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El Reino Unido después del Brexit

La votación demostró las fuertes diferencias existentes entre distintas ciudades y regiones de Gran Bretaña, así como una brecha entre jóvenes y viejos.
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24 Jun 2016 – 1:01 PM EDT

Ayer en la noche, muchos de nosotros en el Reino Unido nos fuimos a la cama esperando una victoria para el voto de “Quedarse” en el referendo de este país sobre la permanencia en la Unión Europea, más conocido como el Brexit. Pero esta mañana nos despertamos viendo a el país renunciando a su membresía de la U.E., a nuestro primer ministro renunciar y a nuestra moneda perder tanto valor que el Reino Unido pasó de ser la quinta economía mundial a la sexta en unas pocas horas. Todo esto antes de tomarse el café de media mañana. Llamar a esto un “shock” no es suficiente. Esto es un terremoto.

El país ahora está dividido prácticamente en la mitad, con un 51.9% que votó por dejar la Unión Europea, y un 48.1% votó por quedarse. Ambos lados están impactados, incluso los ganadores, que han logrado llegar a este punto sin delinear un plan claro de lo que sucederá luego. Esta mañana Nigel Farage, líder del partido de derecha UKIP, ya comenzó a echarse para atrás, cuando dijo que fue un error prometer 350 millones de libras a la semana para la salud pública (el NHS), si obtenían la victoria. Admitir esto 24 horas antes habría sido arriesgado.

Algunos están en negación, como Cornwall, una región que ha recibido substanciales apoyos financieros de la Unión Europea, pero que votó para retirarse. Esta zona se está preguntando si el financiamiento en el futuro no será cortado (aunque probablemente estos fondos dejarán de llegar).

Los votantes que querían quedarse en la U.E., mientras tanto, están devastados. Luego de que la campaña para irse estuviera marcada por una retórica racista, se siente como si los malos hubieran ganado, dejando caer en un espiral económico a una Gran Bretaña más pequeña, más enmarañada y más malvada. Aunque todos los que están en un conflicto tienden a pensar que son los buenos en el asunto, es más fácil ahora ver la gran brecha que este voto ha expuesto. En este gráfico, por ejemplo, es posible ver las regiones que votaron para irse o para quedarse. El contraste es claro, con Escocia, Irlanda del Norte y Londres a favor de la Unión Europea, y el resto del país en contra.

Explicaciones más detalladas del voto parecen menos oscuras, en todo caso. Esta imagen abajo muestra las ciudades más pobladas del norte, como Liverpool, Manchester, Newcastle y Leeds votaron para quedarse (aunque con menos margen que Londres o Escocia, y una parte relevante de Irlanda del Norte votó para irse.



Pero la división aún es clara. Escocia y Londres no se corresponden al resto del país. Como comenté hace unos días en CityLab, Escocia ya estaba preparándose para hacer esta distancia algo oficial: la primera ministra de esta nación Nicola Sturgeon prometió un nuevo voto por la independencia. Incluso hay conversaciones de una posible permanencia de Londres y Escocia, una especie de Estado Libre de Escotlondia. Como lo confirma este tuit, Sturgeon y el alcalde mayor de Londres Sadiq Khan han estado en confirmaciones sobre esta idea loca.


La brecha es más que geográfica, en todo caso. Como esta encuesta lo demuestra, la gente joven votó para quedarse, mientras que los más viejos votaron por irse, afectando justamente a los que por más tiempo vivirán fuera de la Unión Europea. Esta estadística está generando ira entre los jóvenes, pero hay algo que es imposible de negar: este referendo tuvo altísimos niveles de participación, en los que ganó la opción de irse.

Estas divisiones no se transformarán en algo feo: ya lo son. En su discurso de victoria, Farage, del partido UKIP, declaró que este era un resultado para la “gente real”, una supuesta victoria contra la elite de las metrópolis. En realidad, Londres tiene mucha riqueza, pero también mucha gente de bajos ingresos, quienes vienen menos aislados de la elite que la gente rica en zonas rurales. Muchos de ellos votaron para quedarse, pero porque viven en la capital (y quizás porque no son blancos) parecen no contar como “gente real” para el UKIP y su visión de Gran Bretaña.

El aire ahora en el Reino Unido huele a miedo, ira y desprecio en ambos lados, y esto sucede incluso antes de que comencemos a pensar en las repercusiones internacionales de este voto en los años por venir. Ajusten sus cinturones, observadores del Reino Unido, un vuelo con turbulencias acaba de comenzar.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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