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El dilema de construir ciudades inclusivas

Expertos dicen que es fácil lograr mejoras en la economía, pero lo difícil es que todos se beneficien de ésta.
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28 Jun 2016 – 11:46 AM EDT

¿Cómo se pueden levantar ciudades en las cuales sus habitantes –sin importar género, orientación sexual, raza, edad o lo que sepan hacer– puedan vivir y prosperar?


Desafortunadamente, no hay respuestas inmediatas ni soluciones equitativas para todos. Sin embargo, sí existe un grupo de estrategias implementadas por ciudades y ciudadanos alrededor del mundo que bien podrían imitarse. Una muestra de ellas fue analizada en la Institución Brookings el pasado jueves.


El debate lo abrió Ángel Gurría, secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la cual lanzó su campaña para el crecimiento inclusivo de las ciudades a principios de año, realizada en colaboración con la Fundación Ford. Esta iniciativa sirve de encuentro entre líderes de varias ciudades en el mundo y tiene el propósito esencial de mitigar la desigualdad urbana. Gurría fue seguido por los pronunciamientos de un panel de representantes de los sectores privado, público, tecnológico y de negocios, quienes ya han tanteado, con cierto éxito en sus respectivos campos, estrategias de inclusión.


Basados en este debate, a continuación se presentan cuatro pasos preliminares en el camino hacia alcanzar el desarrollo inclusivo:

Paso 1: Reconocer el problema

Las ciudades son los centros de la innovación global, el poder y la economía por antonomasia. En este sentido Amy Liu, vicepresidenta del Programa para la Política Metropolitana de Brookings, sostuvo que son ellas las que han de protagonizar el cambio hacia una mayor equidad social, especialmente en tiempos de estancamiento político a nivel nacional. Por tanto toca a las ciudades, en primer lugar, mirarse por dentro, examinar cuán inclusivas -o no- son a día de hoy.


Precisamente, el metro monitor report de Brookings es un indicador de cuán lejos han llegado las ciudades en materia de inclusión económica. De acuerdo con sus resultados, prácticamente todas las grandes ciudades de Estados Unidos han experimentado aumentos en la oferta de empleos y la producción económica desde los años de la recesión.


Sin embargo, en lo que respecta a la inclusión económica –definida aquí como el bienestar de los residentes de medianos y bajos ingresos–, apenas ocho ciudades “consiguieron mejoras a escala global” durante el período comprendido entre 2009 y 2014, según el informe. Charleston, Chicago, Dayton, Denver, Provo, Salt Lake City, San Jose and Tulsa fueron las únicas que vieron crecer sus niveles de salario medio, tasas de empleo, así como una disminución en los índices de pobreza. Pero incluso en estas urbes persiste la disparidad racial. Por otra parte, en 80 de cada 100 grandes ciudades de Estados Unidos el salario medio se redujo durante igual período.


“El crecimiento económico es fácil; la inclusión social es más difícil”, sentenció Liu en el encuentro. “Debemos trabajar con mayor intencionalidad a la hora de ampliar los beneficios del crecimiento económico y así comprometer a cada vez más gente en nuestra prosperidad”.


El mapa que sigue ilustra el informe en cuestión y relaciona las ciudades según sus progresos en términos de inclusión económica de 2009 a 2014 (Brookings también dispone de una herramienta que ofrece gráficos y mapas clasificando las ciudades de acuerdo con sus niveles de inclusión racial. Ver aquí).

Desde luego que la desigualdad económica es uno de los desafíos de las ciudades: “La disparidad de los ingresos y la pobreza son aspectos importantes en los cuales debemos trabajar”, dijo en el evento Antoinette Samuel, directora adjunta de la National League of Cities. “Inclusión significa poder acceder a la vivienda sin ser discriminado, de modo que los barrios sean una muestra de la diversidad de la población de una ciudad y la representen. Significa, a su vez, aceptar la inmigración y respetar su cultura y sus tradiciones religiosas. Además (…) significa proteger los derechos de las comunidades LGBT y promover la tolerancia religiosa”.

Paso 2: Contribuir al desarrollo orientado al transporte


Con respecto a las soluciones vinculadas a políticas, las prioridades difieren de una ciudad a otra dentro de Estados Unidos. Pero cabe decir que cada una de ellas necesita hacer más en materia de acceso a la vivienda, al transporte y a una infraestructura estable y actualizada. “Los alcaldes nos dicen que el acceso a la vivienda constituye uno de los mayores retos y que este tema es de los más cruciales en la agenda de la ciudad”, sostuvo Gurría. “Pero este está muy a menudo divorciado de una estrategia más amplia de desarrollo urbano, de transporte y acceso a los servicios. Así que nos urgen políticas de vivienda que nos ayuden a construir ciudades, antes que a construir viviendas”.


