprobación ni la desaprobación de Trump tienen alguna conexión estadística con el tamaño total de la población de los estados). El auto representa otra línea divisoria. La aprobación del presidente está relacionada de manera positiva con el porcentaje de personas que conducen solos al trabajo (0.45).

(Datos por Charlotta Mellander. Gráfico por Madison McVeigh/CityLab)


La raza y la inmigración son dos ejes más de división en cuanto a Trump. En general la geografía de la aprobación de Trump está relacionada de manera positiva con el porcentaje de la población estadounidense que es blanco (0.49). En cambio, no sorprende que, dado su postura con respecto a la inmigración, la aprobación de Trump se relaciona de manera negativa con el porcentaje de la población estadounidense que haya nacido en el exterior (-0.69).

Los datos sobre la aprobación de Trump también reflejan las dimensiones clave de la división cultural de EEUU. La aprobación de Trump se relaciona de manera positiva con el porcentaje de la población de un estado que se identifica como “muy religiosa” (0.52). Se relaciona de manera negativa todavía más fuertemente con los indicadores de derechos para mujeres y las personas LGBTQ, ya que se correlaciona de manera negativa con la cantidad de proveedores de abortos por cápita (-0.64) y el porcentaje de personas LGBTQ en la población de un estado (-0.74). Los partidarios de Trump a menudo son francos en cuanto a su apoyo de “valores familiares” más tradicionales, pero las personas en los estados en donde la aprobación de Trump es mayor no necesariamente se adhieren a tales valores. Hay una fuerte correlación positiva entre la aprobación del presidente y lugares que tienen índices más altos del llamado 'matrimonio en serie', es decir, estar casado tres veces o más (0.59 para los hombres y 0.61 para las mujeres).

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A pesar del mínimo histórico en su índice de aprobación en general, el presidente Trump retiene apoyo considerable en los estados tradicionalmente conservadores en las Llanuras y en el Sur Profundo y en partes del Medio Oeste. El índice de aprobación de Trump no representa una ruptura con el pasado; su geografía tanto refleja como refuerza las líneas divisorias básicas de clase socioeconómica, geografía, raza y cultura que hace mucho tiempo han dividido a este país. En todo caso, el apoyo de Trump ha profundizado la división persistente de rojo y azul en EEUU.

Todo esto coincide con el patrón del apoyo de Trump basándose en lo que Ron Brownstein —mi colega en The Atlantic— ha llamado acertadamente la ' coalición de la restauración', es decir, una franja geográficamente concentrada de apoyo que es blanca, de clase obrera, suburbana, rural y que está empeñada en restaurar un EEUU del pasado.

Esta respuesta negativa política no sólo señala una agenda política más reaccionaria, sino que también es una agenda para la retirada económica, así socavando los pilares clave del crecimiento económico de EEUU y sus crecientes niveles de vida. “El peligro prolongado y mucho más grande es económico en lugar de ser político”, escribí en 2011 sobre la oleada creciente del conservatismo en los estados menos prósperos. “La política estadounidense está cada vez más desconectada de su motor económico. Y esta división política cada vez más profunda se ha convertido en lo que quizás sea el obstáculo más grande en el camino hacia la prosperidad a largo plazo”. Hoy día, ese es el caso, pero mucho más que antes.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.