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Estas son las ciudades que realmente le importaron a los candidatos

Vastas zonas de Estados Unidos nunca verán a un potencial presidente dar un discurso de campaña.
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20 Jun 2016 – 9:58 AM EDT

Puf y se acabó. El cierre de los comicios de Washington DC representó el final de la larga pesadilla elección primaria de este 2016. Cada estado tuvo su turno, incluso la tardía California, cuya elección primaria generalmente es una vuelta de la victoria de 780 millas para los presuntos nominados. Todo este proceso ha servido como gran material para los maestros de educación cívica. Durante los últimos cinco meses, los estadounidenses estuvieron semana a semana aprendiendo de lo que sucedía en un estado diferente, algo que casi suena tierno, el equivalente en la vida real de la irritante canción Fifty Nifty United States, que se usa para enseñar geografía en las escuelas.

Pero, aunque me duele tener que destruir esa imagen de unidad nacional, hay que señalar que algunos estados no recibieron tanto amor como otros. Los candidatos probablemente pasaron suficiente tiempo en Iowa y New Hampshire como para tener derecho a beneficios fiscales, pero otras regiones tuvieron que conformarse con un rápido apretón de manos y una sonrisa en el aeropuerto local. Los caminos que Hillary Clinton, Donald Trump y compañía labraron en todo el país se ven bastante diferentes al mapa de los estados que cuelga de la pared del aula.

Gracias al rastreador de viajes de candidatos de National Journal, que registró las paradas de las campañas, se pueden trazar estos patrones. He aquí un mapa rápido de cada ciudad visitada por un candidato presidencial desde 2015:

Caramba, ¿quién lanzó un tazón de M&Ms sobre Iowa? Por supuesto, eso realmente no es sorpresa: como es el primer estado en votar, Iowa atrae a un enjambre de candidatos presidenciales, que codician el llamado "Hawkeye State" por su místico poder de darles impulso a las campañas. Y, dado que la estrategia favorita de los perdedores con menos votos es hacer una " Grassley completa" (es decir, imitar al senador de Iowa Chuck Grassley, quien todos los años visita cada condado, y pasar por los 99 condados del estado), el recuento de ciudades visitadas de Iowa es aún mayor de lo que normalmente sería, inflando así el número de puntos.


Pero, aunque este mapa está bueno, prefiero uno diferente: un diagrama de Voronoi, el cual describe las áreas de influencia alrededor de un determinado conjunto de puntos. En este caso, el diagrama arroja un conjunto de límites alrededor de cada parada de campaña. Todo el que vive dentro de ese límite está más cerca de esa parada que de cualquier otra parada en el mapa. Si tuvieran ganas de escuchar a un candidato, ése sería el lugar más cercano a donde irían.

Ahora las desigualdades de la geografía de las campañas se vuelven un poco más evidentes. Un residente de Montana o Dakota del Norte habría tenido que viajar hasta 300 millas para ver a un candidato presidencial, casi todo el largo del estado. Es cierto, viven en un estado con muy poca población. Pero lo mismo sucede en Arizona y Washington, donde, aparte de algunas ciudades importantes, a los ciudadanos comprometidos promedio les esperaba un tremendo viaje en automóvil si querían, pues, comprometerse.

Comparemos esto con New Hampshire, donde la mayoría de las personas sólo tenía que viajar no más de seis millas:


Todo esto podría cambiar pronto. Aún sufriendo las consecuencias de la victoria de Trump, el Comité Nacional Republicano considerará reorganizar el orden de las elecciones primarias en el año 2020. Una idea con potencial que están proponiendo es emparejar los estados tradicionales con votaciones tempranas, como Iowa y New Hampshire, con otros estados que votarán el mismo día, atenuando así la importancia de los estados con votaciones tempranas y estimulando a los candidatos a hacer campaña en otros lugares. Aunque esa solución no llega a eliminar la posición de Iowa como el estado con las primeras elecciones primarias del país, estaría muy cerca.

Pero, por el momento, así es como una campaña presidencial ve a Estados Unidos: como una serie de ciudades-estado, cada una con una esfera de influencia, algunas mayores que otras. No se puede llegar a todas en seis meses (o incluso menos tiempo, a no ser que uno sea de los pocos candidatos afortunados que logran pasar del Supermartes). Y los políticos evidentemente priorizan las regiones que les darán ventajas tempranas. Las transmisiones de CNN hacen parecer que todo el territorio estadounidense es un hervidero de banderines del día de las elecciones. Pero para gran parte del país, la fiesta queda muy lejos.

Este fue publicado originalmente en inglés en The Atlantic.

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