Dow Constantine, autoridad del condado de King en el estado de Washington (que incluye Seattle), enfatizó en la necesidad de invertir en opciones de transporte que conecten a las comunidades de bajos ingresos en los cofines de las grandes ciudades con sus centros de trabajo en el corazón urbano, y recordó también la importancia de que haya viviendas accesibles cerca de la ya existente infraestructura de transporte. A su vez, Constantine citó el ejemplo de su plan de gobierno orientado a reducir las tarifas de los autobuses para aquellos con bajos ingresos.


Pero asegurarse de que las ciudades no están siendo abandonadas a su suerte es un proceso activo y continuo, según Cecil Bedor, vicepresidenta ejecutiva de Greater MSP, una organización sin fines de lucro localizada en el área metropolitana de Minneapolis-Saint Paul y que trabaja en pos del desarrollo económico en la región.


“En última instancia, (el Desarrollo Orientado al Transporte) que garantiza viviendas y opciones para todos solo ocurre a partir de políticas intencionadas y gestionadas por funcionarios electos”, explicó Bedor. “El mercado va a hacer lo que suele hacer… Lo que necesitamos realmente es cerciorarnos de que la responsabilidad recaiga en los funcionarios que elegimos, de manera que ellos garanticen el crecimiento inclusivo”.

Paso 3: Invertir en la gente y “ser ágiles”

Invertir en el futuro de una ciudad requiere una inversión en sus residentes desde temprana edad. Constantine mencionó, por ejemplo, el Best Start for Kids del condado de King, el cual consiste en una multifacética aproximación a la educación de la primera infancia . Este programa provee toda una gama de servicios, desde apoyo prenatal hasta recursos educativos para los adolescentes.


En cuanto a la población adulta, hay que tener especial cuidado en la incorporación a la vida laboral de la mujer, los nuevos inmigrantes y las comunidades de color. Con la licencia familiar pagada y las políticas de igualdad salarial, las mujeres pueden no solo entrar, sino permanecer en el mercado laboral. Por su parte, el desarrollo de habilidades, la formación, y otros programas empresariales enfocados en las comunidades de color (incluyendo los que están disponibles en varios idiomas para los inmigrantes) pueden ayudar a preparar a estos grupos, históricamente preteridos, para el mercado de trabajo.


“Las minorías, las mujeres y los inmigrantes son objeto de invisibilidad, ya sea consciente o inconsciente, la cual viene a menudo acompañada de estereotipos”, sostuvo Rodney Sampson, presidente de Opportunity Hub y líder de las iniciativas de diversidad e inclusión en Tech Square Labs, Atlanta. “Tenemos que extirpar esa forma de pensar”. La organización de Sampson está asociada a escuelas públicas de Atlanta para entrenar “ a la juventud desconectada” en lenguajes de codificación, habilidades de cálculo y nociones financieras. A la vez, les proporciona vivienda, estipendios mensuales, y los conecta con posibles empleadores.


Pero lo que todos los trabajadores requieren para prosperar depende, en última instancia, de su lugar de residencia. Para contribuir a ello, JP Morgan Chase ha venido colaborando con Brookings en la publicación de información que ayude a las ciudades alrededor del mundo a entender qué industrias vienen creciendo y qué empleos están siendo creados gracias a ellas. Y aun si ese panorama cambia vertiginosamente, las ciudades han de ser capaces de mantener el ritmo. “Los sistemas que construimos hace una década ya hoy han quedado obsoletos debido a la tecnología, la globalización, y la automatización”, añadió Bedor a la discusión. “Debemos ser lo bastante astutos y saber que aquello para lo cual nos preparamos hoy puede ser algo que no necesitemos mañana. Así que no se trata de un fenómeno puntual, sino de un proceso que tiende a repetirse”.

Paso 4: Asegurarse de que todos participen

Este último paso pudiera parecer obvio, pero no es aún una práctica lo suficientemente extendida. En muchos casos, la gente para la cual los gobiernos y los planificadores en general construyen las ciudades ha quedado al margen de la conversación. Cambiar esto implica colaborar en todas las plataformas, sectores, agendas e intereses. Porque, en definitiva, compete a todos comprobar que nadie quede abandonado a su suerte.


Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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