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Los residentes pobres de Buenos Aires conviven con uno de los ríos más contaminados del mundo

Una de las icónicas vistas del barrio de La Boca, en la capital argentina, esconde años de problemas medioambientales, los que afectan especialmente a personas de bajos recursos.
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24 Feb 2017 – 4:11 PM EST

Antonio no sabía que se iba a mudar a las orillas de uno de los ríos más contaminados del mundo. Hace casi dos décadas llegó a la Villa 21-24, un asentamiento precario en el sur de Buenos Aires, al lado del Riachuelo. Ahí pudo tener una casa y un espacio para trabajar. Pero vivir al borde de este curso de agua contaminado le trajo consecuencias.

Antonio sufre de diabetes y tiene problemas de vista. Sus nietos, que juegan a su lado en el piso de tierra mientras un camión lleno de basura pasa a su lado, tienen plomo en la sangre. “Acá la gente está toda con plomo”, dice Antonio.

El Riachuelo es fácil de olvidar desde los centros del poder en la ciudad, porque pasa por unas de las zonas más pobres de la capital argentina. Hace casi una década un fallo judicial histórico determinó que vivir a sus orillas tenía efectos nocivos para la salud: altos niveles de cáncer, intoxicaciones por metales pesados y afecciones en la piel y en la respiración son los síntomas más comunes entre sus vecinos. Aún así, la intervención de las autoridades ha tardado en llegar.

A sus 76 años, Antonio no tiene prisa para irse de la zona, porque tiene otras preocupaciones. Toda su vida trabajó reciclando basura, y lo sigue haciendo, incluso ahora que se jubiló.
“Con 4,500 pesos [290 dólares] de jubilación no hacés nada; hoy comés y mañana no”, cuenta. “Estamos en una situación de pobreza. Menos mal que hay comedores, ahí es dónde va mi hija con mis nietos para comer”.

Antonio está esperando a que las autoridades lo reubiquen en un departamento nuevo en una zona más sana, pero al mismo tiempo tiene miedo de que en la nueva vivienda no tenga un galpón para seguir acumulando la basura que recicla. “Estoy preocupado porque nosotros vivimos de esto, no hay otro trabajo”, dice.

Según datos de la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar), en la cuenca viven alrededor de ocho millones de personas, de los cuales al menos un 10% está en asentamientos precarios. Un estudio de 2014 de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) indica que un 25% de los niños menores de 6 años en la Villa 21-24 tienen plomo en la sangre. Este químico tiene graves consecuencias en la salud de los niños, indica el estudio. Afecta en particular al desarrollo del cerebro, causando disminución de la capacidad de concentración y anemia, entre otros perjuicios.

En 2008, un fallo de la Corte Suprema ordenó las autoridades de la nación, la provincia y la Ciudad de Buenos Aires cumplir con el saneamiento del río a raíz de la denominada Causa Mendoza. Si bien ha habido algún avance, más de ocho años después la Corte Suprema argentina se volvió a enfrentar con las autoridades el pasado diciembre. “Ya hay 5,200 millones de dólares invertidos, pero dicen que sólo se cumplió un 20% de la sentencia. ¿Qué se hizo con eso?”, dijo con dureza Ricardo Lorenzetti, titular de la Corte, a las autoridades de la Acumar.

La Corte Suprema ordenó a la Acumar que presente en marzo un calendario a corto, mediano y largo plazo para cada uno de los objetivos de saneamiento que no se han realizado hasta este momento.

La contaminación del río está estrechamente conectada a la historia de la ciudad de Buenos Aires. El Riachuelo ha sido uno de los lugares fundamentales de movimiento de mercadería, porque desde hace 200 años conecta el Río de la Plata con el interior del país. Nace en la provincia de Buenos Aires con el nombre de Matanza, pasa por 14 municipios, delimita el sur de la capital argentina, ya con el nombre de Riachuelo, hasta desembocar en el Río de la Plata en el barrio de la Boca, a pocas cuadras del estadio de Boca Juniors.

Con el desarrollo industrial, el Riachuelo se transformó en un depósito de los desechos de la ciudad entera, desde los restos fecales de los moradores de las zonas, hasta los químicos usados en las fábricas que surgieron en sus márgenes . El olor de sus aguas turbias caracteriza la zona. Es un olor que persigue a los habitantes y a los trabajadores que intentan limpiarlo. En 2013, una ONG estadounidense lo calificó como uno de los ríos más contaminados en el mundo.

La contaminación depende de tres factores: los desechos sólidos, o basura, que es lo más fácil de limpiar de la superficie; los desechos cloacales; y el vertido de químicos de las fábricas que están a lo largo del río. “La contaminación química es muy peligrosa”, dice Javier María García Elorrio, quien está a cargo de la higiene de las cuencas hídricas de la Ciudad de Buenos Aires.

Hay unas 6,000 fábricas a lo largo de los 64 kilómetros del río. Las más contaminantes son las curtiembres, que procesan las famosas pieles argentinas, las industrias metalúrgicas y las refinerías Según los ambientalistas, la mayoría utilizan químicos que desechan ilegalmente en el río. En el agua y en la sangre de los pobladores de la zona se encuentran niveles altos de arsénico, plomo, cromo y mercurio. Estos últimos dos se utilizan para procesar el cuero.

Fueron pobladores como Antonio los que demandaron a las autoridades en 2004 por los daños causados en su salud por la contaminación del río. El fallo de la Corte en 2008 en la causa Mendoza fue considerado histórico por los ambientalistas . Desde entonces un centenar de familias han sido relocalizadas y unas cuantas fábricas han cumplido con los nuevos requisitos ambientales.

Una de las fábricas que las autoridades usan como ejemplo es la planta Sur de la cervecería Quilmes, a metros de la Villa 21-24, donde se embotellan bebidas gaseosas como Pepsi. El lugar donde vuelcan al río el agua tratada está marcado por un cartel, en medio de una plazoleta recién creada.

Octavio Kuhl, gerente de servicios industriales de la planta, cuenta que ahora las autoridades tienen mucha más presencia en la zona: “ Se han cerrado muchas empresas o se han trasladado empresas que en su momento contaminaban. A empresas como las nuestras nos controlan, nos auditan todo el tiempo. Y esto hace que las empresas estén en línea. En el caso nuestro, no hemos tenido ningún problema. Que vengan a hacer inspecciones está bueno porque implica que siempre están mirando que todos los que estamos trabajando alrededor del Riachuelo estamos trabajando de manera correcta”.

Para las asociaciones ambientalistas, los controles no son suficientes y reclaman una legislación más severa. “Hoy el Riachuelo tiene una legislación que les permite a las empresas tirar toda la cantidad de contaminantes que quieran, en tanto los puedan diluir en cantidad de agua, y eso puede ser bueno para un río de alto caudal, pero es muy grave para un río de llanura que tiene muy poca circulación de agua como este”, explica Andrés Napoli, director de la fundación ambientalista FARN. “El Riachuelo es un estanque que no se mueve, entonces uno tiene que trabajar muy fuertemente en cambiar estas normas”.

El lento cambio que ha habido hasta ahora refleja, en parte, el contexto histórico y geográfico de la ciudad. García Elorrio, encargado de la higiene hídrica de la Ciudad de Buenos Aires, dice que es imposible comparar el Riachuelo con otros ríos de ciudad porque tiene muy poco caudal. Pero hay otra diferencia aún más grande: su posición adentro de la ciudad.

“El Támesis pasa en frente del parlamento británico, así que se habrán puesto más las pilas para limpiarlo”, dice el funcionario. “Si el Riachuelo pasara por el Congreso o por la Casa Rosada, quizás las cosas hubieran sido diferentes”. Mientras tanto, gente como Antonio padece las consecuencias y siguen esperando a que las autoridades cumplan con el fallo.


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